El slasher, ese subgénero del cine de horror tan popular sobre todo a partir del auge en la década de 1980, ha vivido muy particularmente el desarrollo de sus personajes. Si bien la condición de slasher es por demás simple –solo se necesita un grupo de incautos en una situación determinada que serán eliminados con elementos cortantes de maneras bastante horribles–, no lo es tanto la configuración de su figura principal, el asesino.
Dentro de estos, el subgrupo de personajes –enmascarados o no– que buscan a sus víctimas en una fecha específica es bastante numeroso. Jason Voorhees, quien probablemente sea el más famoso, persigue a sus víctimas un martes o viernes 13 (depende del hemisferio), mientras que el decano Michael Myers actúa durante la noche de Halloween y, en tiempos más recientes, el Peregrino (inventado por Eli Roth) ataca en el Día de Acción de Gracias.
Aunque se podría afirmar que para la fecha de San Valentín ya existía esa suerte de minero loco que aparecía en My Bloody Valentine (tanto en la original de 1981 como en la remake de 2009), ahora aparece Heart Eyes (ojos de corazón) para disputar la primacía del terror cada 14 de febrero.
El diseño visual del personaje es bastante original –basta con ver esa máscara y los corazoncitos luminosos como ojos–, pero no es el único elemento novedoso de la película dirigida por Josh Ruben (responsable de la también divertida Werewolves Within) y escrita por Philip Murphy, Michael Kennedy y Christopher Langdon (el equipo detrás de varios éxitos de terror recientes, como Happy Death Day, Freaky y Drop), porque su planteo dentro del género también es innovador. Si bien estamos ante un slasher con todas las de la ley (muertes al por mayor, asesino con truco, víctimas que corren) está desvergonzadamente combinado con una comedia romántica.
El romance se da entre Ally (Olivia Holt) y Jay (Mason Gooding). Ella es una de las encargadas de marketing de una empresa de joyas y él un nuevo empleado que amenaza su puesto. Todos los ingredientes de la comedia romántica están puestos sobre la mesa: se conocen sin saber que trabajarán juntos y se enciende la primera chispa, pero luego la posibilidad de romance se resentirá con la disputa laboral y, por último, la atracción retomará su curso. Todo lo anterior está tamizado por la presencia de un virulento asesino en serie que mata a parejas de enamorados durante San Valentín, que es la fecha en que Ally y Jay se conocen.
Si bien la base de un slasher son las muertes y los sobresaltos, en las comedias románticas pesan mucho los personajes. En esto se destaca la dupla de Holt y Gooding, con sus cruces de diálogos veloces y una innegable química. De hecho, Heart Eyes funciona mejor como comedia romántica que como slasher, ya que cae en varias de las tonterías propias del subgénero, como mostrar comisarías de policía desiertas en pleno Seattle (¡que linda que está filmada la ciudad durante la noche!) y el inexplicable talento para el combate de algunos personajes. Con todo, cumple en gore y en número de víctimas, dos puntos siempre importantes, así que le damos el aprobado.
¿Volverá Heart Eyes, como suelen hacer los asesinos enmascarados del slasher? Por supuesto que sí, tal es su karma: el director Ruben ya anunció que trabaja en el guion de la continuación. Habrá más muertes a manos del asesino de los ojos de corazón.
Heart Eyes. 97 minutos. En Netflix.