Antillano es integrante de la Corriente Comunes, una organización opositora de izquierda que en su página web manifiesta su “rechazo absoluto a los ataques imperialistas” como el que sufrió el sábado 3 de enero el país, cuando Caracas fue bombardeada y su gobernante, Nicolás Maduro, fue capturado y trasladado a Estados Unidos junto a su esposa, Cilia Flores.
En diálogo con la diaria, el dirigente, que también es docente universitario e investigador en temas de criminalidad y conflictos en la Universidad Central de Venezuela, explica a qué se le llama Cártel de los Soles en Venezuela, dice que la situación en su país es incierta, con “señales preocupantes”, y que lo ocurrido el sábado tomó a los venezolanos por sorpresa. Si bien se hablaba de que era posible “una intervención militar que iba a derrocar al gobierno, o una negociación que iba a mantener al gobierno”, nunca se imaginaron “que iban a ocurrir las dos cosas”, dijo.
Después de los ataques del sábado, ¿tomaron alguna determinación política en la Corriente Comunes?
Hemos venido haciendo cosas. De hecho, ayer nos reunimos con algunos compañeros pensando en definir una política. Pero todavía estamos en plena discusión porque, por supuesto, esto nos agarró a todos un poco de sorpresa. Aunque era un escenario que se esperaba, realmente la resultante fue un escenario poco previsto. Se hablaba de que podría haber una intervención militar que iba a derrocar al gobierno, o una negociación que iba a mantener al gobierno. Nunca nos imaginamos que iban a ocurrir las dos cosas.
¿Cómo es posible que resultara así? ¿A qué lo atribuyen? ¿A que hay un acuerdo entre Delcy Rodríguez y Donald Trump? ¿A que ella actúa obligada?
Bueno, yo creo que los hechos señalan que hay un acuerdo. Eso es un hecho. Si fue antes o después de la detención de Maduro [no lo sabemos, pero] hay un acuerdo. Es muy sorprendente que a las cuatro de la mañana, recién habiendo sido extraído Maduro, el segundo del gobierno, el segundo del chavismo, que es Diosdado Cabello, haya salido a hacer declaraciones desde la calle, sin mayor protección. Eso de lo que habla es de que ya en ese momento sabían que la operación no seguía. Y que este gobierno exista, a pesar de lo que pasó el sábado, significa que hay un pacto para que continúe en el poder el mismo gobierno que estaba hasta el viernes [2 de diciembre] en la noche. Es el mismo gobierno salvo por Maduro. Madurismo sin Maduro.
También refuerzan esto las declaraciones de Trump, lo que dice y deja de decir Delcy. Pero además los hechos. Por ejemplo, la noticia de que se van a entregar 50 millones de barriles [de crudo] a Estados Unidos, que el dinero lo va a manejar Estados Unidos, habla de que en efecto hay un acuerdo que significa la preservación del poder por parte de aquellos que tenían el gobierno, a cambio de gobernabilidad y de darle los recursos venezolanos a Estados Unidos. Eso me parece que está fuera de toda discusión. Ahora, es muy difícil saber si es un pacto de mutuo acuerdo o es una imposición por la vía de la fuerza. Trump ha dicho que en caso de que Delcy no respete el acuerdo va a correr una suerte igual o peor que la de Maduro; por supuesto que esas amenazas son un factor de relevancia.
Yo diría que el chavismo ha perdido mucho. Ha perdido todas sus referencias ideológicas y ahora se desprende de su último velo, que era el antiimperialismo. Que ya de todas formas, con Maduro, bajaba o subía la intensidad de acuerdo con cómo iban las negociaciones o cómo iban las cosas con Washington. Y ahora se ha desprendido de eso.
El antiimperialismo ha quedado únicamente en la consigna de que regresen Nicolás y Cilia. Pero no hay ningún interés en confrontar con Estados Unidos. El chavismo fundamentalmente está cómodo en una situación en que preserva el poder. Se ha convertido en un proyecto fundamentalmente para preservar el poder.
¿Tenía otra opción?
