La idea de exprimir una propiedad intelectual que atrae a los televidentes no es algo de los últimos años. La sitcom Happy Days, que desde 1974 hasta 1984 mostraba la vida de unos 20 años antes, es famosa por la cantidad de spin-offs que tuvo. Algunas series derivadas profundizaban la historia de personajes secundarios, mientras que un episodio especial en el que aparecía un extraterrestre encarnado por Robin Williams se convirtió luego en la recordada Mork y Mindy.
Por estos días se estrenó la tercera serie ambientada en el mundo de Game of Thrones, parte de la franquicia de la saga literaria Canción de hielo y fuego, escrita por George RR Martin. Pero no se trata de una idea original de guionistas de Hollywood ansiosos por explotar un nuevo rincón del tronoverso, sino que nuevamente revolvieron en la biblioteca de Martin en busca de una historia para contar.
Entre 1998 y 2010 Martin publicó tres novelas cortas de sus Cuentos de Dunk y Egg, que el showrunner Ira Parker comenzó a adaptar con el nombre de El caballero de los siete reinos (A Knight of the Seven Kingdoms). A diferencia de la mencionada Game of Thrones y de La casa del dragón, aquí no hay una multitud de subtramas que conforman una épica, y en eso reside lo interesante de la serie. Pero también es algo a lo que tendremos que acostumbrarnos.
Todo gira alrededor de Dunk, un escudero que acaba de enterrar al caballero para el que servía. De hecho, esa es la primera escena de la temporada, que tendrá seis episodios en total. En ese momento el joven decide continuar la tradición y convertirse en caballero, justo cuando de fondo comienza a sonar la música característica de la presentación de las dos series anteriores. Cuando parece que la épica está por comenzar... cortan a un plano sumamente gráfico en el que “Ser” Dunk es víctima de una diarrea explosiva.
Este no es el Games of Thrones que miraban tus padres, pero la realidad es que tampoco se diferencia mucho, porque la comedia (y el humor escatológico) también campeaba entre los personajes secundarios. Rápidamente nos metemos en un mundo de tabernas y competencias de caballería. Lo que sí es un cambio es que durante los 42 minutos de este primer episodio andaremos siempre detrás del alto y bobón Dunk (Peter Claffey, con pasado rugbista), quien, aunque cumple con lo que el guion le pide, puede no ser suficiente para mantener nuestra atención.
En ese sentido es importante la aparición temprana de Egg, el niño calvo que se convierte en su escudero (no en vano estaba en el título de los cuentos). Este pequeñín, del que los fanáticos seguramente sabrán más que el público en general, parece desenvolverse bien en el cínico continente de Westeros y en cada interacción con Dunk parece tener lo necesario para capturar nuestra atención.
Por el momento la trama gira alrededor del torneo de caballería, y las intenciones del nuevo Ser de formar parte de él. Para eso no solamente necesita tenerse fe, sino conseguir a algún colega que certifique que es un caballero de verdad. En medio del jolgorio del campamento se cruza con Ser Lyonel Baratheon (Daniel Ings, de la recordada Lovesick), entre otros personajes con los que seguramente vuelva a toparse.
Debido al alcance y la ambición mucho menores que los de sus antecesoras, conviene acercarse a El caballero de los siete reinos sin pensar que estaremos frente a un evento, sino simplemente frente a un pedazo de las vidas de dos habitantes de ese mundo a veces endragonado y a veces no. Al menos mientras esperamos la tercera temporada de La casa del dragón, y ahí sí vamos a querer ver cómo vuelan las cosas por los aires.
El caballero de los siete reinos. Primero de seis episodios. En HBO Max.