Andrés Ojeda tiene 38 años. Cuando terminaba la escuela le dijeron que podía ser político y abogado porque “movía mucho las manos” mientras hablaba. No viene de una casa politizada; sus padres, según recuerda, votaron alguna vez al Nuevo Espacio y quizás en otra ocasión a Jorge Batlle. Su abuelo paterno, un militar amigo de Liber Seregni que pidió la baja del Ejército en junio de 1973, sí tenía una identificación más clara con el Frente Amplio (FA). Ojeda entró a la Facultad de Derecho de la Universidad de la República en 2002 y empezó a militar en el Foro Universitario. Allí conoció, entre otros, al diputado Felipe Schipani y al presidente del Codicen, Robert Silva, unos años mayor que ellos. En aquellos años en la Corriente Gremial Universitaria (CGU) estaban Martín Lema y Nicolás Martinelli, y en el Frente Estudiantil Zelmar Michelini (Frezelmi) uno de los referentes era Daniel González, actual prosecretario de la Intendencia de Montevideo.

“Me hice colorado en la militancia universitaria, antes de eso, políticamente no era nada”, afirma el dirigente de Ciudadanos.

¿En qué momento decidís entrar al Partido Colorado (PC)?

El momento de quiebre fue un acto de [Julio María] Sanguinetti en un local del Foro Batllista. Estamos hablando de 2002, mirá qué año para el PC. En el local no había más de 20 personas. Pero salí deslumbrado de escucharlo, me ayudó a ver que tenía una avidez por la actividad política. Vamos a entendernos: si uno quería hacer política en aquel momento había un montón de lugares más cómodos o con más perspectiva para alguien joven. Claramente, no me acerqué al PC porque imaginara que me iba a servir. Me acerqué porque era el que mejor sintetizaba mis convicciones. Tanto no le erré, porque 20 años después sigo en la vuelta.

¿Qué aspecto de Sanguinetti te impactó?

Sanguinetti tiene una capacidad enorme para sintetizar ideas y con eso logra una identificación muy fuerte en la gente; logra llegar a gente muy distinta, fijate que yo tenía 18, 19 años. En aquel momento, Sanguinetti estaba mucho más presente en la actividad política dura. Era una figura absolutamente gravitante, su presidencia todavía estaba muy fresca en la memoria. Ojo, también ahora está muy metido, pero en el medio pasó de todo, incluso otros liderazgos muy fuertes.

¿Cuál fue tu primera actividad política concreta?

Militancia normal, reparto de listas en la rambla en la campaña de 2004. Era duro repartir listas coloradas en esa elección después de todo lo que había pasado. La gente se la agarraba con el cristiano que tenía la lista. Siempre lo decimos, es difícil algo más colorado que sumarse al PC a partir de 2004. Nosotros nunca vimos una victoria. Los que venían del gobierno de [Jorge] Battlle o de otro anterior capaz que tenían hasta el deber moral de aguantar la bandera. Nosotros la elegimos sin ninguna mochila, y nunca vimos una vaca gorda. Ni rellenita ni con media carne pegada al hueso, nada.

Cuando decís “nosotros”, ¿a quién te referís?

A una generación, a los que somos sub 40 y arrancamos a militar en esa época. Quizás no seamos tantos, pero algunos hay. Pienso en los que trabajamos por la elección de jóvenes en 2007, en esa generación.

¿Cómo se daba la integración de los jóvenes a la vida partidaria? El PC tiene mucha historia, ¿tenías que demostrar que la conocías?

Tampoco tanto. Es cierto que somos un partido muy apegado a su historia. Puede ser que cuando te va mal en política enseguida te ponés nostálgico y empezás a repasar las glorias de tu pasado. Empezás a repasar y en el medio conocés un montón de cosas. Es como nos pasa con Maracaná o con las Libertadores del 87 y el 88. Uno se amiga con eso y arranca a leer cosas, puede ser, sí.

¿Qué otros referentes encontraste en el PC con los años?

