El problema radica en la existencia de las AFAP. Fue un instrumento fallido e ideológicamente sesgado. Con sana autocrítica, el FA debería reconocer que fue un error no revertir la esencia antisolidaria del nuevo sistema.
Tanto Uruguay XXI como el personal diplomático tienen sobrada experiencia y profesionalismo para llevar adelante la tarea, a pesar del tiempo perdido. Sería recomendable evitar dar versiones que no se ajustan a la realidad.
La concreción de los juzgados de género no solamente evitará el peregrinaje de las mujeres, sino que serán capaces de dar una respuesta integral a la problemática. Pero lo cierto es que no se concretan.
Estas declaraciones muestran un preocupante desconocimiento de la normativa sobre identificación de personas físicas por parte de quienes están mandatados para aplicar las políticas de seguridad en nuestro país.
En definitiva, los vínculos para aprender y para seguir adelante son nuestro mejor sostén frente a la desazón que puede ocasionar esta realidad tan dinámica en la que vivimos.
Lamentablemente, los valiosos conceptos técnicos de “muertes evitables” y “exceso de mortalidad” han sido vaciados de contenido y descalificados, víctimas de la disputa política del manejo de la pandemia.