Daniel Martínez es socialista desde hace 46 años, pero su filiación a la lista 90 es algo que está claro para “la gente más politizada” y no tanto para el resto del electorado, afirma el secretario general del Partido Socialista (PS), Gonzalo Civila. Para los socialistas, esa pertenencia del candidato es “algo muy fuerte, que nos compromete todavía más”, aunque el objetivo mayor sigue siendo “aportar para el triunfo” del Frente Amplio (FA). Civila ratificó las críticas a la ley de urgencia que impulsaría Luis Lacalle Pou, de la que se conocen apenas algunos “titulares que preocupan”, una estrategia “muy parecida” a la que aplicó Mauricio Macri para ganar en Argentina: “hablar muy poco de política durante toda la campaña, decir generalidades”. Polemizó con las propuestas de Pablo Bartol (“no creo que la esperanza sea desmaterializar la pobreza”) y fue crítico con el resto del arco opositor, en particular con Guido Manini Ríos, cuya candidatura representa “la expresión corporativa del sector militar”.

El PS salió a cuestionar con fuerza la ley de urgencia que propone el candidato nacionalista Luis Lacalle Pou. ¿Cuáles son los aspectos que más les preocupan?

Resulta muy curioso que el candidato del Partido Nacional [PN] diga que va a enviar un proyecto de ley de urgente consideración al Parlamento y que no podamos conocer sus contenidos. Llegó a decir que ese proyecto iba a contener entre 300 y 500 artículos y parece muy extraño que sepa cuántos artículos va a tener si su contenido no existe o no se conoce. Es una ley que tiene un trámite distinto, un trámite express, que si en un plazo reducido de tiempo no es modificada por el Parlamento, queda aprobada de hecho. Si vas a apelar a un mecanismo de esas características y hasta sabés cuántos artículos va a tener ese proyecto, es razonable que la ciudadanía lo conozca. La primera preocupación es esa y después las preocupaciones tienen que ver con los contenidos que pueden tener el proyecto. Hay algunos titulares que plantearon Lacalle Pou y su equipo. Se mencionan temas como la negociación colectiva, se dice que no se va a discontinuar la convocatoria de los Consejos de Salarios, pero se podría convertir en un acto para validar el ajuste, la caída del salario y el deterioro de los derechos de trabajadores. Hay otros temas, como el gatillo fácil, la legítima defensa policial, cuando en realidad eso ya está reglamentado y lo que se busca es que la policía pueda actuar sin restricciones y eso obviamente pone en cuestión las garantías y los derechos de los ciudadanos. Se habla de la supresión de la participación de los docentes en la Administración Nacional de Educación Pública y de la desmonopolización de los combustibles. Tenemos titulares, titulares que nos preocupan. Además, no entendemos que el país tenga una urgencia real, que exista urgencias fácticas de tal magnitud como para un proyecto de esas características, puede haberlas en algunos campos específicos, que no son precisamente los que están referidos en los titulares de la ley.

¿Como cuáles?

Si proponen enviar una ley de urgente consideración para abordar el problema de la precariedad habitacional en sectores donde todavía tenemos dificultades de vivienda, lo podemos discutir, porque ahí hay urgencias reales de la gente, urgencias que nosotros hemos venido abordando durante todos estos años, pero que todavía tienen pendientes. Lo mismo respecto de la discusión del empleo, por ejemplo. Habría que verlo específicamente y conociendo los contenidos, pero los contenidos no se revelan, y además tenemos el antecedente de otras campañas en la región. Sin ir más lejos, Mauricio Macri ganó en Argentina con una estrategia muy parecida: hablar muy poco de política durante toda la campaña, decir generalidades, mantenerse en la consigna de que todo lo que estaba bien lo iba a dejar y todo lo que estaba mal lo iba a cambiar. Después de cuatro años todo lo que estaba bien lo destruyó y todo lo que estaba mal empeoró diez veces más por lo menos. Además, empezó su gobierno con decretos de necesidad y urgencia y termina su gobierno decretando una emergencia alimentaria, que es una emergencia real, no es una ideológica, como las que asignaron las primeras etapas de gobiernos de Macri, donde se quería aplicar un programa liberal, retirando al Estado de algunos sectores, desregulando algunos ámbitos de la economía y de la sociedad, y en definitiva ajustando a los trabajadores.

En el almuerzo de ADM, Luis Lacalle Pou planteó que el FA se quedó solo. Con una oposición formando una coalición, ¿crees que al FA le faltó tender puentes con otros partidos?