Podría haber otros escenarios. El gobierno podría plantear otros escenarios, de frenar las amenazas norteamericanas, llamar a un gobierno de unidad nacional con sectores amplios para defender el país. Esto le daría la legitimidad que no tiene. Yo creo que el ataque contra Venezuela no tiene nada que ver con la democracia, como lo demostró Trump en sus declaraciones posteriores, y menos con este discurso infundado de la lucha contra las drogas. Ataca a Venezuela porque, justamente por tener un gobierno ilegítimo, era un gobierno que estaba aislado internacionalmente y aislado internamente. Es decir, usando una frase del leninismo, escogió el eslabón más débil de la cadena para intervenir. Pero no tenía nada que ver con la democracia ni con los derechos humanos, sino que era por esta condición de debilidad, de ilegitimidad.
Una cosa que podría hacer Delcy, que es una mujer con una real capacidad de negociación, es llamar a un gobierno de unidad nacional para enfrentar la amenaza norteamericana, comprometerse a llamar a elecciones, liberar a los presos políticos, garantizar los derechos sociales que han sido conculcados, por ejemplo, disponer un aumento general de sueldo y salario, y de esta manera frenar las pretensiones de Trump de convertir a Venezuela en una colonia. Pero dudo mucho de que este sea el camino que escoja el actual gobierno, porque eso significa cosas que no está dispuesto a hacer. Este gobierno que sale de la intervención del sábado apuesta por una transición económica a un libre mercado que ya venía dándose, a la apertura a inversiones extranjeras, a importantes inversiones petroleras norteamericanas.
Todavía no se había despejado el humo en Fuerte Tiuna [donde fueron capturados Maduro y Flores] cuando ya se anunció que dentro de un mes venía una delegación de empresarios petroleros a ver oportunidades de negocio en Venezuela. Entonces es una transición económica sin necesariamente una transición política.
En cuanto a las acusaciones contra Maduro, una cosa que llamó la atención fue que eliminaron la de liderar el Cártel de los Soles, que estaba muy presente en el discurso de Trump [el gobierno argentino llegó a declararlo oficialmente como una organización terrorista], y esto fue excluido de la acusación porque la Fiscalía concluyó que eso no existe. ¿A qué se denomina en Venezuela Cártel de los Soles? ¿Es sólo una práctica de corrupción o es algo más que eso?
Además de mi rol político, yo soy profesor, académico y trabajo justamente el tema del narcotráfico. Esto del Cártel de los Soles es una falacia. Es una etiqueta que se empezó a usar en los años 80, hace más de 30 años, para hablar de la complicidad de políticos y militares con el narcotráfico. Desde ese momento se habla del Cártel de los Soles. Por cierto, quien puso en boga esa expresión fue un importante periodista que después terminó siendo una figura clave del chavismo, que fue José Vicente Rangel [que entre 1999 y 2007 ocupó sucesivamente los cargos de canciller, ministro de Defensa y vicepresidente del gobierno de Hugo Chávez, y murió en 2020]. Él fue un periodista muy prestigiado y fue de los que comenzaron a hablar del Cártel de los Soles.
Esa denominación era una figura más periodística, pero que hablaba de la participación de militares. Eso de “los soles” es porque en Venezuela las insignias de los generales, de los militares de mayor grado, son soles. Entonces hablaba del Cártel de los Soles para referirse a la participación de militares en el negocio. Siempre he dicho que no existe algo como un Cártel de los Soles.
Hay redes, relaciones [del poder] que favorecen, que tienen complicidades en el tráfico de drogas, como ocurre en la mayoría de los países, sobre todo en los países vecinos a otros que son productores de cocaína, como Colombia, países que son un paso obligado. Todo tráfico de drogas requiere cierta complicidad de funcionarios y autoridades.
Ahora, no es un cártel en el sentido en que se entiende esta palabra. Porque un cártel supone coordinación vertical y horizontal, y realmente lo que ocurre en Venezuela hoy en día es que el Estado está muy fragmentado y el mundo del delito está muy fragmentado. Entonces es todo lo contrario de un cártel.
Hay una gran fragmentación, grupos que operan de manera autónoma, en alianza o en confrontación con otros grupos del Estado, de fuera del Estado, hasta tal punto que la participación de Venezuela en el tráfico de drogas, que fue importante en la primera década del siglo, ha disminuido muy significativamente. Esto lo dicen incluso los indicadores de la DEA [la agencia antidrogas de Estados Unidos].
