Cualquier tarde de febrero, en la avenida Suárez, a la altura de Evaristo Ciganda, un gran quantum de energía carnavalera pasea cómodo entre las ramas de los árboles, las correas de los perros y las llantas de los autos, y puede detectarse fácilmente, sin ningún aparato como el que alguna vez diseñaron los doctores Egon Spengler y Ray Stantz para atrapar posibles fantasmas.

Los lugares de ensayo de este municipio no dicen mucho por fuera, salvo en sus frentes, hechos de letras oxidadas a medio colgar, formando nombres de entidades que alejan al curioso e inexperto y le indican que por allí no sucede ningún jolgorio. Será necesario animarse a preguntar y mandarse entre arbustos, por un camino de pedregullo vacío, hasta encontrar alguna señal prometedora.

En una pequeña casita pintada con cal y sin puerta, una muchacha sentada en el piso deja pasar una aguja por los botones de un traje grande y colorido. A su alrededor, a eso de las siete de la tarde, un patio muy grande y abandonado recibe a un grupo de murguistas medio dormidos que se van acomodando en sus funciones para preparar su primera llegada al Teatro de Verano.

Entre los 12, y junto a su director musical, discuten de pie sobre baldosas viejas la efectividad de un chiste sobre el consumo de sustancias psicoactivas, y la sonrisa y la postura de Lorena Ifrán le otorgan a esta murga nueva, de auténtica bohemia, de propuesta extraña y original, un grado de seguridad que, se me ocurre, necesita más que nunca.

En cada corte, les hará chistes a sus compañeros sobre ellos, sobre ella, y pedirá que por favor le avisen cuando, luego de despacharnos, llegue para entrevistarla también el equipo de la revista Caras.

Lorena vuelve al carnaval luego de destacarse como solista en el grupo de humoristas Los Choby’s, en los parodistas Zíngaros, en la revista Tabú (con la que ganó tres primeros premios), y ha sido premiada reiteradamente con el galardón de mejor interpretación vocal en el Concurso Oficial de Carnaval.

Lorena Ifrán
Lorena Ifrán

Vive con sus dos hijos, Martina y Bautista, trabaja 11 horas en un colegio preescolar como educadora, y dice que vive “a full todo el día”. Nunca estudió canto y odia cuando le piden que lo haga en las reuniones familiares.

Este año sale “para divertirse” en Son Delirante, un proyecto que, según los más íntimos, sale de un asado, un sueño de amigos (la mayoría de ellos ex integrantes de la murga A Contramano) que presenta un espectáculo de emocionalidad agridulce, con excelentes textos, muy finos arreglos musicales y una sensibilidad notoriamente conectada con las raíces carnavaleras.

Cuando se subió por primera vez al Teatro de Verano, el miércoles, con pestañas enormes y gorro de tul naranja, mantuvo su postura altiva y se destacó en cada una de sus participaciones, bajo la lluvia y el fuerte viento que en esa ocasión les tocó en gracia.

Te escuché decir que desde los ocho años estás conectada con el carnaval. ¿A qué tablado ibas de niña?

Mi madre me llevaba todas las noches al Club Piedras Blancas, uno de los mejores escenarios populares que conocí. Yo era una de esas niñas que estaban paradas en el borde del escenario. Tengo pila de recuerdos de esa época. Por ejemplo, de haber bailado con Rosa Luna, y que me regalara plumas de la boa que tenía. Gracias a mi madre me fui enamorando del carnaval, y al mismo tiempo imaginaba que en algún momento yo también me iba a subir a actuar.

Además de a Rosa Luna, ¿a quién más recordás con admiración?

A La Reina de La Teja, a Kanela, a los parodistas Valentinos y a Araca la Cana. Yo cantaba de niña, pero en un momento dejé de cantar, no me gustaba mi voz, y en el 97, cuando tenía 15, fue cuando me enamoré de la murga gracias a Araca y a Mónica Santos, para mí toda una referente. Yo decía: “Pah, me encantaría cantar como ella”. A donde fuera, fiestas, cumpleaños, la imitaba. Y ahí me dije: “Yo quiero estar un día ahí arriba de un escenario a ver qué se siente”.

Y fuiste a probarte a un conjunto.