La coalición de gobierno, según sus declaraciones, parece estar constituida; sin embargo, no le comunica a la ciudadanía cuáles son los contenidos de ese posible acuerdo. Hay muchos puntos en común entre los partidos que hoy pretenden disputarle el gobierno al FA. A mí lo que me da eso es un Frankenstein, que claramente tiene un rasgo liberal en lo económico, excluyente en lo social, conservador en lo cultural y además represivo y autoritario, que es lo que se expresa de forma más clara en el rostro de Manini y Cabildo Abierto. Yo no sé cuán solo o acompañado está Lacalle Pou, sí sé que la gobernabilidad tiene muchos componentes. Hay un componente que es el social y en ese nivel el FA tiene un diálogo y una capacidad de tender puentes con actores del movimiento social y con las grandes mayorías que Lacalle Pou no ha mostrado. Obviamente que las mayorías parlamentarias están en discusión, porque estamos en pleno proceso electoral, pero esas mayorías no son un hecho mecánico. Un partido político puede contar con mayorías parlamentarias propias para gobernar. El FA las tuvo, también hubo un momento que dejó de tenerlas y logró construir incluso mayorías más grandes con otros partidos políticos. El PN nos dice que va a construir una mayoría parlamentaria, pero las encuestas muestran que tiene 25% de los votos, o sea, realmente tiene que construir una plataforma de estabilidad política y de gobernabilidad que hoy no existe, que es un salto al vacío. Por el contenido de lo que pueden ser los acuerdos entre estos sectores y por la dificultad de mantener una estabilidad en una coalición de ese tipo durante cinco años, creo que genera más incertidumbres que certezas, entonces justamente el tema de la gobernabilidad no creo que sea el fuerte de esa propuesta.

En un acto en Casavalle, Pablo Bartol dijo que en el programa del PN se pone el foco en la esperanza como “motor” de salida de situaciones de pobreza. ¿Qué te parece este enfoque sobre la esperanza?

Creo que la esperanza es siempre importante y que las sociedades tienen que construir sentidos de la vida que aporten esperanza y una perspectiva de futuro, pero no creo en la lógica del manual de autoayuda. No creo que la esperanza sea decretarse uno mismo que le va a ir bien y no creo que la esperanza sea desmaterializar la pobreza; la pobreza y la desigualdad tienen un fuerte componente material y estructural, que tiene que ser abordado, y obviamente que también hay componentes que tienen que ver con las miradas ideológicas y culturales de la sociedad, que son parte del problema y que su transformación tiene que ser parte de la solución, pero no con discursos vacíos que solamente terminan apelando a la meritocracia y a la salida individual de las situaciones. Si lo que vamos a decirles a los ciudadanos y ciudadanas uruguayas que todavía viven en situaciones de pobreza –que por suerte son muchos menos de los que eran, pero todavía existen– es que cada uno haga su esfuerzo para salir y construir su esperanza personal, para eso no necesitamos un gobierno. El gobierno lo que tiene que hacer es construir condiciones para que las personas puedan trazarse un plan de vida que obviamente les permita tener esperanza en el futuro, pero además para que en el futuro la sociedad pueda distribuir de una manera igualitaria las esperanzas de la gente.

Mónica Xavier, Gonzalo Civila y Santiago Soto, durante el anuncio del resultado de las elecciones internas (archivo, marzo de 2019).
Mónica Xavier, Gonzalo Civila y Santiago Soto, durante el anuncio del resultado de las elecciones internas (archivo, marzo de 2019).

¿No tiene más un componente cristiano que de autoayuda?

Así planteado, no. Así planteado tiene un componente new age, un componente de concebir la esperanza como un autodecreto. La esperanza, como la concibo, en un sentido socialista y también cristiano, tiene que ver con la construcción de la justicia y con la construcción de posibilidades reales de trazar un plan de vida en colectivo, en conjunto, con una sociedad que sea cada vez más igualitaria y permita pensar otro futuro. A mí me parece que la invocación más fuerte a la esperanza es la de construir el cambio social, el más profundo, el más estructural, que nos lleve a vivir en un sistema absolutamente distinto al que vivimos hoy. Creo que la sociedad capitalista es una sociedad que condena a enormes masas de seres humanos a vivir sin esperanza. La esperanza no es la espera pasiva, no es un ejercicio de meditación individual y en solitario, la esperanza es una construcción social. Obviamente, el FA siempre ha hecho eje en esto como un contenido central de su proyecto. La primera consigna del FA, cuando nació en el año 1971, era “Ha nacido una esperanza”. Recurrir al concepto de esperanza para vaciar de contenido político la discusión de la pobreza me parece equivocado.

A una semana de las elecciones, ¿sentís que el PS logró capitalizar que el candidato del FA es de sus filas?

Daniel [Martínez] tiene 46 años afiliado al PS y tiene una identidad muy fuerte con el partido. Empezó a militar en la clandestinidad luchando por el restablecimiento de la democracia y toda su vida política y de militante social estuvo ligada al PS, así que esa pertenencia es muy fuerte. No es una pertenencia de ocasión, tiene una vida dentro del partido. Para nosotros que un compañero del partido sea candidato a la Presidencia es algo muy fuerte, muy importante, que nos compromete todavía más, pero sabemos que tenemos que compartir a Daniel con el conjunto del FA y del país. Entonces nuestro objetivo principal es aportar para el triunfo del FA. Está claro que la asociación con Daniel es bastante obvia y natural, y a nosotros nos gusta mostrarla porque nos parece que es una fortaleza que un candidato cuente con un partido histórico como el PS, pero no estamos midiendo cuánto de eso redunda en un resultado electoral para nosotros.

¿Sentís que se hace fácilmente la asociación entre el candidato y el PS?

