Desde que falleció Gustavo Pena, más conocido como El Príncipe –en 2004–, su hija, Eli-u Pena, ha venido realizando un trabajo de archivista con el material sonoro que dejó su padre. Cerca de 400 casetes, muchos de los cuales registran grabaciones caseras, de a poco fueron ordenados, digitalizados, y varios vieron la luz con el debido cuidado en la web de divulgación del artista, imaginandobuenas.com.uy. Además de descargar los discos –en forma gratuita–, también se puede acceder a un interesante archivo de letras y cifrados de las canciones.

Hace unos años, cuando Matías Guerreros se acercó a Eli-u para proponerle hacer un documental sobre su padre, ella enseguida le dijo que la película tenía que ir acompañada de un disco. “Soy usuaria de documentales de música y siempre te quedás con las ganas de escuchar alguna que otra música que aparece por escasos 35 segundos. Por eso yo ya partía de la base de que íbamos a utilizar la mayor cantidad de material de archivo posible, para poder mostrar cosas que no habían sido mostradas y que tuviesen un contexto dentro del hilo narrativo”, cuenta.

Entonces, empezó a pensar en la música para el documental, según épocas, momentos, armando carpetas, a lo largo de siete años, hasta que terminaron de definir el guion y seleccionaron lo que sería la banda sonora de Espíritu inquieto, el documental sobre El Príncipe, que se estrenó el año pasado. Desde hace pocos días la música de ese documental, seleccionada minuciosamente, ya está disponible en Spotify, en un homónimo disco doble, editado por Little Butterfly Records.

La mayoría de las canciones del álbum son inéditas. Eli-u cuenta que en realidad iba a ser un solo disco, pero terminaron siendo dos porque agregó algunas canciones más que, si bien no son inéditas, no se encuentran en ningún otro material discográfico.

Por ejemplo, una versión de estudio de “Como que no”, grabada en 1996, una versión casera de “Cosmic War”, con una letra diferente a la que salió editada originalmente en La fuente de la juventud (disco grabado en 1991 pero publicado por Ayuí en 2005). Además, también se incluyó un primer registro de la gran canción “Mandolín”, en una versión que Eli-u siente maravillosa porque “es como un mantra, entre la exploración y la afirmación de la música de la canción”: “Un mundo imaginario, / hecho de ilusiones coloridas. / Y el amor monta en su caballo y es feliz”.

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En total el disco doble tiene 19 canciones. Al principio Eli-u estuvo pensando bastante cuál sería el orden adecuado para organizarlas, hasta que cayó en la cuenta de que había dos grandes grupos de canciones: unas grabadas en casete, es decir, de fuente analógica, y otras registradas en digital. Así fue que surgió el Lado A (por analógico, con 12 canciones) y el Lado D (por digital, con siete). El técnico al cuidado del sonido fue Nicolás Oten.

Eli-u subraya que a la hora de compartir el material lo hace con mucho cuidado y también en el trabajo que hace junto con el técnico de sonido para tratar de comprometer “lo mínimo posible la naturaleza analógica” del material. “Porque, de repente, te copás y le empezás a poner cosas que funcionan bien en el formato digital, pero en lo analógico te saltan unas frecuencias que te dejan loco”, explica. “Yo entiendo que ese material tiene un valor de archivo, por eso no le pido que quede como un disco grabado ahora”, señala.

Rupturista

Hasta el momento ya son 12 los discos editados de El Príncipe. Hay dos que fueron publicados por el músico en vida, Amigotez (2001) y El recital (2003) –grabado en vivo en la sala Zitarrosa–, y nueve que lanzó Eli-u. Ella cuenta que el archivo de su padre está “lleno de canciones” y que hay “mucho material”, pero “no todo es editable o compartible”. “Porque hay cosas que están muy estropeadas, porque las cintas son muy viejas. También hay cosas que están cortadas, pero siempre estoy trabajando en la divulgación de su obra. Ahora con estos dos discos y la película haré una pausa porque la gente empieza a revisar para atrás”, señala.

Eli-u dice que el documental tuvo muchísima repercusión, e hizo que algunas personas que quizá tenían a El Príncipe por oídas y conocían su música se acerquen a comprender su personalidad, como para entender un poco más de cerca y de primera mano, ya que el músico es quien más habla de sí mismo en la película. “A través de eso se le despertó la curiosidad a mucha gente”, acota.

En la actualidad, con tanto material a disposición, cabe preguntarle a Eli-u que reflexión le merece que El Príncipe haya editado pocos discos en vida. Ella contesta que más que nada su padre se dedicó a trabajar en la composición y que, como expresa en el documental, no tenía mucho tiempo para detenerse a perseguir la ambición de editar discos. Además, esto la hace reflexionar acerca de “la humanidad en general y en cómo se relaciona con los artistas”, algo que “no sólo sucede en Uruguay, como muchas veces solemos pensar”, sino que ha pasado “con diferentes artistas de distintas ramas del arte a lo largo de la historia”.

Agrega: “Me llama mucho la atención que sea así. Supongo que debe de tener que ver con que quizás son artistas muy rupturistas. No creo que sean adelantados –aunque entiendo por dónde va pensar eso–, están en su época, pero artísticamente son rupturistas: hacen uso de una libertad que rompe mucho las estructuras. Entonces, ubicar eso lleva un tiempo, para que nuestros esquemas se adapten y puedan integrarlo”.