A riesgo de simplificar, podríamos decir que todo buen noir se compone esencialmente de dos elementos: un buen misterio y un efectivo protagonista. Aquí, en Toda la verdad (dudosa traducción de The Lowdown) tenemos bastante de lo primero pero, sobre todo, mucho de lo segundo.

Si bien el misterio que se orquesta alrededor del supuesto suicidio de Dale Washberg (Tim Blake Nelson) será muy consistente con sus diferentes puntas y distintos elementos –que irán desde las tensas relaciones familiares, pasando por el complot político, hasta llegar a tierras obtenidas ilegalmente de manos de los habitantes originarios, ahora buscadas por organizaciones neonazis (!)–, la magia, la gloria a seguir aquí no es otra más que el inmenso personaje que compone un Ethan Hawke prendido fuego: Lee Raybon, o el “detective” que toca en suerte.

Las comillas vienen a cuento de que Lee es primero que nada un periodista de revistas underground independientes y, segundo, propietario de una librería de segunda mano en Tulsa, Oklahoma (hay que ver cómo, después del éxito de Tulsa King, de Sylvester Stallone, se reiteran ahora ficciones en esta ciudad sureña de Estados Unidos). Pero Lee en verdad se autodefine primero que nada como un truthstorian, esto es, alguien que busca revelar la historia real de su ciudad, del pasado de la ciudad, y exponer sin miedo alguno a aquellos corruptos que se benefician hoy día de ello. Es por eso que, antes incluso de que comience el relato de la serie que nos ocupa, investigó a los Washberg, una de las familias más poderosas –y turbias– de Tulsa, comandada por quien será evidentemente el próximo gobernador de Oklahoma, Donald (Kyle MacLachlan, quien entre esta serie y Fallout no debe tener muchos días libres).

El punto de partida llega, como decíamos antes, con el suicidio de su hermano Dale, la oveja negra de la familia. Hay muchos intereses involucrados, mucha gente rodeando a los Washberg, como Betty Jo (Jeanne Tripplehorn), esposa del finado y amante de su cuñado, o Marty Brunner (Keith David), un detective privado al servicio de Donald. También hay una empresa, algunos rednecks por demás agresivos, mucho peligro y, tirando de la piola hasta ver qué asoma, el bueno de Lee.

Cada vez es más evidente que cuando Ethan Hawke acepta una serie, se trata de algo que le interesa mucho y de manera personal. Tal fue el caso de la brillante The Good Lord Bird (que si todavía no la vieron, están tardando) y ahora, para ponerse en los zapatos de Lee Raybon, creación –como la serie toda– de Sterlin Harjo, pero inspirada en el periodista real de Tulsa Lee Ray Chapman (fallecido en 2015 con tan solo 46 años). Hawke, también productor de Toda la verdad, inyecta una energía demencial en su personaje –un periodista gonzo en la línea de Hunter S Thompson– y lo hace hilvanar una historia compleja que, como decíamos antes, involucra muchísimos factores y agentes de la sociedad de Tulsa.

No investiga solo el asunto: cuenta con la ocasional ayuda de su hija Francis (Ryan Kiera Armstrong), aunque solo tenga 15 años y, puntualmente, con la aparición de su exsocio, mejor amigo y peor enemigo Wendell (Peter Dinklage en un solo, pero inolvidable, episodio) para desentrañar el misterio. Misterio que rodea a Dale Washberg pero también a unas novelas de Jim Thompson, a los Osage que poblaban este territorio antes de la llegada del hombre blanco, a la comunidad negra del lugar, a fundamentalistas religiosos, en fin, a demasiados elementos como para poder enumerarlos aquí.

Son notables los nombres que rodean esta producción de Harjo y Hawke: desde pesos pesados de la misma novela negra contemporánea como Walter Mosley (el creador de Easy Rawlins y autor de El demonio vestido de azul, entre muchas otras novelas) para escribir un episodio, hasta llegar a Macon Blair (quien también se presta para un pequeño secundario) para dirigir varios episodios. El elenco va más allá de los mencionados (que de por sí valdrían la pena para ver la serie) e incluye –así sea en pequeños episodios– a gente como Tracy Letts, Paul Sparks, Tom McCarthy, Dale Dickey y, en su último papel, el gran Graham Greene.

Cabe reconocer que la serie comienza como una locomotora descontrolada, pero ese ritmo es imposible de sostener más allá del capítulo tres, sin importar cuánto lo lleve adelante el carisma de Hawke. Pero, aunque se torna más pausada, sigue siendo una maravilla de relato, de trama y de resolución. Más importante, su narrativa se compone por personajes tridimensionales (empezando por el propio Lee, que es bastante un desastre), y donde no hay buenos ni malos (bueno, algunos malos sí que hay), solo gente que acierta, se equivoca, gente mejor o peor. Es esta decisión narrativa lo que más conmueve y entretiene, porque hace de Lee Raybon un personaje digno de seguir (ya con una segunda temporada confirmada) y el misterio que se desarrolla (y cierra) en estos diez episodios es un prodigio de neo noir.

Toda la verdad. 8 capítulos de unos 50 minutos. En Disney+.