“Las hojas sirven para el hígado y la flor para los pulmones”, explica Vera Sienra, sentada en el jardín de la casa de toda su vida, cuando inclina hacia ella la rama de un árbol de jurubeba y fundamenta su propia permanencia en ese lugar, a pesar del tiempo y sus novedades, como la construcción de un edificio de varios pisos del otro lado del muro que, hasta las 17.00, expulsará ruidos y temblores sobre las flores y espantará a los pájaros y al último recuerdo de una mañana de armonía.

“Hay ciertos puntos de referencia que uno no puede abandonar”, resume la cantante, compositora y artista plástica uruguaya. “Tengo una hija que se fue a vivir a Shangrilá, que es un lugar precioso. Podría seguirla, porque tenemos una nieta que nos tiene bobos a los dos [su compañero es el periodista Jorge Pasculli], pero prefiero no seguirla. Que sea libre”, dice, y despliega su natural encanto para otro retrato, como si nada pudiera alterar sus dominios. “Yo no tengo ganas de adaptarme”, agrega, mientras enciende un cigarro. “Fumo como un vampiro”, reconoce, y define al hábito como “una pequeña celebración” que no piensa abandonar.

Adentro esperan una bandeja de té caliente y galletas de limón y una charla que casi siempre volverá sobre la esencia de su próxima actuación.

Luego de un año de ausencia escénica, el domingo 12 de abril en la Sala Zitarrosa –junto a Erika Büsch, Gabriela Morgare, Colombia Biasco, Sara Petrocelli, Andrea Diez, Guzmán Escardó, Gustavo Di Landro, Carlos Gómez, Eduardo Yur y Matías Bertinat– Vera Sienra vuelve con Nosotros, en presente, un espectáculo de música y poesía y una creación colectiva nacida en el living de su casa.

Decís que no tenés ganas de adaptarte. ¿Cómo es eso?

Mirá, vamos a no confundir. Uno tiene que avanzar con la sociedad. Si se te viene todo lo que se te viene, vos, ojos abiertos, observá y adaptate. No pelearse con la realidad, porque es lo peor que podés hacer. ¿En qué te digo que no me adaptaría? En que a la hora de pintar un cuadro, o sobre todo para hacer una canción, yo me meta con inteligencia artificial. No es una fórmula que se la puedo dar a una inteligencia. Es una fórmula cardíaca. Es algo que nace, que viene y que uno lo sigue. Y yo no digo “voy a hacer una canción que trate sobre tal tema”. No ha sido así a lo largo de mi historia creativa. En ese sentido, hoy sería un sapo de otro pozo. Hay gente encantada con la inteligencia artificial y que hace cosas preciosas. Pero hay otras que son muy individuales, muy personales, que salen de otro lugar. En ese sentido te lo decía. No es que no me adapte a lo que se viene, porque, además, no me interesa perder el espíritu explorador.

Que forma parte de toda tu carrera.

Lo que sucede hoy en el mundo me interesa enormemente. Y me siento una privilegiada de haber llegado a veterana y poder ser una observadora. Porque me quisiera ir de este mundo teniendo más conciencia. Yo veo, por ejemplo ahora, que están saliendo como si fueran un mar, todos los paquetitos de mierda, de cosas escondidas a lo largo de la historia y podés ver todos los defectos humanos. Es increíble. Es como que se destapó una olla. No solamente de cultura y de inteligencia, sino que se destapó una olla de lo que está detrás. Entonces, yo no puedo dejar de pensar que la visión espiritual que tengo de la vida es que el amor es el sol del mundo. El sol moral del mundo. A partir de ahí me instalo. Ya no tengo 30 años. Yo no sé cómo pensaría hoy si tuviera 25 o 30 años. Sé que tengo un bagaje de siete décadas.

Pero te sentís de espíritu joven.

Por supuesto. No casualmente el espectáculo se llama Nosotros, en presente, y también está la idea de “Arriba los que aman”: así se despedía Gustavo Tato Martínez en sus presentaciones de títeres Gira-Sol, y es una síntesis de cómo nos sentimos los que nos subimos al escenario. Una bandera, te diría. Arriba los que aman. Eso no se puede perder.

