Un detective privado es algo inútil. Esto concluye nuestro propio protagonista, el detective privado Obdulio Barreras, quien razona que en estos días cualquiera con una computadora a mano y 20 minutos para revisar redes sociales consigue sin demasiada dificultad todo tipo de información. ¿Dónde lo deja esto a él, entonces, detective sin licencia y ex presidiario, para más inri?

Lo deja rascando los márgenes, moviéndose en las zonas grises, las que la vida común y corriente mira apenas de soslayo, los bordes donde todavía un tipo terco, recio y resiliente va a ser necesario porque pregunta lo que debe, camina todas las cuadras que sean necesarias y llama a todas las puertas que se precisen.

Pero la verdad es que no abundan los casos para Barreras, quien continúa haciendo el trabajo sucio de un estudio de abogados, como en Cien veces muerto, la novela anterior de su saga. Y la tarea menor que le toca en suerte es la de cobrarle la deuda a un inquilino moroso en un departamento sobre la calle Inca, a quien no va a tardar en encontrar finado en salvajes condiciones.

Allí debería terminar todo para Barreras, pero el sabueso huele el cabo suelto y comienza a tirar de él hasta sacar a la luz un caso por completo turbio del que no daremos aquí más detalles, dado que descubrirlo es parte fundamental de su disfrute. ¿Quién era en verdad el asesinado, un anciano en apariencia inofensivo? ¿Quién pudo querer matarlo con tanta saña?

Rossello construye un misterio que triunfa no por su complejidad sino por su solidez y contundencia. La trama no tiene revelaciones sorpresivas o inesperadas vueltas de tuerca, sino el irse construyendo en densidad a medida que Barreras excava y excava. Una densidad que, además, se refleja en los propios demonios que habitan dentro del detective –los que trae de su época carcelaria y los que tiene de toda la vida–, que funcionan como disparador para su manera de hacer las cosas, de interactuar con el caso y su propio entorno (su amigo Héctor Juan, Fabiana, la mujer que lo obsesiona, los policías de su pasado como el Ratón Acosta), hasta el punto de generarse problemas más allá del caso puntual que investiga.

Con esta nueva entrega, Obdulio Barreras se vuelve probablemente uno de los personajes más transitados de la novela negra vernácula –tres novelas y un libro de relatos, hasta el momento–, y en cada aparición construye Rossello este universo que remite a Raymond Chandler al tiempo que reconstruye una Montevideo quedada en el tiempo, donde los celulares y la velocidad de las cosas imponen su ritmo, pero en la que existe cabida todavía para patear las calles e investigar un caso policial a la vieja usanza.

El verdugo escondido, de Renzo Rossello. Estuario. $ 400.


Feria Ideas +, en el Parque Rodó, Montevideo, el 2 de diciembre.

Feria Ideas +, en el Parque Rodó, Montevideo, el 2 de diciembre.

Foto: Alessandro Maradei

Hoy en la feria Ideas+

En la feria del Parque Rodó hoy hay tres actividades en torno a lectura. A las 19.30, Gabriel Turielle va a estar hablando de su libro Manual de supervivencia para músicos emprendedores con Max Capote, a las 20.30, comienza una maratón de lectura bilingüe de Los cantos de Maldoror, y a las 21.00 se presenta el libro El partido de la resistencia, del diputado comunista Gerardo Núñez.