“La historia política del Uruguay no sería comprensible sin la presencia y sin la historia del Frente Amplio. Al mismo tiempo, la propia vida del Frente Amplio es también la historia del Uruguay en estas últimas décadas”. Esta sentencia del general Liber Seregni preanunciaba la incidencia del Frente Amplio en la vida institucional del país de los últimos 55 años, al punto de constituirse en el hecho político más importante y referencia “cuasi” central de la acción política del período. Desde su nacimiento, en febrero de 1971, el Frente Amplio ha sido actor fundamental en la construcción de este tiempo. “Hemos estado presentes siempre”, afirmaba Seregni, “en cuanta instancia decisiva haya tenido que afrontar el pueblo oriental; para defender su soberanía, para recuperar sus libertades, para hacer valer sus derechos”, para reivindicar y consagrar derechos nuevos “y para volver a plantar bien hondo el árbol de la democracia”.
En este medio siglo largo, el Frente Amplio –coalición y movimiento– ha madurado y se ha consolidado como herramienta política que trasciende a los agrupamientos y sectores que le dieron origen y que lo integran. Y ha trascendido a su propia realidad inicial, a partir de una identidad y una mística común, cimentada en una acción política permanente, en una historia de logros y contratiempos, de sueños y desafíos aún a concretar, de liderazgos y símbolos que a todos nos abrazan. Y que se expresa en un sentimiento de pertenencia colectivo: el frenteamplismo.
Sus señas de identidad, sus valores y estrategias, permanecen plenamente vigentes. Más aún: la descentralización, la regla del consenso, la unidad de acción, el debate de ideas, su vocación pacífica y pacificadora y, fundamentalmente, su responsabilidad ética con la mañana siguiente han permeado el entramado sociopolítico del país, contribuyendo fuertemente a una profundización de la democracia. Asimismo, su apelación a la movilización ciudadana, a la participación directa y la solidaridad dibujan un “tiempo final” para la ciudadanía pasiva y contemplativa del quehacer político.
Con el Frente Amplio en el gobierno se impulsaron reformas radicales en diversas áreas: economía, tributación, salud, energía, educación, turismo, digitalización del país, entre otras; y los logros de gestión, tanto nacional como en ámbitos departamentales, fueron múltiples y variados, constituyendo valiosas credenciales. El país vivió el más largo proceso de crecimiento ininterrumpido del PIB desde que se llevan estadísticas; se completó el período más extenso de inflación por debajo de los dos dígitos anuales; el salario real de los trabajadores creció 58%; se redujo en 20 puntos el indicador de pobreza; la Universidad llegó al interior del país; y se consagraron nuevos derechos, solo para mencionar algunos logros.
A nivel institucional, dos hechos a destacar muy especialmente: se dio por tierra con el muro de la impunidad acerca del destino de los desaparecidos en dictadura –que el pacto de Anchorena y la Comisión para la Paz pretendieron institucionalizar–, y el país alcanzó el mayor período de democracia ininterrumpida de su historia, aún en curso. Estos acontecimientos deben llenarnos de orgullo como sociedad, en tanto partícipes generacionales de esta construcción colectiva que conformamos como República Oriental del Uruguay. “Porque si todos los hechos futuros son hijos del presente, hay tiempos como el de hoy que son de una fertilidad fuera de lo común: por lo que proyectan hacia el mañana y por lo que dejan registrado en la historia de los pueblos”.
El tiempo político nos encuentra hoy en una etapa de transición generacional, de readecuación estructural interna y de fortalecimiento programático, como primera fuerza del país a nivel individual por 30 años consecutivos. Firmemente plantados –nuevamente– en el gobierno del país que el presidente Yamandú Orsi encabeza, nuestro desafío de la hora es seguir respondiendo con responsabilidad política, vocación ética y lealtad institucional a las expectativas que la ciudadanía deposita en nosotros. En contexto con la nueva realidad institucional del país, de la región y del mundo. Para seguir avanzando en la consolidación del proyecto con horizonte artiguista, sin dejar por el camino, sin frustrar la participación de todos aquellos sectores y jóvenes generaciones de progresistas y corrientes de izquierda afines, que constituyen la savia nueva de nuestra construcción política.
En este medio siglo largo, el Frente Amplio –coalición y movimiento– ha madurado y se ha consolidado como herramienta política que trasciende a los agrupamientos y sectores que le dieron origen y que lo integran.
Para eso es necesario persistir en nuestro esfuerzo por “un Frente Amplio cada vez más abierto hacia adentro y hacia afuera”; seguir profundizando sobre la convivencia interna; perfeccionando, remozando, acompasando los avances de los tiempos nuevos, elaborando síntesis; para seguir mejorando ese Frente habitable ideal que todos queremos; y hacia afuera, anfitrión respetuoso y creíble para todos quienes se aproximan y nos confieran su confianza. ¡Porque no existe otro proyecto progresista por fuera del Frente Amplio!
Una mención especial para nuestra raíz popular, y el profundo compromiso con la causa de la gente. Debemos perseverar en nuestro esfuerzo, ratificando y sellando –día a día– esa confianza, esa lealtad con la gente, que constituye nuestra esencia; esa histórica unidad de acción con el pueblo, que la derecha tanto teme, y para cuya ruptura trabaja incansablemente. Resultaría imposible explicar la vigencia histórica de la matriz política del Frente Amplio sin comprender esa relación de amor y sangre, de esperanza y compromiso, de vocación constructora de la patria del futuro, entre nuestro pueblo y su herramienta específica. Relación que, por tanto, no debemos descuidar y sí regar constantemente con especial predicamento, en tanto constituye nuestra razón de ser.
Una reflexión final: si difícil resultaba imaginar, en nuestros orígenes, una fuerza política capaz de desplazar a los partidos tradicionales de su histórico feudo electoral, ¡cuánto más descabellada aún aparecía la perspectiva del general Seregni acerca de un nuevo bipartidismo entre un proyecto progresista –el Frente Amplio– y un proyecto conservador –el de “los partidos tradicionales unidos”! La “tozuda realidad de los hechos”, sin embargo, se encargó de confirmar la vigencia del pensamiento del conductor eterno y explica la perspectiva histórica de nuestro nacimiento.
En la instancia del 55° aniversario de nuestro Frente Amplio, plenamente consustanciados con el rumbo humanista y pragmático de los gobiernos del doctor Tabaré Vázquez, y de José Pepe Mujica, que continuamos en el actual gobierno, con la sonrisa cálida del general Seregni en la retina de nuestra alma, y el eterno reconocimiento a la solvencia ético-intelectual de Danilo Astori, vaya a través de ellos nuestro recuerdo emocionado a todos los entrañables compañeros y compañeras (me vienen a la memoria la querible Alba Roballo y Jaime Pérez, un héroe sin estridencias, entre otros) que han contribuido a esta “creación política tan especial, tan única, tan particularmente nuestra, como fue, como es y como seguirá siendo el Frente Amplio”.
A todo el pueblo frenteamplista, nuestro abrazo fraterno y la reafirmación de nuestro compromiso con la mística y la historia, con los dolores y el coraje, con la dignidad y los valores, con la esperanza y los sueños de esta construcción del pueblo que tanto amamos.
Liliam Kechichian es senadora de Fuerza Renovadora, Alianza Progresista.