Lo que proponés sería como ir a contracorriente de esas cosas que decís que comienzan a salir a flote.

Yo creo que debería estar en la corriente. Si acá la inteligencia no se ve vinculada al amor, ya ves todo lo que está pasando. Creo que es una inteligencia fría, calculadora, brillante, extraordinariamente brillante. Pero si no le pones calidez, si no le pones preocupación por los seres humanos, ¿qué pasa con esa inteligencia? Te chupa a vos. Esa es la visión.

A mí me parece increíble que pueda seguir cantando, y no sé hasta cuándo. Nosotros, en presente empieza con un poema que dice: “Yo soy una niña en un cuerpo viejo / Por eso no juego a mirarme al espejo”. Antes, de niña, era aquello de las bocas, los gestos, todo lo que uno tiene con el espejo, ¿no?. “Yo soy una niña que cuando estoy alegre / espero que el cuco de mí no se acuerde. Yo soy una niña de muchas edades / que sigue comiendo ricos chocolates / Muy desordenada / pero entretenida / Niña por el gusto de vivir la vida”. Y después sigo, pero como para ubicar en lo que tú decís en el espíritu. El alma no envejece mientras vos tengas incentivos, una motivación. Y mientras la vejez te acompañe, no te deje sin poder razonar. Es decir, los riesgos del tránsito del tiempo que todos vivimos y que no es fácil.

También dijiste cuando estaba en el jardín que no pensás dejar el cigarro.

Tengo el vicio del pucho; de joven fumé mucho. Y después que nació mi hija, ahí bajé la cantidad, y me instalé en cuatro o cinco cigarros por día y nada más. Y además, con un tabaco orgánico. Yo me armo mis cigarros. Muchos me dicen: “¿Cómo seguís fumando?”. Es una debilidad con la cual no quiero luchar. Tengo otras causas más fuertes por las que luchar.

A pesar del consejo del sistema médico.

Visitas médicas no hago. Siempre me van a encontrar alguna cosa. Empezás con algo, seguís con otra cosas y no salís más. Y además vienen las obsesiones. Yo no quiero entrar en eso, nunca entré.

Son decisiones también que uno puede tomar. De niña tuve propuestas para tratar la polio. A los 14 años recibimos a un médico del interior, un señor amigo de la familia, que me proponía un tratamiento para mejorar muchísimo mi estado, pero me dijo que tenía que dedicarme con todo al tratamiento y yo pensé: “Si entro en eso mi cabeza va a estar absolutamente ocupada en el tratamiento. Yo no quiero. Quiero pensar en otras cosas y hacer canciones”. Entonces, de una manera muy animal, muy primitiva, decidí qué iba a hacer con mi vida.

Yo no soy un ejemplo para otros. Lo que te cuento es algo muy personal.

¿Por qué decís que no sos un ejemplo?

Porque no aconsejo. Yo ahora te estoy diciendo lo que hago yo. Por ejemplo, no pisar un sanatorio. Tengo una visión de eso y otro día podemos profundizar. Si no, vamos a asustar a todo el mundo.

Puede ser una buena oportunidad. Más que nunca el mundo busca respuestas, o un sentido, entre tanto estímulo.

El sentido de la propia vida, obviamente. Una de las cosas que celebramos con el equipo con el que hemos armado este espectáculo es el compañerismo. Con el tiempo ha crecido nuestro compañerismo, pero lo que nos junta, además de la música, es la preocupación y hasta el dolor físico de sentir cómo vienen las cosas, de pensar cómo fomentar la integración y cómo dar a la gente.

Y lo que tenemos para dar es el dolor artístico. Yo no tengo otra cosa para dar. Tampoco soy millonaria. Estamos en un mundo de patoteros. Ahora hay que ver qué parte de la humanidad no se va a sentir incitada a seguir a esos patoteros y se va a defender. Y los que están dispuestos a defender, ¿en quién se pueden apoyar? Esa es una cosa que me preocupa muchísimo.

¿Y sos de las que espera algo del Estado, de los gobiernos?

