Hace una semana, fuerzas especiales Delta de Estados Unidos capturaron a Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores. Fueron trasladados a Nueva York y presentados ante el juez federal Alvin K Hellerstein para que los juzgue por conspiración para el narcoterrorismo, para la posesión de armas y para su uso.

En tierras venezolanas la intervención fue acompañada de bombardeos y dejó como saldo decenas de muertos. El gobierno habla de un centenar; según medios internacionales, los ataques mataron a 32 militares cubanos (el círculo de seguridad de Maduro), 24 venezolanos y dos mujeres civiles. A ellos se suman los heridos. Este flujo de información inicial fue acompañado durante toda la semana por nuevos hechos que tuvieron como protagonistas al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y a la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez.

El sistema político uruguayo siguió con atención lo que ocurría. El primer hito tuvo lugar el domingo con la reunión de los ministros del gobierno uruguayo y la declaración del presidente de la República, Yamandú Orsi. El mandatario reafirmó que el país mantiene “una posición histórica” a favor de la “no intervención de ningún país en los asuntos de otro”. En ese caso, recordó lo sucedido en 1965, cuando ante la segunda invasión de Estados Unidos a República Dominicana, Uruguay –que integraba el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas como miembro no permanente– reivindicó esa postura.

En paralelo, los partidos políticos marcaban sus posiciones. Si bien tanto el Frente Amplio (FA) como el Partido Nacional (PN) condenaban la intervención, al igual que el gobierno, los blancos también expresaron su rechazo a “la dictadura de Nicolás Maduro”. En esto último también coincidió el Partido Colorado (PC), que definió su salida del gobierno como “un hecho histórico, largamente esperado por millones de venezolanos que padecieron persecución, prisión, exilio y muerte”.

Esas posturas y sus matices fueron parte del debate público hasta el miércoles, cuando también tomaron estado parlamentario. Allí, en el marco de la Comisión Permanente, senadores y diputados frenteamplistas, blancos y colorados discutieron una posible declaración conjunta sobre lo sucedido el sábado 3. En este proceso de intercambio, finalmente, no lograron llegar a un punto de acuerdo. El senador oficialista Daniel Borbonet anunció en sala: “Estuvimos cerca, [pero] no salió”.

Un punto discordante, según evidenciaron los intercambios parlamentarios, es que la oposición –blancos y colorados– afirman que hay un “sesgo” del oficialismo cuando –según las palabras del diputado blanco Juan Martín Rodríguez– al hablar de Venezuela se cae en “el facilismo” de “únicamente de referirse a los acontecimientos de los últimos días”. Lo que se reclamaba, concretamente, era que se anexara en la declaración una referencia a los presos políticos, la muerte y el exilio de venezolanos como consecuencia de “un régimen que sigue existiendo”, según mencionó el mismo legislador en la cámara.

Esta eventual unidad de la oposición sobre la situación de Venezuela deja entrever matices, al tiempo que plantea algunos desafíos y marca una postura en referencia al gobierno.

la diaria consultó a algunos actores políticos que, tanto por su experiencia como por rol actual, muestran las principales dimensiones de cómo los principales partidos de oposición vislumbran lo que sucede y lo que ha sucedido en Venezuela.

El punto de partida

Luego de las turbulencias que atravesó la cancillería uruguaya cuando estaba encabezada por Francisco Bustillo, su remoción llevó al cargo a Omar Paganini. Hombre de confianza del expresidente Luis Lacalle Pou, el año pasado publicó el libro Democracia y libertad para un mundo en crisis. Entre Trump y Xi Jinping: revolución tecnológica y polarización política. Ahora por fuera de responsabilidades políticas, no deja de poner la lupa en el escenario internacional.

Consultado por la diaria, opinó sobre lo que pasa en Venezuela: “Debemos tener claro que estamos ante un régimen, el chavismo, que es un régimen dictatorial, que ha violado derechos humanos, ha tenido presos políticos durante muchos años, ha alterado elecciones, ha perseguido opositores, y esto no es de ahora, esto es de años y años”. Hizo esos comentarios antes de permitirse alguna apreciación sobre el disparador de la charla, lo sucedido el sábado 3; el excanciller dijo que todo esto “no lo hemos podido resolver” ni los países, ni los organismos internacionales.

Desde su visión, el mejor ejemplo de la dimensión del “problema” aparece sobre la mesa cuando supera los límites territoriales de Venezuela y lleva a una “situación grave”, en la que “ocho millones de venezolanos emigran hacia otros países de América, generando un problema para toda la región”.

