El presupuesto nacional establece una matriz básica de distribución de recursos para cada período de gobierno. La presentación del proyecto correspondiente es un acto fundacional: lo que estaba en el territorio de las promesas y los anuncios se convierte en definición de prioridades y concreción de planes.

En la iniciativa que el Poder Ejecutivo entregará mañana al Parlamento, los mayores refuerzos se les destinan a la infancia, la seguridad pública, la salud, los incentivos al crecimiento económico y las personas en situación de vulnerabilidad. Hay, sin duda, otras áreas de gran importancia para la población y el futuro del país que requieren esfuerzos redoblados, pero la situación fiscal y el panorama internacional imponen restricciones.

Como siempre, distintos colectivos intentarán aumentar su porción del reparto y habrá intrincadas negociaciones. Lo deseable es que se desarrollen con seriedad y buena fe, minimizando las chicanas y las tensiones improductivas.

Las controversias sobre la herencia fiscal del anterior gobierno ya tuvieron su momento, en el tratamiento de la Rendición de Cuentas correspondiente al año pasado. Lo que ahora importa no es reeditarlas, sino proyectar el futuro en un contexto indiscutible de déficit, recursos escasos y perspectivas inciertas. Por otra parte, el intento de fabricar un escándalo a partir de lo que dijo en un comité de base el subsecretario de Economía y Finanzas, Martín Vallcorba, es una clara exageración.

En el período pasado, el Frente Amplio (FA) elaboró y aprobó bases programáticas. Varios meses después, su candidato presidencial, Yamandú Orsi, anunció a partir de ellas 48 “prioridades para gobernar”, que en abril de este año fueron concretadas aún más en 63 compromisos. Vallcorba dijo que las bases programáticas no son para un solo período de gobierno y que sería “impagable” alcanzar todos sus objetivos en cinco años. Es opinable si lo dijo de la mejor forma, en el mejor lugar y en el mejor momento, pero el concepto no debería sorprender ni molestar a nadie. Ya en 1971 el FA definió bases programáticas y prometió 30 primeras medidas de gobierno que las bajaban a tierra.

El episodio es, de todos modos, una oportunidad para reflexionar sobre prácticas extendidas en todo el sistema partidario.

En términos ideales, las propuestas políticas surgen del conocimiento directo de la realidad y el aporte de especialistas; luego se busca el modo de comunicarlas en forma sencilla, clara y potente, para que la ciudadanía perciba que son una buena respuesta a sus necesidades.

Cuando gana terreno la intención de decir sólo lo que los destinatarios quieren oír, el orden de los factores altera el producto y disminuye su calidad, junto con la de las campañas electorales, la formación política y la convivencia democrática.

Si además se quiere satisfacer tanto a un núcleo militante como al resto de la población, en vez de proponerse que ambas partes construyan una síntesis, es muy probable que las dos terminen sintiéndose defraudadas. El diálogo franco es más riesgoso al comienzo, pero mucho más seguro y fecundo a largo plazo.