Sí, yo tengo confianza; no soy una descreída. Pero también creo que no solo yo me mareo. Los gobernantes también se marean. Y además tienen que enfrentarse a cosas terribles. Cuando el Frente ganó la última elección dije: “¡Pah, lo que van a hacer estos cinco años!”. Sentía que era mejor no haber ganado.

¿Para tanto?

Sí, es una sensación. Y además es muy delicado. Yo por algo no vinculé el arte a la política. Por eso nunca esperé nada del Estado desde el punto de vista artístico. Siempre creí que el arte, la cultura, tenía que estar por fuera de lo político partidario, tuvieras el corazoncito que tuvieras.

Foto del artículo '“Siempre creí que la cultura tiene que estar por fuera de lo político partidario”: Vera Sienra presenta el espectáculo Nosotros, en presente'

Foto: Rodrigo Viera Amaral

¿Por qué?

Para ser libres. Para tener una libertad interna real. Para ver con más claridad, sin la presión de los grupos. Que el grupo fuera el grupo cultural. Y bueno, ahí hay cosas que siguen pendientes: igualdad, libertad y fraternidad. Fraternidad en lo económico, igualdad en la justicia y libertad en la cultura. Eso sigue siendo vigente. Entonces, bueno, muchas veces me he enfrentado a amigas queridas, que han sido muy vocacionalmente políticas y muy metidas en el asunto, y que me han dicho: “¿Cómo podés ser así? ¿Cómo no te vas a meter?”. Yo me meto de otra manera, porque no puedo decir que no me meto, estoy metida, por supuesto.

¿Por qué crees que hoy Uruguay tiene tanta gente en situación de calle?

Hay una cosa muy sencilla y muy difícil: el egoísmo. El egoísmo es un egocentrismo, es decir, miro las cosas en relación con lo mío. Entonces, no comparto, no pienso en los demás profundamente. El egoísmo es una cosa que habría que conversar mucho, porque no nos damos cuenta de la fuerza que tiene.

No la captamos, como tampoco nos damos cuenta de qué es el amor. Nos manejamos como podemos, tanteamos la vida. Y estamos en una época que nos exige, porque creo que es una época que es un gran ataque al ser humano, en su dimensión auténticamente humana.

Yo creo que el hombre tiene un cometido en este mundo, un cometido de evolución. ¿Qué pasa entonces con todos aquellos que quedan relegados? ¿Existe una carrera para recibirse de individuo?

Te enseña la familia, te enseñan los amigos, la experiencia, los libros, pero uno puede ser un gran profesional y no saber nada de la naturaleza humana.

En ese sentido, ¿cuál dirías que fue tu mejor escuela?

El arte. Practicarlo y además recibirlo. Por ejemplo, en las de este espectáculo hay verdaderos tesoros: “La variedad”, de Mariana Ingold; “Menos vos”, de Ruben Olivera; “Al agua”, de Abel García; “Milonga de pelo largo”, de Dino. “Menos vos” es la historia de un niño paria en la escuela, que sufre de lo que hoy llaman el bullying. La canción siempre ha sido un camino directo al aprendizaje.

Se cumplen 90 años del nacimiento de Alfredo Zitarrosa. Quería pedirte un recuerdo de él.

Una de las razones por las cuales elegí la Sala Zitarrosa es por Alfredo, porque, además de ser una sala intimista, es Alfredo. Ese acercamiento a él que yo siento es absolutamente real. Alfredo no se murió, la muerte es un pasaje físico, pero el espíritu de Alfredo está totalmente activo.

Yo lo conocí en 1970. Me acuerdo muy bien porque había construido en el fondo de esta casa un taller donde yo pintaba. Un día viene por acá Enrique Estrázulas, que vivía también en la zona, y me dice: “Verita, te voy a llevar un amigo”. Entonces vinieron los dos, y ahí conocí a Alfredo. Una gran simpatía de entrada, después nos fuimos a tomar algunas copas, y lo considero un tipo... Eso triste que tenía, era un rostro honesto de un preocupado, eso no se lo pudo sacar nunca, esa cosa del “Adagio a mi País”, porque él siempre compuso para otros, naciendo de sí mismo, pero mirando hacia afuera, y en eso me identifico con él.