Paganini vincula el porqué de la no resolución, en algunos casos, con “diferencias ideológicas”, concretamente cuando aquellos que consideraron a la conducción venezolana “un aliado ideológico” no lo condenaron. El exjerarca de gobierno precisó que esto sucedió aun cuando “es notoria la diferencia entre las fuerzas democráticas de izquierda y el chavismo”.

Durante su período al frente del Ministerio de Relaciones Exteriores, Paganini estuvo acompañado por Nicolás Albertoni. El exvicecanciller y actual senador suplente del PC también dialogó con la diaria sobre la situación en Venezuela. Poniendo foco en el punto de partida, aseveró que “el mundo no empieza el 3 de enero, sino que el 3 de enero es una consecuencia de los 13 años anteriores”. El dirigente político ubica el último hito de ese período en la elección de 2024, cuando, al quedar en evidencia el fraude electoral, “incluso países que estaban alineados históricamente” cuestionaron lo sucedido.

Albertoni destacó la importancia de dar este “contexto” para dejar en claro que “no estamos hablando de una realidad que sería equiparable a la de cualquier otro país”. Explicó que con esto busca dejar por fuera el debate en el sentido de que “si Estados Unidos lo hizo en Venezuela, lo puede hacer en cualquier otro país”. De todos modos, reconoció que no se imaginaba el “desenlace”, que, entiende, “no fue el mejor”.

El Parlamento, la “camiseta ideológica” y la “perestroika latinoamericana”

Los actores políticos más activos a la hora de discutir públicamente y eventualmente respaldar las posturas de sus partidos fueron los parlamentarios. En particular los integrantes de la Comisión Permanente salieron a los medios de comunicación y comenzaron los diálogos internos sobre la fallida declaración. Uno de los protagonistas de este proceso del lado de la oposición fue el diputado nacionalista Juan Martín Rodríguez, quien es el presidente de la Comisión de Asuntos Internacionales de la Cámara de Diputados y se desempeña como secretario general del Parlamento Latinoamericano y Caribeño (Parlatino).

Rodríguez fue uno de los más activos durante la sesión del miércoles, en la que estuvo acompañado por un busto de Luis Alberto de Herrera que ubicó sobre la mesa en el hemiciclo. El pequeño objeto, que habitualmente está en su despacho, fue un regalo del exsenador Luis Alberto Heber. En este caso, el diputado entendió necesario llevarlo porque cree que lo mejor que puede hacer en estas circunstancia “es hacer honor a las más altas tradiciones” que dejó plasmadas el referente blanco.

“El presidente de la República, cuando sale el domingo pasado, lo que trae a colación y en lo que fundamenta la declaración es la doctrina herrerista impulsada en la OEA [Organización de Estados Americanos] ante la invasión a República Dominicana”, señaló Rodríguez. Más allá de esa coincidencia, cuestionó que, a pesar de que “todos citan a Herrera”, no “lo citan de manera completa”. En ese marco, el diputado reivindicó los conceptos de “no intervención, solución pacífica de los conflictos, no injerencia e igualdad soberana de las naciones”.

Partiendo de estas premisas, Rodríguez agregó que “las dictaduras no se caen hablando y mucho menos guardando silencio”. En esa materia, aseguró que en el posicionamiento del PN no pesa “ninguna camiseta ideológica”, algo que a su entender, luego de la intervención, “no fue el caso de todos los partidos políticos”. Valoró que desde el directorio blanco se cuestionara tanto la intervención como al régimen venezolano y aseguró que de cara a la sesión parlamentaria del miércoles se logró que esta visión se extendiera a la declaración que fue presentada como propia de los partidos de la Coalición Republicana, incluido Cabildo Abierto.

Rodríguez coincidió con Borbonet en que “faltó muy poquito” para que el FA se sumara a esa declaración. Reconoció, en ese sentido, que hubo “tirantez dentro del partido de gobierno” en el posicionamiento frente a la situación en Venezuela. “Estamos en una etapa de perestroika latinoamericana”, aseguró, en referencia a la izquierda de la región, utilizando como metáfora el período en el que la Unión Soviética llevó adelante, de la mano de Mijaíl Gorbachov, una reforma interna que alcanzó aspectos políticos y económicos.

“La realidad de Venezuela va a marcar un antes y un después para la izquierda, donde hay una espada de Damocles que pesa, que son los negocios con el régimen; ahí hay más de uno, en otros países y en Uruguay, que si alguno empieza a hablar, va a sentirse afectado”, afirmó Rodríguez. Aseguró que el FA va a tener que elegir entre ser o no ser “un partido que no defienda a dictadores ni a los malandros que hicieron dinero con una dictadura”.

