“Sé lo que tengo que hacer en cada tema, ya lo tengo incorporado corporalmente: dónde tengo que estar, si es con micrófono en mano, con la jirafa o sin micrófono, quieto o moviéndome. No al extremo de hacer siempre lo mismo, pero hay algo que no tengo que pensar. Lo construí por competencia notoria, son muchos años, miles de veces”, dice Gabriel Peluffo, cantante de Buitres –¿hace falta aclararlo?–.

Aun así, para el toque de este sábado Peluffo tendrá en cuenta sus movimientos como nunca antes, porque Buitres se despachará con un recital de 360 grados en el Antel Arena (a las 21.00, con entradas por Tickantel que van desde $ 700 a $ 1.800). Quiere decir que el escenario estará en el medio de la cancha y no habrá telones ni bambalinas, sólo una marea de gente alrededor de los músicos. El evento será la presentación oficial de Mecánica Popular, el último disco de Buitres –el decimotercero desde que arrancaron, allá por 1989–, que salió a fines de 2019 y por la pandemia no habían podido hacerle los honores correspondientes.

A pocos metros del Ministerio de Salud Pública está el bar que suele frecuentar Peluffo a la hora de brindar entrevistas, porque aunque este sábado de noche tome un micrófono y se ponga al frente de una banda de rock, no deja de ser médico y encargado de la Unidad de Inmunizaciones de esa cartera estatal. Por eso en la entrevista con la diaria Peluffo conversó sobre Buitres, Los Estómagos y su postura sobre el repaso del pasado, pero también acerca de un tema de agenda que tiene estrecha relación con su otra profesión, cuando deja el micrófono y se pone una bata blanca.

¿Para el espectáculo de 360 grados sacaron la idea de U2 o de Trotsky Vengarán?

Era una idea que teníamos, y cuando vi el de Trotsky me gustó muchísimo, estuvo muy bueno. Gustavo [Parodi] había tirado la idea para 2020, pero no lo pudimos hacer, y me quedó en la cabeza como si fuera una locura. Pero en el de Trotsky me gustó el desafío de la puesta en escena y cómo va variando el espectáculo. Aparte, ellos lo hicieron con lo mínimo, no pudieron acceder a un montón de cosas que nosotros sí vamos a poder, como que el público esté parado, pero se movieron muy bien y la utilización del escenario fue muy buena.

Ustedes van a estar en el medio de la cancha. Los ven de todos lados, no hay forma de esconderse.

No, simplemente hay un corredor de acceso, que es lo único que limita. De los 360 serán 20 o 30 grados en los que no habrá público.

Desde que arrancaste a cantar, con Los Estómagos, te presentaste en diversos lugares, desde los antros más oscuros hasta el Antel Arena, que es de lo mejor que hay actualmente. ¿Es siempre lo mismo a la hora de pararse en el escenario? Porque imagino que un poquito de temor te tiene que dar ver algo tan grande.

El Antel Arena es realmente intimidante, sobre todo cuando vas a probar sonido y lo ves vacío, es una experiencia diferente. Nosotros no estamos muy acostumbrados a los escenarios cerrados grandes. Los artistas nacionales hemos tocado en Durazno, en el estadio Centenario, en un montón de lados, pero al aire libre; esto es diferente: al ser cerrado te da otra perspectiva. Y con este formato es como tocar por primera vez en el Antel Arena.

Todo personaje tiene algo de uno...

¿Te considerás un hombre tan sólo afortunado?

No. Creo que soy afortunado, pero no.

¿Un poco listo también?

Sí, pero no demasiado. De última, es un personaje, no es literal. Eso sí, no soy culto, pero leo. En esa letra estoy llevando a alguien a sus secretos, sus lugares íntimos y desconocidos, a sus viajes por barrios peligrosos, que de repente es el interior de uno mismo.

¿No tenés miedo de que se agote el lugar en donde buscás personajes?

Muchas de mis letras pasan por el filtro de Pepe [Rambao] y tienen la aprobación de Gustavo. El disco gira mucho en torno a qué es el proceso creativo, el placer que da y el desafío que significa. Yo lo disfruto enormemente, pero a esos lugares tenés que llegar despojado, entonces, no deja de ser peligroso y uno tiene que estar dispuesto a dejarse llevar. Es complejo lo que estoy diciendo, pero no tanto.

La que cierra el disco, “Soy un perro”, me parece que suena a los Buitres más clásicos, de los primeros discos, y tiene armónica, un instrumento que has usado mucho y no es muy común en el rock uruguayo. ¿Cómo llegaste a la armónica?

