Si estará baja la vara, que a una serie (o miniserie) que tenga un mínimo cuidado estético ya la recibo como si fuera un primo al que no veo hace mucho tiempo (es decir, con gusto y sorprendido por el tiempo que pasó desde la última vez). Algo así me ocurrió con Agatha Christie: las siete esferas (Agatha Christie’s Seven Dials), una nueva adaptación de la novela de 1929 que acaba de sumarse al catálogo de Netflix.
La historia transcurre en los años 20. Aquellos años 20, los de hace un siglo, que ya es necesario aclarar. Unos ricachones tienen alquilada una mansión a una familia caída en desgracia y organizan una fiesta digna de los años locos. La hija de la propietaria coquetea con uno de varios empleados del Ministerio de Asuntos Exteriores, quien (triste y lógicamente) aparece muerto en su habitación de manera misteriosa. Para peor, los siete relojes del título están presentados muy prolijamente en un aparador frente a la cama del occiso.
Todos los elementos clásicos están sobre la mesa: una muerte extraña, que para los forenses es un homicidio; un símbolo secreto que no en vano da título a la aventura; una joven despechada que no dejará de buscar la verdad; y un investigador más listo de lo que aparenta, que nunca están de más. Al tratarse de una obra “de época” no existe tecnología que permita comunicarse o investigar la escena del crimen en forma veloz, así que habrá que habituarse a ese ritmo.
Chris Chibnall, creador de la serie Broadchurch y uno de los showrunners de la era moderna de Doctor Who, es el encargado de los guiones y, según lo que investigué después de ver la miniserie, se encargó de introducir un par de giros sorpresivos que no estaban en la original y que quizás puedan levantar alguna ceja incluso si no leyeron el libro. Pero todo pasa tan rápido (menos de tres horas en total) que el resultado final es un típico entretenimiento pasatista que de paso permite jugar al famoso “¿quién lo hizo?”.
Dos elementos despegan un poco a Agatha Christie: las siete esferas del resto del contenido (uso la palabra a propósito) de la plataforma. El primero ya lo mencioné y es la fotografía. Todo el arte de la serie, en general, parece tener un cariño mayor que el promedio, tal vez obligado por la necesidad de presentar un comienzo del siglo XX que parezca verosímil. Pero incluso en ciertas decisiones de cámara se nota que había más que una necesidad de terminar para ir a marcar tarjeta y retirarse. Eso, o lo disimularon muy bien.
Después está el elenco. Mia McKenna-Bruce se pone la historia al hombro y es fundamental para que creamos todo lo que sucede. La despechada Bundle es una joven empoderada sin quedar anacrónica, que quiere saber lo ocurrido con su amado y para eso no tendrá miedo de meterse en problemas, incluso en la boca de lobo de un club nocturno de Londres cuyo nombre remite a una cantidad específica de esferas (siete).
Su madre, la viuda con problemas económicos, está interpretada por Helena Bonham Carter, que devora cada escena como si estuviera hecha de uno de esos salami snacks (y suponiendo que a ella le apetecen). El único problema es que parece vibrar en una frecuencia diferente a la del resto de las actrices y los actores, con una actuación que si tuviera que definir en una sola palabra sería... posmoderna. Martin Freeman es quien cierra la trilogía protagónica en su rol del superintendente de policía Battle, personaje recurrente de la Christie que juega con su aparente torpeza para ganarse la confianza de los potenciales pillos.
La miniserie es bastante densa, lo que lleva a que nunca pierda el ritmo. Y está salpimentada de detalles muy particulares, desde la muerte en una plaza de toros con la que comienza el primer episodio hasta la presencia de un inventor camerunés y la formación de una especie de Liga de la Justicia (o Sociedad de la Justicia, por la época). Los giros insertados responderían a que el misterio puede ser bastante fácil de resolver, pero entre cosas que se ven tan lindas, el ida y vuelta de Bundle y Battle, y una resolución a pura acción, uno pestañea y ya está viendo los créditos de cierre.
Agatha Christie: las siete esferas. Tres episodios de unos 55 minutos. En Netflix.