Muchos, de todo tipo. Hice muchos amigos, porque cuando te toca pasar por momentos de malarias las relaciones se hacen más sólidas. En cualquier casa, cuando no hay un mango, hay dos opciones: se pelean todos o se aferran juntos a la idea de que algún día el mal momento va a ser sólo un recuerdo. Eso no depende de la afinidad generacional, en el PC hemos tenido aguantando el mostrador a gente de todas las edades. Pienso en Tabaré Viera, Germán Coutinho. Siempre estuvieron ahí, aguantando el palo de la carpa. Quizás no han sido lo suficientemente reconocidos y no es justo. O el propio Pedro Bordaberry, que se puso al hombro una campaña que todo el mundo le decía que no hiciera, porque el PC había votado 10% a nivel nacional y 8% en Montevideo. Pero en 2005 se jugó un pleno y salió (sacó 26% de los votos). Le fue muy bien pero le podría haber ido muy mal. También hizo esfuerzos posteriores, dejó una vida privada de mucha comodidad para hacer un esfuerzo político altruista. Creo que tampoco se lo ha reconocido lo suficiente. Y después, ni qué hablar, otra referencia es Ernesto Talvi, con quien sólo tengo palabras de agradecimiento. Y que le moleste a quien le moleste.

Nombraste a Bordaberry y a Talvi, dos personas que podrían estar perfectamente en un rol de liderazgo en el PC. ¿Cómo se explica que no estén?

Hace unos días hablaba con un argentino y le trataba de explicar estas situaciones. Claro, es difícil porque no son cosas normales en la actividad política. Lo de Ernesto, en particular, quizás rompe más los ojos. No es normal que alguien abandone la política en la cresta de la ola, en su mejor momento de popularidad. No podés explicarlo, lo único que podés hacer apenas es enumerar los hechos. Pasó esto, esto y esto, y ahora estamos donde estamos. Y llega un punto en el que tenés dos opciones: llorar sobre leche derramada o ver de verdad qué hacemos. Yo siempre he sido bastante más pragmático, hay que mirar para adelante. Lo que no podemos cambiar, no lo podemos cambiar.

¿Pero no sería interesante tener alguna explicación?

No, salvo que me aporte algo para adelante. No tiene sentido buscarle la quinta pata al gato; no aporta al enorme desafío que tenemos por delante. Después del cráter que nos quedó en 2017 con la salida de Pedro, uno pensaría que dos meteoritos seguidos no te iban a caer. Pero bueno, cayó un meteorito todavía más grande y acá estamos. Hay una situación de orfandad que nadie niega. Pero hay que enfrentarla, no hay mucha vuelta.

El 11 de junio, en una entrevista con El País, decías que el FA “sangra por el centro”. ¿La disputa por ese electorado es una cuestión exclusiva del PC o de toda la coalición?

La coalición de gobierno es amplia. Tiene de todo y está bien que lo tenga. Uno de los grandes activos que tiene es su capacidad de convivir en las diferencias. Lo que no puede pasar es que la coalición no dé opciones, sobre todo pensando en espacios importantes que terminan definiendo elecciones, como el centro. Es el espacio más ingrato y complicado, más volátil, pero también el más importante. Ernesto Talvi logró demostrar muchas cosas y una de ellas es que, efectivamente, el FA sangra por el centro. Unos años atrás preguntabas en el PC si podíamos reconectar con ese electorado y te decían que no. Ernesto demostró que sí se podía, o sea que hay una demostración empírica. Ese electorado de centro toma decisiones pensadas y menos fanatizadas en cada elección. Creo que es algo muy bueno, porque nos obliga a competir sanamente y con mayor profundidad por ese voto.

A Talvi también se lo asocia con el votante juvenil. ¿Cuál es la explicación?

Ernesto conectó con miles de votantes jóvenes, es lo que marcan los sondeos. Mi impresión es que tuvo que ver con que él tenía una visión muy romántica de todo esto. A mí, en lo particular, me enganchó eso y creo que le pasó a más gente. Más allá de que uno quiera ser pragmático y útil, en política también hay que soñar un poco, si no estás en el rubro equivocado.

¿Ese encantamiento no llevó a una desilusión mayor por la decisión que tomó?

No, creo que cada uno puede tomar lo mejor de esa experiencia con Ernesto. Los aprendizajes quedan, de los golpes también se aprende.

No hay dolores, entonces.

Seguramente, mucha gente tenga dolor, yo no lo tengo, y menos en lo personal. Lo aprecio, lo quiero y en cada oportunidad que tengo le expreso mi agradecimiento.

¿Hablás seguido con él?

Dos por tres hablo, por Whatsapp. Pero cero de política. Las charlas son de temas familiares, cuestiones más humanas.

Andrés Ojeda.

Andrés Ojeda.