Cuando empezamos con Buitres veníamos de Los Estómagos, éramos prácticamente los mismos, no estaba el Hueso [Fabián Hernández], y a mis compañeros les dije que no quería declamar más y empezar a cantar. Me dijeron: “Ta, fenómeno, pero tenés que tocar la armónica”; aparte, estaba la canción “No te puedo matar”, que Parodi tocaba en la armónica desde hacía años. Entonces, me dijo: “Tenés que aprender a tocar la armónica, comprate una”. Pero capaz que fue él quien me la compró, porque Parodi es así: si quiere que toques el bajo, te compra un bajo y te lo cuelga. En realidad, no soy un ejecutante del instrumento sino un tocador de armónica.

¿Escuchaste a los maestros del instrumento para sacar piques?

Para el segundo disco [La bruja, de 1991], que hicimos un blues, “Al salir el sol”, Parodi me dio un montón de vinilos de blues y había mucha armónica. Me pasé como dos meses escuchando blues y tratando de tocar con la armónica arriba. Obviamente, no pude llegar a tocar así, pero al final aprendés. Yo les pregunto “¿esta armónica sirve para este tema?”, así no me gasto horas, y si me dicen “sí, en ese tono sirve”, voy buscando hasta que le encuentro algo.

¿Te pasó que tus compañeros te dijeran “eso no”?

No, les gusta lo que hago, pero me hubiera gustado hacer el solo de armónica de “Mincho”, que lo inventó [Michel] Peyronel y es tremendo. Lo toco yo pero lo hizo él.

Hace pocos días se inauguró una fotogalería de Buitres en el Prado, con imágenes de Leo Barizzoni, que abarca 25 años de la carrera de la banda, desde 1997 hasta ahora. ¿Cómo te llevás con verte?

Separémoslo en dos partes: una cosa es esta muestra, o los libros que saca Leo, que son bárbaros porque las fotos están vivas, es una foto profesional. Pero no soy muy amigo de las fotografías... Ahora, por ejemplo, estoy en un raid de notas en las que hay mucho balance histórico de la banda, hablo de 40 años resumidos en 20 minutos, y a veces las fotos son un poco eso, no me gustan demasiado. Y ahora, con el aparatito este [toma el celular], por el que tu barra de amigos te manda fotos de cuando tenías 25 años... No me gusta.

¿Tenés problemas con el paso del tiempo?

No, pero ya pasó. Lo mismo que con un recital: si me decís que lo tengo que escuchar es porque hay que laburar sobre la grabación, pero no quiero escuchar el recital; lo viví en el momento y pasó.

Foto: Javier Calvelo/ adhocFOTOS

Foto: Javier Calvelo/ adhocFOTOS

O sea que no sos nostálgico.

No. Me gusta el recuerdo, pero hay un límite con la nostalgia.

No, gira sobre el concepto del anacronismo, pero no es una idealización del pasado, sino estar viviendo el presente con tu historia, que se empieza a desfasar temporalmente.

Uruguay es un país bastante nostálgico.

Sí, pero es raro que a las nuevas generaciones les pase lo mismo, tan exacerbadamente. Uno tiene recuerdos de su historia, su infancia, su juventud, su familia, etcétera, todo eso es normal, forma parte de tu vida, pero no querer estar en otra época, o estar todo el tiempo pensado “qué bárbaro”... Lo de Los Estómagos estuvo bueno, pero se pasó el límite: no podemos volver a la adolescencia, no podemos volver a los 80.

¿Decís que desde afuera hay una idealización del mito de Los Estómagos?

En parte, sí, porque también por algo el proyecto se terminó. Se terminó porque realmente el contexto nos mató. Estoy terminando el ciclo de homenajes a Los Estómagos con esto: loco, nos mataron. No se murieron sólo Los Estómagos, sino un montón de bandas, y los artistas que sobrevivieron tocaban para 20 personas, no podían tocar. Seamos conscientes de eso. Nos decían que Buitres mató a Los Estómagos, pero es mentira. Buitres supo por dónde moverse y no caer de vuelta en los mismos errores de Los Estómagos.

Ya que estamos: hay dos discos que homenajean a Los Estómagos, a cargo de bandas y músicos diversos –el último salió en 2021, Solo en busca de un lugar–, y también hay un álbum en honor a Buitres, Justicia después de la una (2010). ¿Cómo los tomaste?

