El acogedor garaje de una casa de Tres Cruces se transforma en cocina y comedor por cuatro horas cada vez que una pareja argentino-venezolana cita a los encuentros de Patagonia Salvaje. Empezaron hace cuatro meses y, después del último viaje a Argentina, volvieron aprovisionados como para condimentar las noches con ingredientes autóctonos y vinos de origen acorde a la propuesta.

Liwen Castro se crió en Bariloche, como relata apenas comienzan las reuniones, y hace cuatro años que vive en Montevideo. Es parte de las cocinas del Hotel Sofitel Carrasco, y los fines de semana guía catas y cenas de pasos donde amenaza con no cocinar nada, ya que los asistentes, siguiendo sus indicaciones, irán dando forma a los platos previstos. Claro que, sin su mano experta y sus preparaciones previas –el tiempo, como en los medios de comunicación tradicionales, es tirano–, la dinámica no sería la misma.

Hay que decir que al garaje, de garaje apenas le quedan las puertas y que en su aspecto interior no se adivinan autos. En su lugar hay cuadritos, fotos y adornos, una mesa que servirá, además de espacio de trabajo (donde espera un delantal para cada uno), de escenario del banquete. A la izquierda de los recién llegados, visita obligada al perchero y un oteo a la heladera con bebidas y fermentos, chutney y vermut. Más atrás encontrarán una mesa de apoyo donde se exhibe una selección de ingredientes que jugarán un papel en el menú, que busca ser una “experiencia gastronómica del sur”. Esa vez hay merkén, ají cacho de cabra, hongos y piñones. Siguiendo, camino al fondo, otra mesa larga, puesta en cruz a las primeras, gran mostrador que sostiene horno, anafe, comestibles y utensilios.

Desde el plasma encendido en un flanco del pequeño recinto se puede seguir alguna pista de la selección musical que corre por cuenta del dueño de casa, Frankel Camacho, que también se ocupará de rellenar las copas y de fotografiar todo el proceso. 

Así como existen sitios donde las clases de cocina pueden parecerse a un reality, por el estrés que se respira, y en ciertas cenas la impostura sobrepasa el disfrute de comer, Liwen y su compañero arman un clima distendido en el que las anécdotas se alternan con los piques de la chef. Van un par que compartió el sábado pasado: despertar con líquido caliente el cacao que se va a echar a la mezcla de una torta o budín, por ejemplo, café; ahumar el chimichurri o el aceite que se vaya a utilizar en una salsa introduciendo una brasa (pero cuando esté blanca, para evitar tóxicos).

La hoja de ruta comienza por Estepa y eso se traduce en un vermut floral casero y, para “despertar el paladar”, un mullido pancito de maíz que se presenta sobre una chala junto a una manteca de rosa mosqueta y una croqueta de hongos rebozada en panko. Intencionalmente, se ponen en diálogo geografía –y los elementos que provee– con migraciones y hábitos del sur. De esa manera se terminan cruzando picantes mapuches, conservas alemanas, pasteles con nombre de volcán.

No es un curso ni tampoco una comida formal. Tras los abrebocas, manos a la obra. Durante el proceso se van abriendo botellas que intercalan etiquetas tanto argentinas como chilenas mientras la cocinera desliza datos de cata y maridaje. Lo mismo hace si alguien solicita directivas para picar, batir o usar una manga. Ingredientes como una chaucha de vainilla se ganan una presentación especial, si el público la requiere. En definitiva, mientras los asistentes intercambian cuentos de vivencias glotonas, incluso para quien resuelve sus comidas a diario resulta una oportunidad de revisar qué memorias guardan las manos sobre decoración de tortas o repulgue de empanadas.

Así se completará el circuito por Bosque (antipasto de hongos, chimichurri ahumado con piñones, pebre picante), Cordillera (empanadas de cordero, goulash con chucrut) y postre (torta Tronador), cerrando con licor de sauco.

Abril sigue en Patagonia Salvaje con dos cenas ($ 1.800 cada asistente o dos por $ 3.000), el 17 y el 24 de abril, aparte de una cata y maridaje de vinos patagónicos, por supuesto, el 25 (cuesta $ 800 por persona o dos por $ 1.500). A los anfitriones ya les comentaron que deberían hacer cenas temáticas para solos y solas. Por ahora, el calendario está centrado en lo gastronómico y lo que sigue en casa es el juego de intentar replicar algún plato, ya que al día siguiente envían el recetario por correo. Para reservar, hay que escribirles a @cocina.patagoniasalvaje en Instagram.


Menú tano en la calle Rodó

La Asociación Calabresa del Uruguay se prepara para recibir este sábado en Rodó y Jackson, donde cortan la calle de 11.00 a 21.00. Esta sexta edición, bajo el lema “La fiesta que une”, promete ser una jornada cultural gratuita, al aire libre, con canto, baile y comidas típicas de todas las regiones de Italia.

Bufete artístico en el Prado

La edición del domingo de la Feria Bon Gût se denomina Art Buffet porque, aparte de los emprendimientos habituales y de la oferta gastronómica, esta vez apuestan a quienes disfrutan jugando con materiales nuevos. El encuentro se monta, como cada mes, en el Hotel del Prado de 12.00 a 20.00. La entrada es libre y el espacio es pet friendly.

Semana Harriague en Salto

Del 13 al 18 de abril, Salto será escenario de la Semana de Harriague (el 14 de abril es el día del tannat), que celebra al pionero de la vitivinicultura nacional, don Pascual Harriague. La agenda comprende desde la colocación de ofrendas florales y un recorrido por panteones de instituciones y personalidades vinculadas a la vitivinicultura hasta una muestra fotográfica de Marcelo Cattani. El jueves 16, en la propia bodega Harriague (Avenida Pascual Harriague y Etcheverry), desde las 19.00 se desarrollará el seminario El tannat en Uruguay, y el sábado, también allí, habrá un taller de elaboración de grappa artesanal y otro de vermut, una feria gastronómica, degustaciones, gastronomía vasca, en honor a los orígenes de Harriague, mucho vino y música. Por información y reservas: 099 358 764.