El lunes se presentó, en el paraninfo de la Universidad de la República, la propuesta del PIT-CNT de recaudar fondos entre el 1% de la población más rica del país para contribuir a la disminución de la pobreza infantil. La iniciativa fue lanzada el 1º de mayo y convivió con las largas negociaciones interpartidarias en torno a la Ley de Presupuesto. Que se la formalice ahora, cuando esos intercambios están prácticamente finalizados, y que se lo haga con amplio respaldo académico y técnico, indica la voluntad seria de convertirla en un tema de discusión en los próximos tiempos.

En el mismo sentido apuntan las declaraciones, en algunos casos matizadas y en otros, legibles entre líneas, de integrantes del Poder Ejecutivo que, aunque no se pronuncian a favor de la propuesta, sí se han mostrado abiertos a la consideración de sus fundamentos. La iniciativa de la central sindical admite márgenes para su implementación, y si sus impulsores enfatizan esa flexibilidad, tal vez se abra la oportunidad de una deliberación abierta.

El debate incipiente presenta algunas diferencias con lo ocurrido durante la presidencia de José Mujica, cuando llegó a hablarse de “dos equipos económicos” que chocaban sobre el alcance y la velocidad de los cambios que debía aplicar el gobierno, pero también posibles semejanzas.

Entonces, las posiciones estaban claramente alineadas con corrientes internas del Frente Amplio, mientras que hoy esas divisiones no son tan tajantes. En parte, porque las cabezas del actual equipo económico no responden directamente a un sector político, pero también porque la diversidad de opiniones parece atravesar incluso a la fuerza mayoritaria de la izquierda, el MPP, de acuerdo a las señales de su numerosa bancada parlamentaria.

En aquel momento, las diferencias llevaron a evaluar los logros de los gobiernos frenteamplistas y a recalibrar sus posibilidades de transformación, pero también instalaron la idea de que había un “gobierno en disputa”. Quizás esto haya ensombrecido un hecho relevante en cuanto a construcción de sentido común: se había logrado instalar ambos polos de la discusión dentro del campo de la izquierda.

Si en los próximos años el debate en torno a la iniciativa del PIT-CNT logra trascender la discusión entre frenteamplistas, no sólo se estará conversando sobre la conveniencia de unir una política de Estado (la eliminación de la pobreza infantil) con una modificación impositiva, sino que se estará invitando a toda la sociedad a pensar en términos de justicia redistributiva. Será un camino de oportunidades para un gobierno que, en un contexto económico global incierto, deberá atender a los equilibrios fiscales y a la vez tendrá que apelar a los mandatos históricos que cohesionan a la fuerza política que lo sostiene. Y también será un aporte para la izquierda de la región, que necesita pensar en acciones complementarias a la de simplemente resistir a los avances conservadores.