Eso es diferente porque van a las canciones, no al mito de, o a cómo eran las cosas, la vida, qué pasó, por qué se separaron, o si estabas peleado con Los Traidores o eras amigo de Los Tontos, yo qué sé; no importa eso, fue en nuestra adolescencia y juventud, ya pasó. Estas son las canciones, que sobreviven si hay un interés de seguirlas ejecutando de parte de los propios artistas, los nuevos o los veteranos. Yo lo hago con el tango: agarro canciones de otros, de tiempo atrás, que me llegan y las canto. Con esto pasa lo mismo: son artistas que voluntariamente se refirieron a esos temas. Lo que veo de Los Estómagos, en este último disco [Solo en busca de un lugar], es que es un desperdicio que nosotros no toquemos las canciones, me parece un desperdicio que yo no las cante, por ejemplo.

¿Pero en la banda planteaste tocar algunas de Los Estómagos?

Tocamos, la gente no lo sabe, pero “Avril”, “Frío oscuro” y “Solo” son de Los Estómagos. Dos por tres están en los shows.

¿“Hijos del imperio”?

Esa es más de la primera época de Los Estómagos, es muy naíf. Está buenísima, la podría cantar, pero no es que vas a volver a los 80 por eso. El artista mantiene viva la obra tocando, por eso estoy agradecido a todos los músicos que mantienen viva la obra.

Ya veo que no te gusta repasar la historia, pero justo se cumplieron 20 años de la crisis de 2002: en esa época Buitres renació, sobre todo con el disco Mientras (2003), que tiene referencias explícitas al quiebre político y social, como “Perdiendo el trabajo” y “Qué pena”, que obviamente es por Jorge Batlle, con eso de “qué pena me da verte llorar”.

Sí, por aquel episodio... Fue una reacción repentista, como hacen los murgas, al momento de la crisis. También la canción “Soy del montón” y “Mientras”: “Cuando la jauría empiece a correr, /más huesos que un Cristo los vas a ver”... Hablábamos de Los Estómagos: era muy joven y quería cambiar el mundo, tenía una banda que salía a gritar las verdades y como adolescente pensaba que le estaba revelando la verdad a la gente; usábamos mucho el panfleto, “Hijos del imperio” es un formato panfleto de canción, estilo La Polla Records, y Buitres al principio también tenía algunas canciones que trataban de tener un nexo con los problemas sociales, pero en el único disco en el que realmente hay una identificación con lo que le estaba pasando a la gente es en Mientras, por lo menos en la parte del texto. Está muy logrado en todos los textos, reflejan el momento. Aparte, yo lo viví con la angustia de la parte laboral y de lo que pasaba con la banda, que le estaba yendo muy bien y se cortó todo.

Pero después renacieron, con los Pilsen Rock y todo eso.

Sí. Todas las multinacionales tenían productoras en Argentina con filiales en Uruguay, y a nosotros no nos habían querido grabar más ni nada, habíamos desaparecido del panorama. Era todo música de afuera, la difusión estaba muy dirigida y pautada, y el mensaje que habíamos recibido era que ya estábamos muertos. No había productores, no había shows ni nada, pero de repente empezaron a aparecer cosas: un Teatro de Verano con Trotsky y Attaque 77, y después hicimos el triunvirato con Trotsky y Hereford, que recorrimos todo el país, y los Pilsen y se fue todo al carajo. Había una identificación, fue una movilización de la gente, sobre todo del público joven; otra vez, una generación de chiquilines que se acercó al rock nacional. Me acuerdo de que cuando sacamos Mientras, un chiquilín de 15 años me paró por la calle y me dijo: “El disco que sacaste es una porquería, no entiendo cómo te da la cara para sacar un disco así”, y ahí me di cuenta de que lo habíamos logrado de vuelta... Por algo es un disco que vendió más de 20.000 unidades largas.

Tengo una pregunta para el médico: ¿qué pensás del proyecto de ley para legalizar la eutanasia que está a estudio del Parlamento en este momento?

El tema no está tanto en la opinión pública como en el seno de la negociación política. Me parece que ese es el tema. ¿Se entiende?

No, pero explicate.

Cuando un tema de una complejidad técnica, filosófica y ética se intenta trasladar a la población, puede pasar que la gente lo abrace enseguida o esté medio dispersa. En general, la gente que le presta atención es la que vive de cerca un problema de este tipo, y si no lo vivimos, preferimos mirar para el costado. Entonces, la gran difusión que tiene el tema no está a nivel de la población sino más que nada en el seno de lo político. Es un proceso de negociación, hay una especie de pulseada entre la terminación voluntaria de la vida por parte de un individuo, y no permitirlo y dejar paso solamente a los cuidados paliativos, pero las dos cosas son perfectamente compatibles.

Entonces, en definitiva, ¿qué pensás sobre legalizar la eutanasia?

Abriría el paso a lo legal, sí, yo sería favorable.

Buitres, este sábado a las 21.00 en el Antel Arena. Entradas por Tickantel desde $ 700 a $ 1.800.