La asistente del mago es cortada al medio, pero de verdad. Un inspector de salubridad perece al tomar sopa envenenada. Un cirujano aparece sin corazón. ¿Qué tienen en común estas muertes? Que serán investigadas por el detective Terry Seattle (Will Arnett) y una serie de compañeros rotativos. Todos ellos son celebridades y ninguno de ellos tiene guion. Con esta consigna llegó Murderville a Netflix y motivó una reseña conjunta entre dos eternos sospechosos.

Ignacio: Lo primero que me llamó la atención de esta serie es que es “distinta”. En un mundo de ficciones, documentales y realities, tenemos una mezcla de las primeras y los terceros. Murderville se presenta como un policial, con un misterio por episodio, pero la gracia es que el ayudante del detective es una celebridad que actúa con su propio nombre, y que tiene que improvisar, porque no tiene guion. Básicamente, tiene que jugar. Y me gusta que existan productos con este contenido lúdico y con mucho humor. ¿Fue lo mismo que te llamó la atención? O te compraron por otro lado.

Rodolfo: De hecho, es tan “distinta” que no se parece exactamente a la serie británica que adapta. Murder in Successville, que así se llama la original, sostiene la idea de investigar improvisadamente misterios de whodunit, pero las celebridades allí son personajes. Es decir, actores que interpretan a las celebridades y juegan a improvisar cómo tal o cual celebridad reaccionaría. En cambio, acá ya sea por la agenda de Arnett o de Netflix, contamos con celebridades de verdad. Creo que eso es lo primero que convoca: ver a las celebridades jugar. Ahora, luego está el propio misterio que cada capítulo compone. Me sorprendió que estén bien construidos siempre como juego, y eso incluye por supuesto al propio espectador que participa.

Ignacio: Vamos entonces por partes, como lo hace la propia serie, y hablemos de las celebridades, que se turnan para interpretar a ese ayudante del detective que tiene una rotación mayor que los bateristas de Spinal Tap. Los creadores tenían que elegir a seis nombres para esta temporada, que ojalá sea la primera de varias, y optaron por una mezcla de talentos para la comedia, una estrella de fútbol americano y una estrella de cine que conocemos hace mucho tiempo. Antes de determinar quién nos gustó más y quién menos, creo que por momentos no se aprovechaba tanto la posibilidad de sacarlos todavía más del eje. De tentarlos. Quizás por casualidad, recién en los últimos episodios encontraron formas de “avergonzar” entre comillas a los invitados, obligándolos a pruebas dignas de El gran juego de la oca.

Rodolfo: Yo creo que mucho de eso, del aprovechar al invitado, depende en todos los casos del invitado mismo. Cómo el invitado se prestaba al juego. Y creo que tenemos ahí el éxito o fracaso de esta serie/experimento: depende exclusivamente del invitado. No es que Arnett no funcione –todo lo contrario: está realmente muy gracioso– o que la serie en sí misma no planteé sus puntos propios de interés –como lo es la trama que corre en paralelo durante los seis episodios–, pero lo cierto es que cuando el invitado/a no juega 100% para el equipo, a mí me quedó cierto sabor a experimento fallido. Por suerte, creo que solo sale verdaderamente mal en uno de los episodios. Los otros van del correcto al muy bueno, incluso con uno que debería ser el faro de cómo hacerlo.

Ignacio: Yo suelo ser el “policía bueno” (nunca mejor dicho en este momento) de las conversaciones, y en este caso creo que todos tuvieron sus momentos. Me queda la duda de si los editores optaron por reducir la cantidad de risas por parte de los invitados, momentos que en lo personal aportan al humor. En esta serie están permitidos, pero pensé que aparecerían más seguido. Es hora de nombrar nombres: no sé si fue el mejor episodio, pero Keon Jeong (Community, ¿Qué pasó ayer?) pareció ser el que llegó con más ganas de jugar.

Rodolfo: Yo, que supongo que al lector que no la vio no le dice nada, pero al que la vio ya lo veo discutiendo el ranking, los ordeno así: el mejor Kumail Nanjiani (Silicon Valley, Eternals), con margen. Luego Jeong y, apenas atrás, Sharon Stone (que no necesita presentación entre paréntesis). En lo aceptable, Marshawn Lynch y Conan O’Brien. Y no entendiendo para qué llamaron a Anne Murray. Creo que si alguien mira sólo el episodio de Murray no le daría más chances a esta serie.

Ignacio: Como no nos pondremos de acuerdo (por suerte) y ya mencionamos bastante el tema del humor, que tiene las irregularidades típicas de una serie antológica, me gustaría hablar del misterio. Hay algunas series de televisión, y siempre nombro a Monk, que invitan al público a descubrir el misterio, presentando todas las pistas en sus episodios. En el caso de Murderville, el invitado debe encontrar al culpable y nosotros estamos invitados a hacer lo mismo. Más allá de que no emboqué todos, podemos decir que el nivel de dificultad no era muy elevado, ¿no?

Rodolfo: No, pero cuando te estabas riendo por alguna pavada se hacía difícil adivinar y ver todas las pistas. Es más, me atrevo a aseverar que cuanto más divertido el episodio y funcional el invitado, más se complica deducir el misterio y encontrar al culpable. Como sea, no creo que la parte de misterio se haya descuidado nunca y eso es algo de agradecer. Los encuentre uno más difíciles o sencillos de resolver, lo lúdico funciona. Entonces uno puede verla por el humor de Arnett o la interacción con el invitado que improvisa, pero también como un Clue visual que da juego.

Ignacio: Seis episodios de media hora, un protagonista con grandes capacidades para el humor, un elenco que no desentona y un invitado obligado a seguirles el ritmo sin tener idea de lo que va a ocurrir. Entre tantos dramas pensados para siete temporadas, es uno de esos bocadillos que no viene mal intercalar con ingestas más pesadas.

Rodolfo: Tal cual. Ideal para ver durante almuerzo o cena. Hasta en familia, si me apurás. Y no hay mejor momento que en plena improvisación se tiente el que hace de cadáver.

Murderville, con Will Arnett y grandes estrellas invitadas. Seis episodios de aproximadamente media hora. En Netflix.