Ha disminuido el flujo de cocaína por Venezuela muy significativamente porque es tal el grado de fragmentación y de turbulencia que incluso a los narcotraficantes no les da la certidumbre necesaria para poder usar el territorio venezolano. Poniéndolo de manera anecdótica, si un narcotraficante soborna a un alto oficial que está encargado de una alcabala [puesto de policía] que está en la frontera, no tiene ninguna garantía de que diez kilómetros más allá no lo agarre otra alcabala de otro oficial que no esté en el negocio inicial, y tenga que volver a pagar, y más allá se encuentre con otro, hasta que alguno le diga que no se puede pasar y lo arreste. Hay gran fragmentación. Incluso el narcotráfico necesita reglas claras.
Al no haber reglas claras hay muchísima incertidumbre y el papel de Venezuela en el tráfico de cocaína ha tendido a disminuir. Por eso esta categoría del Cártel de los Soles es una categoría absolutamente artificial que reflotó la administración Trump para justificar su intervención militar en Venezuela. Incluso ya no habla de eso, o apenas se habla.
Es parecido a lo que pasó en Panamá con [Manuel Antonio] Noriega en los finales de la década de los 80. Esta idea del vínculo del narcotráfico con la política, con los grupos armados, ha sido una de las categorías más falsificadas por los gobiernos, y particularmente por Estados Unidos, para fines muy partisanos. No estoy diciendo que no haya visos en el Estado venezolano de tráfico de drogas, pero pensar que es un cártel perfectamente orquestado, ordenado y coordinado no es más que una fantasía hollywoodense.
¿Cómo está la vida cotidiana en Venezuela? ¿Fue alterada?
Es muy curioso porque es como que no hubiera pasado nada. En la vida cotidiana, tú llegas a Caracas, hay muy poco tráfico, muy poca gente, quizás se parece a una suerte de asueto posnavideño. Hubo muchas compras nerviosas, quizás hubo alguna situación de desabastecimiento, que no sé si actualmente se mantiene. Pero hay una suerte de calma. La vida continúa de manera más o menos regular. La Universidad Central, donde yo trabajo, ha suspendido actividades hasta nuevo aviso. No hay fechas previstas. Debíamos empezar hoy [el miércoles] y no fue así. Pero no hay situación de violencia. De hecho, no hubo manifestaciones de calle ni a favor ni en contra del secuestro de Maduro. Hubo después una marcha, pero tampoco tan masiva como se podría esperar.
Es una situación de normalización, que es un poco la tarea que tiene el gobierno: normalizar y mantener la calma, el orden público. Hay un decreto de excepción. Nosotros realmente vivimos un estado de excepción de facto desde hace muchísimo tiempo. Ahora ese estado de excepción tiene un marco jurídico, que es el decreto de conmoción externa en caso de ataques internacionales, que conculca una serie de derechos y que permite arrestos a todo aquel que haya celebrado la invasión. Eso ha dado lugar a que cuerpos de seguridad, yo no sé si con una orden expresa o de manera espontánea, exijan revisar los celulares de los transeúntes y, si consideran que hay mensajes que celebran la intervención extranjera, se producen arrestos.
Algo parecido ya ocurría. Por ejemplo, ocurrió después de las elecciones el 28 de julio [de 2024], pero se retoma ese estilo ahora. Hay muchísimo miedo, hay una situación de tensión y de muchísima incertidumbre y confusión. Es el mismo gobierno, aunque sin Maduro, y eso genera que la gente esté con mucha aprehensión.
¿Y dentro del gobierno hay una unidad entre los distintos actores, entre Diosdado Cabello y Delcy Rodríguez, por ejemplo? ¿O hay todavía sectores en lucha por el poder?
Lo que pasa dentro del gobierno es una caja negra. Pero pareciera haber unidad, y es una forma de responder ante el ataque norteamericano, a la espera de qué va a ocurrir. En este momento hay muchísima incertidumbre para los actores centrales del gobierno.
¿Hay alguna pista, algún indicio de cómo puede seguir esto, de algún próximo paso, o es todo incertidumbre?
