Daiana García, Eloísa Ibarzabal, Fiorella Ciapessoni, Gerardo Sarachu, Gonzalo Bustillo, Leticia Moreno, Manuel Cabrera, Marcelo Rossal, Natalia Montealegre Alegría, Noelia Correa García, Romina Piñeyro, Santiago Zorrilla, Sebastián Aguiar, Soledad Camejo y Tacuabé González son integrantes del Núcleo Interdisciplinario “Trayectorias en situación de calle. Un fenómeno multidimensional”, Universidad de la República.
El gobierno acaba de presentar la primera Estrategia Nacional para el Abordaje Integral de la Situación de Calle. Se titula, justamente, “La calle no es lugar para vivir”. Esa frase no parece casual: es una consigna histórica del colectivo de personas sin hogar Ni Todo Está Perdido (Nitep), tomada de otras organizaciones latinoamericanas de gente de calle. Y el documento cita expresamente a Nitep, destacando su proyecto de vivienda colectiva “Llegar a casa” como un ejemplo.
Escribimos desde un equipo universitario que investiga junto a Nitep y a personas en situación de calle. No partimos de la descalificación. Sería injusto y contraproducente. Esta estrategia es, en el papel, la más completa que ha tenido Uruguay. Hay cosas para celebrar de verdad. Hay cosas que todavía nos preocupan. Y hay algunos desacuerdos de fondo que queremos plantear para el diálogo constructivo.
Este es un buen punto de partida. No es la llegada. Interesa contribuir a mejorar el proceso, porque el único fracaso sería que esta estrategia quede solamente en el papel.
Lo que celebramos
Por primera vez en la historia nacional, un presidente presenta un plan sobre situación de calle, y no lo hace desde la emergencia climática, sino desde una estrategia con horizonte quinquenal. Eso jerarquiza el tema como nunca antes.
El enfoque interinstitucional está adecuadamente planteado: Vivienda, Salud, Interior, y también el Instituto del Niño y Adolescente del Uruguay (INAU), la Administración de los Servicios de Salud del Estado (ASSE), el Banco de Previsión Social (BPS), ANEP, intendencias. Todos integraron el proceso participativo que convocó a 2.000 personas en 40 encuentros a lo largo del país, incluyendo a personas en situación de calle, organizaciones sociales y a la Universidad de la República. Tal vez habría sido deseable que, además del Ministerio de Desarrollo Social (Mides), otros organismos hubieran estado presentes con la misma jerarquía en la conferencia de presentación pública de la Estrategia Nacional; pensamos en el Ministerio de Vivienda, por ejemplo.
El documento asume conceptos que venimos planteando hace años: la necesidad de ubicar a la vivienda en el problema, salir del modelo de emergencia centrado en refugios y articular vivienda junto a salud y trabajo. Critica explícitamente el “modelo de escalera” (el que ha cronificado a algunas personas en instituciones durante 20 años) y propone en su lugar un “modelo de las tres V”: vínculo, vivienda, vida. Resuena la trenza de Nitep: que entiende como elementos ineludibles para salir de la situación de calle atender en forma indisoluble vivienda, trabajo y atención en salud.
Además, hay acciones concretas: desestacionalizar la atención en todo el país, diversificar las estrategias de primera atención con duplas itinerantes y centros de contención, reconvertir plazas transitorias en soluciones habitacionales, con la meta de superar las 3.000 viviendas para 2028.
Dicho esto, hay aspectos que nos preocupan en los que la estrategia debería mejorar si no se quieren repetir errores del pasado:
El enfoque de género sigue siendo demasiado débil. Hay acciones para embarazadas y mujeres con hijos, pero no hay un enfoque de género transversal que aborde las trayectorias específicas de las mujeres y disidencias en situación de calle: violencias, maternidades en contextos extremos, redes de cuidado rotas. Son aspectos centrales para sostener la vida, como lo sabemos a partir de toda la evidencia científica disponible.
INAU aparece, pero falta profundidad. Se menciona la prevención de egresos institucionales, pero no hay un desarrollo claro de cómo se va a articular para evitar que jóvenes que egresan del sistema de protección vayan directamente a la calle.
Las comunidades terapéuticas aparecen sin evaluación crítica. El documento las incluye como parte de la oferta para consumo problemático. Pero no se mencionan las expulsiones, la falta de supervisión, la falta de profesionales a cargo. No pedimos que desaparezcan, ni mucho menos. Pedimos evaluación, contraloría y transparencia.
El “cómo” aún es frágil. Hay metas (3.000 viviendas, 2.000 puestos de trabajo), pero los mecanismos de coordinación interinstitucional recién se están definiendo y no se explicitan los criterios salariales para garantizar un ingreso digno. La estrategia será tan buena como su implementación. Y ahí la historia reciente de nuestras políticas públicas no juega a favor.
Esta estrategia es, en el papel, la más completa que ha tenido Uruguay. Hay cosas para celebrar de verdad. Hay cosas que todavía nos preocupan.
Un desacuerdo de fondo: el housing first
El documento descarta el enfoque vivienda primero (housing first) argumentando que ha funcionado en Estados de bienestar consolidados con alta disponibilidad de vivienda social, y que una extrapolación mecánica sería inadecuada para Uruguay.
No compartimos ese diagnóstico. El housing first no es un modelo único ni una receta importada. Es un principio: el acceso inmediato a la vivienda es la base para estabilizar las demás dimensiones de la vida, para poder trabajar. Eso no depende de ser un país próspero. Depende de una decisión política.
El propio documento dice que “desviviendalizar” fue un error histórico. Entonces, ¿por qué no poner la vivienda efectivamente primero? El modelo de las tres V es sugerente, pero si el vínculo se pone por delante de la vivienda, corremos el riesgo de seguir teniendo personas acompañadas... en la calle.
No pedimos adoptar ningún modelo de forma acrítica. Pedimos que no se cierre una puerta que, en decenas de países y ciudades, ha demostrado reducir la situación de calle de manera sostenida. Este debate tendrá que darse, y desde la Universidad estamos dispuestos a aportar la investigación, los argumentos y las evidencias necesarias.
Acompañar críticamente
El aumento sostenido de personas en la calle es uno de los grandes fracasos sociopolíticos que tiene Uruguay. No por falta de diagnósticos, ni por ausencia de voluntades. Porque durante décadas se priorizó la emergencia sobre la estructura, el refugio sobre la vivienda, la contención sobre el derecho.
Por primera vez, tenemos una estrategia nacional que nombra el problema con honestidad, que cita a los colectivos, que asume las críticas históricas. Eso no es poco. Pero tampoco es suficiente.
Desde nuestro lugar como equipo universitario, vamos a seguir acompañando este proceso. Crítica, generosa y firmemente. Con la exigencia de que las palabras se conviertan en viviendas, las metas en realidades y las promesas en derechos.