Eso fue recién a los 18. Hice un casting para los Adams en el Club Rentistas, ya sabiendo que en la categoría parodistas no había mujeres, salvo alguna excepción. En ese momento yo había dejado de estudiar, y hacía changas. Estaba trabajando en un taller de costura con un tío por ahí cerca, me enteré, y entonces cuando terminamos de trabajar fuimos con mis tíos y una prima. La verdad, dudé pila, pero cuando estoy decidida me mando. Precisaba una persona que me dijera “dale, sí, vamos”, y esa persona, gracias a Dios, fue mi tía. Llegamos, estaba lleno, pero cuando veo que había mujeres dando el casting dije “yo me quedo”. Me tocó cantar casi a las cuatro de la mañana. Mientras escuchaba a los demás pensaba: “No voy a tener suerte”. Elegí cantar “Tú”, de Shakira, y cuando arranqué me quedaron mirando todos con asombro y me fue bárbaro. Y bueno, después me llamaron y quedé seleccionada para Las Adamas, un grupo de humoristas que armó Hugo [Ligrone, director de Adams] a partir de ese casting. No pasamos la prueba de admisión, pero fue mi primer acercamiento, y además una experiencia preciosa que me permitió conocer mucha gente.

Y después sí, comenzaste a salir en la categoría humoristas en el Concurso Oficial.

Claro. Le escribí a Walter Tuala [director del grupo de humoristas Los Joker’s], hicimos amistad; él vio algo en mí y me dijo que no me podía quedar sin salir en carnaval ese año, y me invitó a salir en el conjunto en 2003, por primera vez.

Parece como que siempre tomaste la iniciativa.

Con Adams fui de careta y me mostré. Cuando entré a Zíngaros, hacía bastantes años que no había mujeres en la categoría, y fue algo parecido. Una vez me lo crucé a Pinocho [Sosa, director del conjunto] y me acuerdo de que le dije: “Vos sos la única persona que se puede atrever a cambiar esa realidad”. Pasaron unos años más y en 2012 salí con Zíngaros.

Con particular destaque.

Sí, yo venía de un buen año en Chobys, y así llegó la invitación de Pinocho. Uno de los recuerdos más lindos que tengo del carnaval es ese 2011 con Chobys. Yo hice todo el concurso embarazada. Me acuerdo de bajarme del escenario un 10 de marzo, y mi hija Martina nació el 13. Fue precioso, mi mejor carnaval. Me bancaron la cabeza, todo el grupo me cuidó, me mimó, el espectáculo se terminó armando a partir de la noticia de mi embarazo. Fue un año muy especial para mí.

Actualmente las mujeres en el carnaval siguen siendo pocas, aunque esa realidad se ha hecho más visible en los últimos tiempos. ¿Cómo vivís eso desde adentro, como directa protagonista?

Yo tuve la suerte de poder destacarme, pero me costó muchos años hacerme conocida, perder el miedo y ser quien soy arriba del escenario. Todavía somos pocas, pero el Carnaval de las Promesas tiene mucha semilla femenina que va creciendo año a año, y de a poco van pasando al carnaval mayor y me encanta.

¿En qué cosas se sentía ese costo?

Me costó, por ejemplo, que aprendieran mi nombre. Al principio era la grandota, la morocha, la gordita. Así estuve hasta que en mi quinto año en Chobys en la prensa dijeron: “Se llama Lorena Ifrán”. Yo a Chobys le debo todo. Gracias a la confianza que ellos me dieron en ese conjunto, y a que me largaron a cantar temas sola yo soy quien soy. Perdí el miedo, y además aprendí un montón con los arregladores que pasaron por el conjunto. En los primeros años yo cantaba en un rinconcito y no me movía de ahí. Aprender del oficio y aprovecharlo es clave. Yo aprendí de Marihel Barboza, una de mis mejores amigas en carnaval y alguien a quien también admiro. Con ella aprendí que cantar bien no es gritar, cantar fuerte, sino interpretar. Al principio yo me mataba cantando, y de a poco llegaron los premios, pero para mí hoy es más valioso que mi voz llegue a la gente y que te digan “vo, lo que cantaste me llegó al fondo del corazón” a que me den un premio.

Se te ve muy alegre, optimista. ¿Siempre fuiste así? ¿Creés que lo heredaste de algún familiar?

Soy muy parecida a mi mamá. Y trato de rodearme de gente positiva. Yo no llevo mis problemas a ningún lado. Cuando salgo de mi casa ya está. Me gusta estar diciendo pavadas, que el que está al lado mío se ría, no es que sea muy positiva. Me encanta estar con grupos de amigos, organizar cosas, soy medio líder natural en los grupos, en todos lados. Tal vez me cargo mucho a veces, pero me gusta resolver problemas, aunque quizás en mi vida personal no lo hago. Eso es muy loco.

