Un extranjero que haya estado en Uruguay en los últimos dos meses seguramente habrá concluido que visitaba un país de oligofrénicos. En octubre, un partido saca casi 40% de los votos y sus militantes están angustiados, mientras que otro partido saca menos de 30% y sonríe y festeja. Un mes después, se da la situación inversa: un partido accede a la presidencia de la república entre caras largas de sus militantes, mientras que a unas cuadras el partido que pierde las elecciones festeja y canta en las calles.

Podríamos explicarle al extranjero los motivos por los que cada uno festejaba o se amargaba en uno y otro caso, pero seguramente se aburra, no entienda y prefiera quedarse con la idea, más interesante y pintoresca, de que ha visitado un país particularmente ciclotímico. “Cosas de las democracias plenas con legalización de la marihuana”, pensará mientras mira por la ventanilla del avión, alejándose de la bella y verde penillanura suavemente ondulada.

Despejado el resultado, terminado este ciclo electoral de 2019, veamos algunos resultados llamativos que nos dejó el balotaje, y nuevas interrogantes que se abren.

El balotaje más parejo de la historia

Luego de la elección de octubre algunos intuíamos que este balotaje sería el más parejo de la historia.1 Efectivamente, 30.000 votos separaron al Frente Amplio (FA) del Partido Nacional (PN): 47,5% y 48,7%, una distancia muy pequeña, de 1,2% (según datos del escrutinio primario)2. En los anteriores balotajes (ver gráfico 1) las diferencias fueron de entre ocho y 12 puntos porcentuales, muchísimo más grandes que las que se verificaron en 2019.

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A diferencia de octubre, cuando las encuestadoras acertaron el resultado, en noviembre todas anunciaron antes de la veda una distancia mayor que la que finalmente se registró entre la fórmula encabezada por Luis Lacalle Pou y la de Daniel Martínez. La sensación de sorpresa del domingo tiene directa relación con el clima generado por las encuestas. Como un déjà vu, vuelven del pasado varias preguntas: ¿a qué se debe que un error se repita de forma sistemática en cinco encuestas diferentes?, ¿existe un efecto coordinación, se producen cambios importantísimos en los últimos tres días (difícil), o hay un sesgo general de estimación? ¿Hay que regularlas, habida cuenta del poder que tienen en la generación de climas de opinión que terminan incidiendo en el accionar de los dirigentes, la militancia y los votantes?

Luego vinieron los anuncios de las encuestadoras el propio domingo. Aquí la clave es entender que los anuncios que pueden surgir de una encuesta no son dos, sino tres: “ganó Martínez”, “ganó Lacalle” o “no puedo decir quien ganó”. Este último sucede cuando las estimaciones son tan cercanas que sus márgenes de error se solapan. Por lo tanto, y aunque parezca extraño, las encuestadoras que el domingo le “embocaron” no fueron las que anunciaron a Lacalle como presidente, por más que haya sido el resultado final, sino las que declararon “empate técnico”. En una elección tan pareja que, fíjese usted, ni la propia Corte Electoral pudo determinar el ganador ese día, si la encuesta da un resultado tajante es porque está mal hecha. ¿Puede acertar? Sí, claro, como también se puede acertar tirando una moneda al aire, pero esto no convierte a la moneda en un procedimiento correcto de estimación.

Más allá de la reflexión sobre las encuestas, si vamos a la sustancia, esta pequeña diferencia en el balotaje dispara algunas interrogantes: ¿cómo tomarán los diferentes partidos este resultado?, ¿con qué espalda entra al gobierno el PN dada esta pequeña diferencia?, ¿en qué medida le viene bien al FA para posicionarse como un actor fuerte y legítimo de oposición?, ¿en qué medida le viene mal, por tentarlo a caer en la autocomplacencia, anulando un proceso de revisión crítica sobre diversos aspectos propios (el accionar del gobierno, de la fuerza política, del candidato y de su campaña), que parecía evidente hacía una semana, habida cuenta de lo que en realidad ha sucedido (perder 200.000 votos, sufrir la primera caída significativa de votación de su historia como partido político y nada menos que perder el gobierno nacional)?

La pesca de noviembre

Hace un mes analizábamos “la pecera”, a la que definíamos como la cantidad de personas que no habían votado ni al FA, ni al PN ni en blanco o anulado en octubre. A las peceras de 2009 y 2014 se le agrega ahora la de 2019 (ver gráfico 2).

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La conclusión primaria que uno puede obtener es que ambos mejoraron su “capacidad de pesca” con relación a las elecciones pasadas; el PN igualando la performance de 2009 y el FA incluso superando a las anteriores (¿producto de la campaña Voto a Voto?). Estos aumentos tienen como contrapartida la caída de la representación dentro de la pecera de los votos en blanco y anulados (este fue el balotaje con menor crecimiento de los votos en blanco y anulados) o de los que no fueron a votar en segunda vuelta (a diferencia de 2009 y 2014, en 2019 votó la misma cantidad de personas en octubre que en noviembre). Da la sensación de que las peceras fueron atacadas con más ímpetu, con caña de pescar pero también con calderín, red y arpón, logrando que la mayoría de los peces optara por una u otra alternativa.