Lo que diría es que hay dilemas, hay encrucijadas. En este momento, el gobierno, y particularmente la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, encara, me imagino, el dilema de plegarse a Estados Unidos –que la ha amenazado además con correr una suerte igual o peor que la de Maduro–, de entregar el país a Estados Unidos o, por el contrario, seguir en la senda de la defensa de la soberanía, pero para eso va a tener que convocar a todo el país, lograr una mayor legitimidad de su gobierno, que es poco legítimo y, por lo tanto, muy débil. Va a tener que plantear una transición política y nuevas elecciones, y no pareciera que está en el ánimo del sector dirigente esa vía.
Si no opera esa vía, lo más seguro es que se termine plegando a Estados Unidos y que el gobierno se convierta en una suerte de consulado, de gobierno consular, al servicio de lo que decida caprichosamente Trump.
¿Es sostenible esto en el tiempo? Trump habló de 18 meses, de años.
En una lógica, digamos, colonial, en la que Venezuela se convierte en una suerte de protectorado de Estados Unidos, custodiado por las cañoneras y con un gobierno que cumple su designio, es completamente sostenible. Por la vía de la fuerza, por supuesto. Pero es un saqueo que terminaría poniendo en peligro prácticamente la existencia del país.
Nosotros advertíamos a aquellos que creían que una invasión norteamericana iba a resolver nuestro problema que era todo lo contrario, que nos iba a complicar de manera exponencial, y eso es lo que está ocurriendo. Podría ocurrir incluso que la intervención norteamericana nos haga hasta añorar a Maduro, porque un gobierno controlado por Estados Unidos, en el que no va a haber libertades, no va a haber democracia, y además no va a haber derechos sociales y se van a llevar toda la riqueza del país...
Así como se desarmaron los discursos favorables a una intervención que sacara a Maduro de la presidencia, también se desinflaron las expectativas de que Trump, como siguiente paso, fuera a colocar a la dirigente opositora María Corina Machado al frente del gobierno. Esa oposición quedó un poco descolocada. Me da la impresión de que no se esperaba esto.
Sí, yo creo que a María Corina Machado le pasa aquello del refrán de que mal paga el Diablo a quien le sirve. María Corina Machado terminó con tal grado de subordinación y obsecuencia a Trump, algo que no ha hecho sino ratificarlo en estos días, que se hace innecesario. Para Trump es preferible negociar con un adversario que con alguien que no le aporta ningún capital, porque es una persona sin poder propio, sin capacidad propia, que está fuera del país y que no tiene nada que ofrecerle a Trump, a diferencia del gobierno que está en Venezuela. La obsecuencia y la falta de autonomía de María Corina hacen que sea un actor político que no tiene ningún peso ni una relevancia en el cálculo de Washington, que fundamentalmente lo que busca es lo que sirva a sus intereses, no a los intereses del país, no a la democracia, no es nada de eso.
Medios estadounidenses publicaron que la CIA le recomendó a Trump que mantuviera este gobierno porque le iba a generar menos problemas en las calles que hacer un cambio de gobierno, que podría implicar desplegar militares estadounidenses y permanecer allí. ¿Eso le parece que pudo haber sido una lectura fundada?
El problema es de origen, la falla es de origen. Porque claro, si el cambio de gobierno era un cambio a través de la fuerza, de las cañoneras, de una invasión externa, justamente el problema que iba a generarse Estados Unidos era que si invadía, iba a entrar en un terreno farragoso que no controlaba, en un conflicto del que no podía dimensionar cuál era su alcance, y todo esto en un año electoral como es este en Estados Unidos [con elecciones de medio término en noviembre].
Con intervención no iba a garantizar ningún cambio sostenible. Yo creo que Estados Unidos lo que esperaba era que hubiese un cambio de gobierno interno, que hubiese un quiebre en el gobierno y que desplazaran a Maduro, cosa que tampoco ocurrió. Así que terminó haciendo esta suerte de resultado híbrido, que es una intervención pero no para cambiar el gobierno, sino para sacar a Maduro y que siga el mismo gobierno.