¿Cómo te decidiste a salir nuevamente en carnaval?

El año pasado, después de 15 años seguidos de salir en carnaval, decidí hacer un pausa por un tema personal, y no extrañé nada. Lo vi por la tele y nada más. Fue maravilloso no tener que salir corriendo con los nenes, la comida, los ensayos... Y este año había tomado la decisión de no salir. Me llamaron de varios conjuntos y dije que no, hasta que en junio me llegó la invitación de uno de los compañeros de Son Delirante, y dije: “¿Por qué no?”. Nunca había salido en una murga y me gustó el desafío.

¿Cómo es tu rutina los días en los que tu conjunto va al Teatro de Verano?

Este año en la primera rueda estoy en casa. Si estoy trabajando hago un par de horas y ya me voy al club a maquillarme. Con la murga es como más light, más fácil. Desayunar con mis hijos, prepararles el almuerzo, armar el bolso, y en cuanto a la voz, tratar de no hablar mucho. Yo me hago un jarabe natural con jengibre, miel y limón. Y después, estar concentrada para pararme en el teatro.

¿Qué se siente cuando se abre el telón?

Me quedo en blanco, ja. Hasta el momento en que tengo que empezar a cantar. Muchos nervios. Es un disfrute hasta cierto punto. Me pasó este año en la prueba de admisión que la disfruté de principio a fin. Eso no me pasó en otras categorías, quizás porque tenía que estar pendiente de otras cosas, un parlamento, o algo de la escenografía, o los trajes. En murga tenés que estar enfocada en cantar. Y estoy deseando que llegue el momento de cantar la retirada en el teatro, que en este caso va dedicada a un compañero de la murga que hace un tiempo estuvo mal de salud y hoy está cantando con nosotros de vuelta. Pero lo que se siente es felicidad, y sobre todo cuando bajás del escenario y te encontrás con la gente, que te abraza y te dice “vo, estuvieron muy bien”. Eso es lo más gratificante y maravilloso del carnaval.

¿Qué es lo más estresante que tiene salir en carnaval?

Y, por ejemplo, que a tres días de subir al teatro te den una letra nueva para cantar. Eso me ha pasado. O llegar con la letra del espectáculo a medio aprender, o el mal humor de algunos directores que te sacan del lugar en el que necesitás estar. El día del teatro tiene que ser un día de concentración, pero sobre todo de goce. Yo sé que cuando la gente lea esto va a pensar en Pinocho. Él es loco, sí, todo lo que quieras, pero hay otros.

¿Y lo que más se disfruta?

Este va a ser mi decimosexto carnaval, así que lo que más busco y disfruto es salir tranquila, que en el conjunto donde salga tiremos todos para adelante, como me pasa ahora con la murga.

Ejercicio de imaginación: ¿cómo armarías tu conjunto ideal si fueras directora?

Pah. Yo compartí muchos años con una persona que fue directora de un conjunto de humoristas y viví todo. La previa, el armado, salir a buscar sponsors, quedar en bancarrota. A nosotros se nos dio la locura, siendo los dos fans de carnaval, y nos tiramos al agua, pero después con las deudas la remamos durante un año. Pero usando la imaginación, hoy sacaría una murga, parodistas no, porque son re competitivos y precisás mucha plata. Y buscaría gente talentosa para andar bien en el concurso, y tendría un muy buen vestuario. Y les daría la oportunidad a valores jóvenes. Como te decía hoy, en el Carnaval de la Promesas hay muy buenos artistas, quizás hasta más completos que muchos de los que están en el carnaval mayor.

¿Escuchás los comentarios de los periodistas especializados en carnaval luego de las actuaciones de tu conjunto?

Antes me quedaba hasta tarde siguiendo lo que decían en las radios, ahora ya no. A veces así, naturalmente, te cruzás con la repetición en la tele y escucho lo que dice Marcelo Fernández. Y luego no pongo la radio, pero sí, después de que vamos al Teatro de Verano empiezo a preguntar: “¿Che, qué dijeron?”. Obvio que me pongo contenta cuando dicen cosas buenas y cuando no, te puede afectar y hasta te calentás. Conclusión: no soy de escuchar la radio ahora, pero sí me preocupo de saber qué se dijo del conjunto en el que salgo. Me pasó saliendo en la revista Tabú que en la prensa nos mataban y terminamos ganando el primer premio. La verdad la tiene la gente que está con la libretita: el jurado. Si les gustó tu espectáculo, ya está.