Después de que tanto el Kremlin como la Casa Blanca anunciaran el viernes que los presidentes Vladimir Putin y Donald Trump se reunirán en Alaska, con la guerra en Ucrania como tema central, tanto Kiev como los gobiernos europeos que apoyan al gobierno ucraniano declararon su rechazo a que en el encuentro bilateral se resuelva el conflicto bélico en curso con concesiones territoriales.

Esta idea quedó flotando en el aire cuando el viernes, pocas horas después de que se anunciase la cumbre, Trump dijera a la prensa que “habrá intercambio de territorios para beneficio de ambos”. Poco más tarde, en una línea similar, se expresó el vicepresidente estadounidense, James David Vance, que en declaraciones a la cadena Fox dijo que “cualquier acuerdo futuro no va a hacer muy feliz a nadie”.

Según trascendió, el acuerdo que se pactaría entre Putin y Trump en Alaska, territorio que fue ruso hasta 1867, año en el que Estados Unidos se lo compró al zar Alejandro II a cambio de 7,2 millones de dólares, permitiría a Rusia mantener el control de la península de Crimea y tomar posesión de la región del Donbás, en el este de Ucrania, compuesta por las provincias de Donetsk y Lugansk.

Como parte del acuerdo, Rusia se retiraría de las provincias de Zaporiyia y Jersón, las cuales domina actualmente, aunque de manera parcial.

El acuerdo, realizado sin ningún tipo de consultas a otros gobiernos, ni a las potencias europeas ni mucho menos a Kiev, provocó una dura reacción del presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, que dijo que su país “no cederá territorio”.

La preocupación también la tienen los líderes europeos, que desde que tomaron conocimiento de la reunión en Alaska comenzaron a presionar a Trump para que logre involucrar a Ucrania en las conversaciones, algo que el Kremlin no está dispuesto a aceptar.

Este domingo, el canciller alemán, Friedrich Merz, dijo que su país está en contra de cualquier acuerdo que se fragüe “sin que se tengan en cuenta a europeos y ucranianos”. En declaraciones que dio a la emisora local ARD, el líder conservador germano dijo que su gobierno estaba trabajando estrechamente con Washington para intentar asegurar la asistencia de Zelenski a las conversaciones.

“No podemos aceptar en ningún caso que se discutan o incluso decidan cuestiones territoriales entre Rusia y Estados Unidos sin que se tengan en cuenta a europeos y ucranianos”, declaró Merz. “Supongo que el gobierno estadounidense lo ve de la misma manera”, agregó.

En una declaración conjunta emitida en la noche del sábado, los líderes de Reino Unido, Francia, Italia, Alemania, Polonia y Finlandia, junto con la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, enfatizaron que Kiev debe incluirse en cualquier conversación de paz con Rusia.

Zelenski manifestó su satisfacción por la declaración de sus aliados europeos, que insisten en que “el camino hacia la paz en Ucrania no puede decidirse sin Ucrania”.

Pero, más allá de las palabras de Zelenski y sus aliados europeos, Washington y Moscú siguen adelante con los preparativos de la reunión entre Putin y Trump, que será la primera entre los dos mandatarios en este nuevo período del republicano en la Casa Blanca.

La última reunión que Putin tuvo con un presidente estadounidense fue con Joe Biden en Ginebra, en junio de 2021, pero la última vez que el presidente ruso fue a Estados Unidos a entrevistarse con su homólogo de Washington fue en 2015, cuando se reunió con Barack Obama en Nueva York en el marco de la Asamblea General de las Naciones Unidas.

Si bien sobre Putin pesa una orden de arresto emitida en 2023 por la Corte Penal Internacional, en la que se lo acusa de crímenes de guerra por la deportación ilegal de niños ucranianos hacia territorio ruso, el líder del Kremlin no corre riesgo de ser detenido en Alaska, porque, al igual que Rusia, Estados Unidos tampoco es uno de los países signatarios del Estatuto de Roma, que creó la Corte en 2002.