Foto: Ernesto Ryan

En la presentación del libro de Daniel Supervielle (La libertad responsable) compartieron mesa con Fernanda Sfeir (Partido Nacional, PN) y Marcos Methol (Cabildo Abierto, CA). ¿Hay una generación que está intentando construir una identidad común en torno a la coalición de gobierno?

No tengo ninguna duda de que existe una generación de la coalición. Los tiempos cambiaron y sería malo que no veamos eso. Justamente, hablando del libro de Supervielle, estoy convencido de que esa libertad responsable es el primer acto de identidad neta de la coalición como tal. Todas las ideologías, matices, diferencias se diluyen ante ese concepto. Todos los que integran la coalición se ven representados por ese concepto, que claramente dividió las aguas y mostró los dos grandes bloques que hoy tenemos en el país. Hoy nuestra mayor prioridad tiene que ser el “barco” de la coalición porque necesitamos que el proyecto continúe. Ese barco es lo primero que tenemos que cuidar. No valen los perfilismos, las individualidades y las necesidades electorales de cada partido. Primero, el proyecto coalición de gobierno. Esto no es algo unánime, lo tengo claro.

¿Cuánta cohesión tiene hoy la coalición, pensando en 2024?

Mi impresión es que en 2019 llegamos todos separados y nos juntamos para el final, y en 2024 vamos a llegar con perfiles pero con un proyecto común ya consolidado y que queremos mantener. Me parece un cambio importante. No creo que vayamos a tener campañas completamente separadas, me imagino estrategias más conversadas, con una convivencia más amable y amigable entre los socios. No tiene que importarnos qué partido tenga un legislador más o menos. Yo, si me dicen que perdemos dos legisladores pero la coalición continúa, no podría ser tan mezquino de querer otra cosa.

El PN lidera la coalición y CA marca perfil en muchos temas. ¿Qué pasa con el PC, en qué temas marca perfil? ¿Puede disputar ese centro con el FA y al mismo tiempo evitar la fuga de votos hacia CA?

Hay una creencia instalada de que marcar perfil es marcar discrepancias públicas con el gobierno. En tu pregunta partís de la premisa que CA marca perfil. ¿Qué perfil marca? Lo que vemos es que plantean de manera pública sus discrepancias con el gobierno. Yo prefiero priorizar el barco de la coalición de gobierno. Si vamos a discrepar, que lo procese el gobierno internamente, y no como un perfilismo constante.

¿CA no cuida el barco?

No los critico, son perfiles y maneras. No digo que esté mal, pero no es la forma que elegiría para hacerlo. Tienen todo el derecho y han cumplido a rajatabla los 13 puntos del Compromiso por el País, no se puede criticar a CA por eso. Pero marcar constantemente discrepancias no es el estilo que elegiría. Quizás sea por un tema generacional, pero al menos yo lo siento así: hoy mi principal referente de la política nacional es Luis Lacalle Pou. Eso lo digo sin tapujos. Es el principal referente porque ha logrado llegarle a mucha gente, más allá de lo partidario y lo generacional. Ha logrado liderar esto de manera inteligente, para que todos nos veamos reflejados en esta gestión.

Esa idea sobre Lacalle Pou seguramente no la compartan muchas colorados.

Una cosa es que mañana compitamos electoralmente y otra cosa es que uno le reconozca el liderazgo a la persona que hoy lidera la coalición. A mí me genera este sentimiento por el grado de pragmatismo que ha logrado. Se desprendió de los dogmas y los corsés, y cuando tuvo que tomar decisiones, las tomó. Cuando se reclamaba cuarentena general obligatoria, aguantó. Hoy con el diario del lunes está todo bárbaro, pero recordemos lo que era aguantar eso, cuando arrancó la pandemia, y después con la segunda estocada, con 70, 80 muertos por día. Yo estoy convencido de que la mejor propuesta siempre es la nuestra y por algo estoy donde estoy, pero no puedo dejar de reconocer que Luis Lacalle Pou se ha convertido en el referente máximo de esta coalición.

¿Ese razonamiento no refleja también que el PC hoy no tiene líderes?