Manifestación en reclamo de la libertad de Nicolás Maduro y sus esposa Cilia Flores, este 9 de enero en Caracas.

Manifestación en reclamo de la libertad de Nicolás Maduro y sus esposa Cilia Flores, este 9 de enero en Caracas.

Foto: Federico Parra, AFP

La crisis del multilateralismo y el control al gobierno

“Lo que pasó es que en este mundo en el que estamos, con el multilateralismo en crisis, Estados Unidos tomó acción por ellos”, lanzó Paganini, retomando la idea de que la intervención fue consecuencia de años de un problema no resuelto. “Nosotros lo que queremos es que haya un avance hacia un proceso de transición a la democracia, lo cual todavía no está claro”, complementó el excanciller, en referencia a que aún “no hay un plan visible o explícito de transición”.

Consultado sobre si lo sucedido implicó un ataque al derecho internacional, el exjerarca dijo que “el derecho internacional en Venezuela estaba mal desde mucho antes”. En ese sentido, recordó que el país caribeño “se excluyó” de la OEA y fue “congelada” su participación en el Mercosur “por violar la cartera democrática”. Tanto no funcionaba el derecho internacional en Venezuela, dijo, que la OEA “ni siquiera se animó a pronunciarse” sobre la última elección.

Los problemas en materia de derecho internacional y multilateralismo, sin embargo, no son privativos de la región. El canciller del gobierno de Lacalle Pou dijo que “en el mundo está pasando un poco lo mismo”, lo que lleva a acciones como la de Rusia en Ucrania, “violando los principios de la carta de las Naciones Unidas”.

“Hay una situación que para Uruguay es mala –y hay que decirlo con todas las letras–, que es que las potencias empiezan a funcionar con la lógica de que el mundo se negocia entre las grandes potencias y los países pequeños no tienen reglas que los amparen”, sintetizó Paganini. En ese escenario, que, según entiende, tampoco le conviene a la región, ve como una salida “tener voces más unidas”, las cuales, a su entender, en el caso de Venezuela “no se están notando”. Consultado sobre si la declaración a la que adhirió Uruguay –con otros países de la región y España– iba en ese sentido, respondió que no, dada la ausencia de referencias a la situación democrática en Venezuela. “Deberíamos estar todos diciendo lo mismo, más que retomando los discursos antiimperialistas”, destacó.

“No me parece positivo”, concluyó el excanciller en alusión a que el gobierno uruguayo no empiece por “reconocer la realidad” que los “sectores progresistas” estuvieron “negando 20 años”. En ese sentido, el posicionamiento uruguayo en los foros internacionales es seguido “de cerca” por los parlamentarios de la oposición, aseguró Rodríguez.

“En lo personal, me satisfizo que el representante ante la OEA, Edison Lanza, hablara de la liberación de los presos políticos”, comentó el diputado nacionalista. “Aspiro a que esas sean las señales que se sigan dando”, agregó. De igual manera, reconoció que en el seno de la Comisión Permanente los legisladores de la oposición analizan convocar por este tema al canciller Mario Lubetkin.

“No lo hemos resuelto, seguramente la semana que viene terminemos de definirlo, pero no lo descartamos”, dijo Rodríguez. Detalló que el objetivo sería “tener de primera mano conocimiento de las acciones y decisiones que están en la hoja de ruta de Uruguay” en relación con los acontecimientos que afectaron y afectan al país caribeño.

El acuerdo Mercosur-UE en la visión de los exjerarcas

“Es muy bueno para la región contar con reglas estables de comercio de largo plazo como es un acuerdo entre la Unión Europea y el Marcosur”, opinó Paganini, luego de que este miércoles el Consejo de la Unión Europea aprobara el acuerdo con el bloque sudamericano. “Estados Unidos con sus impulsos proteccionistas –que no son sólo de Estados Unidos, pero han sido muy notorios en esta administración Trump–, de alguna manera, ha roto la institucionalidad del comercio internacional”, reconoció al profundizar sobre el acuerdo.

“Tener una regla de juego estable con un mercado de 800 millones de personas es algo muy positivo, que nos va a permitir crecer, crear empleo, generar más producción, más productividad, recibir tecnología e inversión”, comentó Paganini.

Albertoni, en tanto, valoró la noticia en el marco de una “geoeconomía en la que parecería que el proteccionismo está pasando a ser la regla por parte de muchos países”. “El multilateralismo padece debilidades, pero hasta ahora sigue siendo el sistema en el que nos tenemos que apoyar y confiar, porque sigue siendo un sistema que crea cierto marco de conversación entre los países”, concluyó.