El extinto sello discográfico Orfeo está ligado en forma abrumadora a la rica historia musical de este país. Surgió en la década de 1960 y dio sus últimos suspiros en el segundo lustro de 1990, cuando los por entonces dueños de Palacio de la Música –propietarios del sello, bajo el nombre Ricardo y Rodolfo Gioscia SA– le vendieron todo el catálogo a la –hoy también extinta– multinacional de origen inglés EMI.

La lista de álbumes que editó Orfeo en casi 40 años es extensísima y se aproxima a los 600 (Discogs, la base de datos online más grande sobre discos, registra 554), que abarcan los más diversos géneros; desde música culta como la de Eduardo Fabini, pasando por el amplio abanico de la canción popular –Santiago Chalar, Alfredo Zitarrosa, Los Olimareños, Jaime Roos, Fernando Cabrera y más–, hasta todo el rock posdictadura.

Muchos de esos discos, que eran inconseguibles, porque sus reediciones en CD estaban agotadas o directamente nunca se relanzaron en ese formato, quedaron en el limbo, gracias a que EMI no les dio el impulso que se podía prever; luego vino la crisis de 2002, y chau. Pero, a fines de la primera década de 2000, el sello uruguayo Bizarro adquirió el catálogo completo de Orfeo, tras una negociación con EMI que no resultó ardua pero “tampoco fue que se quisieron sacar de encima el catálogo”, según cuenta Andrés Sanabria, director de Bizarro.

EMI llegó a reeditar en CD algunos álbumes de Orfeo –supervisados, justamente, por Bizarro– y luego el sello Uruguayo tomó la posta. Sanabria estima que en ese momento cerca de un tercio de todo el catálogo –es decir, casi 200 discos– está disponible en Spotify, pero en las próximas semanas el número crecerá a un ritmo un poco más rápido que el habitual, como consecuencia de estos tiempos de teletrabajo y confinamiento.

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El baúl de los remasterizados

Sanabria dice que los últimos lanzamientos que vieron la luz en la plataforma de música por streaming ya estaban en los planes antes de la emergencia sanitaria y la mar en coronavirus, con los remasterizados prontos, pero como en el sello suelen tener un ritmo bastante intenso con los nuevos lanzamientos, a veces la reedición de viejo material queda un poco relegada, pero siempre pensaron que estaría bueno actualizar el catálogo con más ritmo. “Había quedado una cantidad de discos remasterizados sin salir, entonces, tratando de hacer más cosas en estas circunstancias –porque hay otras que no podemos hacer–, pensamos en darle un poco más de ritmo a la subida de material”, señala.

Entre los lanzamientos de la última semana están La iguana en el jardín (1995), el primer disco solista de Claudio Taddei, y Entre putas y ladrones (1990), de José Carbajal, El Sabalero, en el que hizo un repaso de obras del poeta y músico argentino Higinio Mena, con quien forjó amistad en el exilio. Sanabria subraya que en ese disco se destaca especialmente la calidad de intérprete del fallecido cantautor de Juan Lacaze, ya que el montón de canciones clásicas de su autoría son harto conocidas. Para muestra de su calidad como intérprete, basta escuchar una de las grandes canciones de ese disco, “Blues de los pequeños deshollinadores”.

En cuanto a los criterios para reeditar los discos, Sanabria cuenta que son muy variados y a su vez similares a las reediciones en CD. Es una combinación entre álbumes que sean “potencialmente comerciales” y los que “están buenísimos”. “Algunos llevan más tiempo para reeditarlos porque el material original no está en buena calidad o es muy viejo, y necesita determinados procesos de remasterizado, que son más costosos, entonces, en vez de ese disco, que va a llevar más tiempo y más plata, capaz que prefiero reeditar otros cinco que son más sencillos; hay una combinación de criterios”, subraya.

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De todos modos, Sanabria señala que el criterio para reeditar termina siendo “bastante amplio”, como para tratar de abarcar distintos estilos, ya sea rock, candombe, carnaval, folclore, etcétera. Ahora bien, a los ansiosos que quieren todo el catálogo de Orfeo en Spotify para anteayer, Sanabria les advierte: “No se puede mandar a remasterizar 500 discos y subirlos todos, porque te terminás fundiendo”.

Me suena

El encargado de la remasterización de los discos para subirlos en Spotify es César Lamschtein, un experimentado ingeniero de sonido del medio local, quien explica que hay dos diferencias fundamentales a la hora de remasterizar un disco pensando en subirlo a Spotify, en comparación con el proceso que se hace para un CD. La primera es que la música va a pasar por un códec, es decir, un software que codifica y decodifica el sonido para comprimirlo y que ocupe menos espacio, lo mismo que hace el famoso mp3 o el más moderno y eficaz AAC (Advanced Audio Coding).

Así las cosas –señala Lamschtein–, Spotify varía la calidad de reproducción del audio según el servicio –premium o no– que se tenga, pero también en base al ancho de banda del que el usuario disponga en el momento, porque la aplicación busca que nunca se corte el audio. Por lo tanto, si baja el ancho de banda, baja la calidad del audio. “El CD tenía sus limitaciones, que eran pocas, los códecs tienen más limitaciones porque hacen magia: te permiten pasar un montón de calidad psicoacústica en una muy poca cantidad de datos, entonces, hay que saberlos manejar. Significa que el mastering no es trivial: si sabés que va a pasar por un vidrio que va a deformar, tenés que ver la cosa a través de ese vidrio”, ejemplifica.

La segunda diferencia que hay que tener en cuenta para Spotify es el volumen, ya que, por defecto, tanto esa plataforma como Youtube lo normalizan, como hacen las radios mediante un procesador en la antena, y así el técnico de sonido se libera “de la presión de hacer mierda el audio para que suene más fuerte”, dice Lamschtein. “No ganás nada reventándolo, y eso es algo que en estos masters lo tomo recontra en cuenta”, agrega.

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De los últimos lanzamientos, para Lamschtein fue muy especial el de Claudio Taddei, ya que él fue el técnico que grabó ese disco, y dice que la primera versión que se lanzó, en CD, tenía un “seudomastering, que era muy primitivo”, y agrega: “Con las herramientas de hoy pude corregir gran parte de las macanas que me mandé en el seudomastering, y algunas de las macanas que me mandé en la mezcla. Hoy en día ese disco se parece mucho más a lo que siempre quise. Es una pena que Claudio no lo pueda escuchar hoy, pero estaría muy contento”.

Lo que vendrá

Entre los lanzamientos que aguardan en boxes y saldrán en el correr de mayo y junio están Segundos afuera (1983), el segundo disco de Jorge Galemire; Otro tiempo (1985), el último LP de Rumbo; En cualquier parte del mundo (1987) y Traidores (1988) –conocido como “el disco negro”–, de Traidores, claro está; Milonga madre (1970), de Alfredo Zitarrosa, y varios más. Estén atentos.

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