Llevás puesta una cruz sobre el pecho, ¿qué significa para vos?

Es cristiana, no católica. Con el tiempo creo que comprendí de qué se trató esa crucifixión, esa llegada, esa encarnación en un señor como Jesús. Y aquí estamos.

¿Tuviste algún momento de descreimiento total?

En lo espiritual no, porque nació conmigo prácticamente. Aun cuando me enfermé de polio, en ningún momento puteé. Más bien dije: “Bueno, me tengo que adaptar a esto”. Y tenía ocho años. Pero ¿por qué reaccioné así? Porque había algo ahí detrás de las cosas. Tenía pequeñas experiencias que no se podían explicar y que me fueron acercando. Y además no las conversaba con nadie. Con mi madre, a veces, más en la adolescencia.

Mi madre captó ese mundo. Por algo uno está en lo que está. No creo en los dogmas, creo en la libertad. Creo que una de las cosas más difíciles y complejas de la época es tener un pensamiento libre.

¿Conocés a Rosalía?

Sí, es hermosa. Tiene una cosa angelical, te diría. Se viste como debe vestirse, tiene un rostro hermosísimo, toda su gestualidad es bella y además canta divino.

No sé si escuchaste su último disco pero te voy a compartir una canción, “Berghain”, para que me digas que té parece.

Deslumbrante, de avanzada, conmovedora. Mucho para ofrecer tiene esta corajuda Rosalía.

Una periodista de Radio 3 de España le preguntó a Rosalía si no había en su disco una reivindicación de “un cierto feminismo”. Ella respondió: “Creo que me rodeo de ideas feministas. No me considero moralmente lo suficientemente perfecta como para considerarme dentro de un ismo, pero sí que me inspiran y me rodeo de ideas feministas, desde siempre”. Luego de esa nota recibió muchas críticas por no posicionarse más directamente como feminista. ¿Qué opinás?

Ella es la mujer, la mujer misma que se expresa en lo que hace. No se puede definir. Es un alma femenina activa, vigente, un modo de ser y estar. Auténticamente femenina.

Y en tu caso, ¿te reconocés feminista?

Primero que nada, me considero una humanista. Y después, con respecto a tu pregunta, sí. Las mujeres tienen mucho que andar todavía detrás de sus derechos, de su propia fuerza humana y ser reconocidas como se merecen. Todo lo que sea defender el ser humano es lo que me importa.

El año pasado estuviste complicada de salud. ¿Cómo atravesaste esos momentos?

Bastante complicada, al punto de que tuve que suspender actividades. Porque con un catarro no suspendo. Me agarré unas gripes muy fuertes, después me caí y tuve una lumbalgia. El 2025 fue un ataque brutal y tuve que armarme un caparazón.

¿Y cómo te recuperaste?

Estaba que ya no podía más. Aquello me costaba la vida de una manera brutal, con el riesgo de deprimirme. Y de golpe surge una idea: la comunicación. Los niños, los nietos, los abuelos, y conjugar eso en cuentitos cortos que me puse a escribir. Y eso me levantó. Todos los días escribía algo, y así salí.

Eso verá la luz el año que viene. Me gustaría que se transforme en un libro, pero estamos en una época en la que la voz puede transmitirse de otras maneras, así que tal vez tenga otro formato.

También quería ponerme bien para recuperar las juntadas con el grupo de gente con el que hacemos el espectáculo y que viene acá a hacer música, a charlar y cocinar. Tener que decir “no puedo” fue horrible.

Por lo pronto, me dispongo a estar de buen ánimo para nuestra actuación. A nosotros, los que nos subimos al escenario, nos hace mucho bien. Es como un homenaje callado a nuestros sentires, pero también es un homenaje, una celebración para los demás. Porque la idea es: aunque existan episodios tristes y desoladores, están los episodios de la alegría.

Nosotros, en presente. Domingo 12 de abril a las 19.00 en Sala Zitarrosa. Entradas $ 600 por Tickantel. 2 x 1 para la diaria.