Si hubiese habido una intervención militar para, por ejemplo, poner a María Corina, tendrían que quedarse aquí los efectivos militares por tiempo indefinido. Sería una situación de muchísima incertidumbre que podría llevar a un escenario parecido al de Afganistán, en el que no gobernaran el territorio y pudieran tener ataques de grupos armados fragmentados, y eso significaba un grave costo para Trump, que había dicho que no iba a involucrarse en ninguna operación militar extraterritorial. Era un problema de diseño si el cambio de gobierno, como quería María Corina, venía por la vía de la fuerza externa y no por la vía de la construcción de una capacidad de la sociedad venezolana para cambiar al gobierno. Esa estrategia de que fueran otros los que le hicieran el favor a María Corina condujo a este dilema de Trump, que terminó pactando con el gobierno de Maduro sin Maduro.
¿Qué se puede esperar a continuación?
En este momento todavía las cosas están definiéndose, estamos viendo qué ocurre. Por ahora las señales son preocupantes. Ojalá que haya un compromiso con la defensa de la soberanía, pero creemos que es un gobierno muy débil, que va a tener pocas posibilidades para eso. Es un momento complicado para el país.
¿Desde el exterior hay alguna posibilidad de incidir?
Desde el exterior se puede hacer mucho, no sólo por Venezuela. El de Maduro era un gobierno impresentable, Maduro era un autoritario, si se le quiere llamar dictador, yo creo que la palabra cabría fácilmente, y todo lo que se quiera, pero terminar avalando una intervención militar, mirar para otro lado o ser indiferente ante una intervención militar para cambiar a Maduro, para llevarse preso a Maduro, lo que termina significando es que se destruyen, son demolidas las reglas que han regulado el orden jurídico internacional.
Este unilateralismo a través de la violencia no tiene precedentes en muchos años. Incluso las invasiones norteamericanas en otros lados habían sido antecedidas siempre por la construcción de consensos, y esta intervención –que además no hubo ningún intento de justificarla, todas las justificaciones fueron realmente precarias, como se demuestra ahora, que la misma Fiscalía norteamericana reconoce que no había algo como el Cártel de los Soles– instala una idea de que Estados Unidos puede hacer lo que le da la gana porque cuenta con el temor, la indiferencia, el silencio o, en el caso de algunos gobiernos, la complicidad internacional. Fíjate que apenas anunciada la captura de Maduro, inmediatamente Trump pasa a amenazar a [el presidente de Colombia, Gustavo] Petro y a los días dice que se va a apropiar de Groenlandia.
Comunes, el Frente Democrático Popular y la liberación de Enrique Márquez
La corriente política que integra Andrés Antillano trabajaba desde hace un año junto con otros partidos de izquierda y de centro, entre ellos el Partido Comunista y sectores escindidos del chavismo, para crear un Frente Democrático Popular que fuera una alternativa a la oposición de derecha liderada por María Corina Machado.
Se unían detrás de la figura de Enrique Márquez, un dirigente moderado que había sido vicepresidente del Consejo Nacional Electoral y que se había postulado a la presidencia por el partido Centrados en la Gente en las elecciones del 28 de julio de 2024, en las que Nicolás Maduro se proclamó reelecto sin mostrar las actas electorales.
Hace un año, el 7 de enero, Márquez fue secuestrado por las autoridades venezolanas, según denunció su familia. El miércoles, cuando la diaria entrevistó a Antillano, Enrique Márquez seguía detenido. Su esposa había podido verlo sólo una vez, en agosto.
Su detención nunca fue formalizada. Según relató Antillano, presentaron un recurso de hábeas corpus y la Justicia lo rechazó: respondió que no había ningún detenido con el nombre de Enrique Márquez. El dirigente dijo también que la detención de Márquez golpeó mucho al proyecto de Frente Democrático Popular.
Esa detención irregular, en la que según, señaló Antillano, no se presentaron cargos y Márquez estuvo aislado de su familia y sin posibilidad de defensa, se mantuvo hasta el jueves, cuando el gobierno que ahora tiene como presidenta encargada a Delcy Rodríguez anunció que liberaría a un “número significativo” de personas detenidas. A última hora de ese día, Márquez fue liberado después de un año de prisión por motivos políticos.
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