Todos los partidos tenemos un lío de líderes. Podés hacer la radiografía, partido por partido, y no hay ninguno que se coma la cancha. No hay otro Luis Lacalle Pou en ningún lado. Ni siquiera en el FA, que tiene dos liderazgos consolidados [Carolina Cosse y Yamandú Orsi], pero no tiene un Tabaré Vázquez o un José Mujica. Es más, creo que si Mujica aparece en escena les gana a los dos caminando. En el PN está claro el liderazgo de Álvaro Delgado, lo marcan todos los sondeos y se ha ganado ese lugar. Pero evidentemente el PN está procesando el tema, lo que muestra que hoy estamos todos en la búsqueda de liderazgos. No tenemos mesías de ningún tipo, nadie los tiene. El PC está visiblemente más complicado porque llega con ausencias no esperadas y eso lo obliga a reinventarse.

El PC tiene que volver al futuro, como la película. Tiene que dejar de vivir de la nostalgia y tiene que volver a mirar para adelante. Tiene que proyectarse a diez, 15 o 20 años. Tiene gente, tiene vocación de gobierno, está en su ADN. Cuando el PC empezó a tomar espacios de gobierno, apareció ese ADN, y tenemos compañeros muy valiosos, 100% compenetrados con la gestión. Es nuestra formación, es cómo vive la política el PC. No en vano Wilson decía que el PC era el gobierno, porque siempre se entendió la política desde la gestión.

En la encuesta de Opción de mayo, el PC tiene 12% de apoyo con Bordaberry, pero baja a 7% cuando no está. ¿Qué opinás de esos números?

No me llaman para nada la atención. Las encuestas hechas por partidos políticos siempre son muy lejanas a la realidad. No porque estén mal medidas ‒ Opción labura bárbaro ‒, sino porque la gente ya no elige un partido político de forma ciega. Si en esa encuesta pongo tres nombres en lugar de los partidos, cambia toda la encuesta. La encuesta real es con nombres, porque mucha gente decide a partir de eso.

Cuando Talvi apareció, el PC marcaba 4%, y después terminó marcando 22% con Lacalle Pou marcando 25% y un margen de error de tres puntos. Era un empate técnico, a un mes de la elección. Evidentemente, los nombres de los candidatos pesan. Ojo, que el partido marque poco preocupa y apremia, pero para que nos pongamos a laburar. Lo que digo es que esos números no necesariamente nos condicionan a votar mal en octubre de 2024. Hoy Uruguay está dividido en dos grandes bloques, es así. La gente se identifica con esos dos bloques, y ahí sí puede haber decisiones inamovibles. Pero dentro de la coalición y de la oposición, a esta altura, las fronteras son como las de la Unión Europea, se pasa sin pasaporte. Después las decisiones se toman a partir de los candidatos. El cruce duro es pasarse de un bloque a otro, ahí sí hace falta pasaporte, es una decisión más de fondo. Esta discusión tiene más que ver con el electorado de centro del que hablábamos.

¿Bordaberry no corre?

No estoy convencido de eso. No sabemos qué va a hacer Pedro Bordaberry. Es una decisión suya.

¿Ayudaría una definición más contundente?

Bueno, obviamente sería bueno que Pedro ya diga hoy qué quiere hacer. Pero tiene todo el derecho del mundo de no hacerlo, o de hacerlo cuando le parezca mejor. Él se ha ganado ese derecho como nadie, ha dejado su vida en esto en dos oportunidades y es un clase A de la política. Que decida cuando quiera decidir, lo comunicará y veremos cómo sigue esto.

Antes de la difusión de la encuesta de Opción hablaste de “ponerte el overol”, y en ese sondeo aparece tu nombre con una preferencia de 24%. ¿Vas a competir?

Hablé del overol porque hay que ponerse a laburar. En los partidos políticos tiende a haber mucho cacique y poco indio. Alguien tiene que meterle horas a la actividad política dura y estoy dispuesto a hacerlo. No tengo cargo de gobierno, ni en el partido ni en el sector. Soy un simpatizante afiliado. Desde ese lugar mi aporte será el que pueda ser. Falta un montón para las definiciones, hay que ir de a poco. Este año voy a recorrer todo el país dando una mano en la elección de jóvenes. Creo que ese es el trabajo más importante que se puede hacer este año. Yo siento una responsabilidad con el partido, autogenerada y autoimpuesta. Sé que voy a estar y que de alguna forma voy a ayudar. Cómo, cuándo y dónde, ya veremos. Seguramente, termine estando donde sea más útil para arrimar y ayudar al PC. Pero primero se labura y después vemos a dónde nos lleva. No puede ser al revés.