La gente más politizada sí asocia a Daniel con la lista 90, la gente menos politizada no tanto, porque la gran identidad que existe en el país asociada con la izquierda es el FA, entonces se lo ve como una figura frenteamplista, porque además él ha tenido la capacidad de construir equipos desde los lugares donde estuvo, particularmente en la Intendencia de Montevideo, en lugares muy diversos y plurales, y hoy se está expresando como un candidato muy frenteamplista.

Una de las novedades de estas elecciones es la aparición de Guido Manini Ríos en el escenario electoral. ¿Tenés alguna hipótesis de cómo logró crecer tanto en tan poco tiempo?

Hay una base corporativa que tiene que ver con el sector militar y con un vínculo muy particular que es el vínculo vertical. Eso nos preocupa, porque el problema acá no es que un general sea candidato a la Presidencia. Nosotros tuvimos a un ex general como candidato a la Presidencia durante muchos años, el problema es cuando se convierte una expresión democrática en una mera expresión corporativa de un sector. Eso es un problema para la democracia y hay que discutirlo a futuro. Además, hay una llegada con un discurso nacionalista y con rasgos populistas que puede estar convocando a algunos sectores.

Has planteado que el FA tiene que tender a fortalecer sus corrientes, pero el oficialismo viene en un proceso importante de fragmentación. ¿A qué crees que se debe?

Hay que tender a construir espacios donde podamos convivir, acercarnos en las ideas y allí ir a la discusión mayor en el FA, velando por una unidad política que esté sustentada en identidades ideológicas y en miradas sobre el proceso del país. La erosión de algunos espacios políticos, la reconfiguración del mapa político del FA, con mucha fragmentación como estamos viendo hoy no nos parece lo más positivo y por eso nosotros estamos trabajando en otra dirección, pero obviamente respetamos el camino que cada uno toma. Es importante para el FA que tendamos a construir síntesis los que tenemos pensamientos parecidos dentro del FA. Claramente tenemos todos un programa y una identidad común que es la identidad frenteamplista, pero hay corrientes de ideas dentro del FA, y me parece que está bien que la gente que piensa más parecida a otra se nuclee y se junte, por eso nosotros hicimos el esfuerzo de construir un sublema electoral, que además sea un espacio político a proyectar a futuro, Frente Futuro. No es un rejunte electoral ni un arrebato personal de crear una lista.

¿Es posible pensar la aparición de nuevos liderazgos sin fragmentación?

Creo que sí, porque concibo la construcción de los liderazgos como una expresión de procesos colectivos. No me parece una buena forma de construir un liderazgo político armar una lista. Estoy formado en otra cultura política, en la que son las organizaciones, con sus debates democráticos, estrategias y diálogo con la sociedad las que van forjando liderazgos y referencias en personas que encarnan esos procesos colectivos. Me parece que se han invertido un poco los términos de la cosa, y eso tiene que ver con una sociedad que también tiene un imaginario muy individualista, que apuesta más a la figura que al colectivo, más a la competencia que a la cooperación, entonces a veces hay mucha ansiedad por determinados procesos de recambio de posicionamiento de figuras políticas, pero no soy quién para juzgar las decisiones que toman otros. Nosotros sí tenemos como partido una historia de ir procesando estas cosas de otra manera y creemos en eso. También sentimos que nuestras formas de hacer política deben transformarse y obviamente hay cosas que nos interpelan sobre cómo hacer política de izquierda, en el presente y en el futuro, pero creemos que el esfuerzo hay que hacerlo por unir y no fragmentar.

¿Cómo ves el tono de la campaña en estas últimas semanas?
Veo una campaña que no ha tenido una alta intensidad de debate político. Creo que ahora, en estas semanas, se han colocado algunos contenidos más fuertes arriba de la mesa, pero costó. En gran medida porque tenemos contrincantes que no quieren hablar de política. En las campañas siempre hay alguna salida de tono, creo que ahora el mundo de las redes es un mundo donde muchas veces el hostigamiento y la agresividad aparece muy desembozado. Eso es parte de un problema social mayor que tiene que ver con la violencia y con la forma en la que procesamos nuestros debates y diferencias, pero en términos generales ha sido una campaña civilizada. Si las comparamos con campañas en otros países del mundo, sigue siendo una campaña a la uruguaya.

Si tu partido gana las elecciones del 24 de noviembre, ¿cómo te imaginás los primeros tres meses de gobierno?
Me imagino con medidas relevantes para el país, sobre todo en el campo del empleo. Daniel ha anunciado algunas medidas, que tienen que ver con estímulos a las pequeñas y medianas empresas. Hay que incentivar fuertemente la economía social, el cooperativismo, los programas vinculados a la recalificación de trabajadores. Hay una serie de iniciativas que van a ver la luz en los primeros meses del gobierno del FA. Y pienso que también hay otros capítulos en los cuales vamos a tener que tomar medidas en los primeros meses de gobierno, como es el tema de la vivienda. Son necesarias algunas iniciativas fuertes, dirigidas a resolver algunos problemas que todavía existen de precariedad habitacional y también alternativas de políticas públicas en vivienda para otros sectores sociales.