Podemos ahora dar un paso más, e intentar conocer qué decidieron hacer los peces de Cabildo Abierto (CA) y del Partido Colorado (PC). El que sigue es quizás uno de los resultados más llamativos, porque choca con lo que anunciaban las encuestas y con lo que nos indica el sentido común, por lo que amerita una explicación más detallada.

Una forma de obtener información sobre los movimientos entre octubre y noviembre consiste en realizar lo que se llaman regresiones ecológicas.3 En síntesis, la idea es que a partir de los resultados de los 7.000 circuitos de la elección uno puede hacer una regresión e interpretar las estimaciones de los parámetros como porcentajes de voto de un partido hacia un candidato.

El problema con este tipo de ejercicios es que se puede caer en lo que se denomina “falacia ecológica”, que se deriva de extraer conclusiones individuales a partir de datos agregados. Más allá de las demostraciones econométricas, un ejemplo permitirá transmitir la idea: en el siglo XIX alguien se puso a investigar la relación entre los suicidios y la religión. Analizó datos agregados por barrios y detectó que en las zonas protestantes había más suicidios. Su conclusión entonces fue que los integrantes de esta corriente religiosa eran más propensos a suicidarse. Sin embargo, esta conclusión no era correcta. Lo que pasaba era que los católicos que estaban en los barrios protestantes se sentían aislados culturalmente, y tendían a suicidarse más. Este problema, en donde se infiere de forma incorrecta un comportamiento individual a partir de datos agregados, se conoce como “falacia ecológica”.

Ante este problema uno puede tener dos reacciones: asustarse y no hacer regresiones ecológicas, o hacerlas con cuidado y teniendo siempre en mente el supuesto implícito que hay detrás: que los individuos con determinada característica se comportarán de forma similar en los diferentes circuitos.

De esta forma, asumiendo este supuesto (que en la literatura se conoce como “supuesto de constancia de Goodman”), avancemos con la regresión. Los números que se obtienen nos cuentan, a grandes rasgos, el siguiente relato: la fórmula encabezada por Martínez obtuvo más votos de votantes de CA (alrededor de 30%) que del PC (alrededor de 10%).4 Una pista interesante sobre la que vale la pena seguir profundizando, con técnicas cuantitativas más sofisticadas (metodología de King) o abordajes cualitativos, y que en el futuro haremos con más tiempo y tranquilidad.

De esta pista surgen varias preguntas. ¿Qué relación tiene esta conclusión con la idea de que el apoyo a Martínez aumentó luego del video de último momento de Guido Manini Ríos arengando al Ejército, si la mayor captación –y la que menos habrían detectado las encuestas– fue de CA? ¿Surgió el video como respuesta a una sangría detectada por parte de los dirigentes de CA? ¿Qué capacidad real de “bajar línea” tiene Manini sobre su electorado? ¿Cómo se condice esta conclusión con la noción clásica que todos tenemos en la cabeza del eje izquierda-derecha (que por cierto funciona bastante bien en Uruguay),5 en el que los votantes de CA estarían en la extrema derecha, bien alejados del FA?

El presidente con menor apoyo de la historia

Los dirigentes del PN, de forma esperable y razonable, intentan transmitir seguridad como líderes de un nuevo gobierno. Han ganado la elección con un acuerdo firmado con otros cinco partidos, con los que logran sumar una importante mayoría parlamentaria (56 diputados y 17 senadores).

Sin embargo, una mirada estricta sobre la votación del PN contradice esta pretensión de liderazgo nacional. El porcentaje de votos del partido del presidente es el menor de los últimos 100 años, y es además el único por debajo de 30%: 28,6% del electorado para ser exactos (ver gráfico 3). A esto se le debe agregar que por primera vez un presidente necesitará, para aprobar leyes en el Parlamento, establecer alianzas con por lo menos dos partidos (excluyendo al FA como posible partido para establecer dichas alianzas), y además su gabinete estará integrado por personas de tres partidos diferentes.

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A la debilidad de representación parlamentaria del partido del presidente se suma la debilidad del resultado en el balotaje. Como muestra el gráfico 4, por primera vez en la historia un presidente obtiene en balotaje un apoyo menor a 50% de los votos (situación que, por cierto, también se hubiera dado de haber ganado Martínez).

Esta inédita situación histórica dispara nuevas preguntas. ¿Es correcto derivar de estos resultados la interpretación de un presidente débil?, ¿qué capacidad tendrá el gobierno de hacer un ajuste con una composición legislativa y ejecutiva multipartidaria?, ¿cómo se comportará la coalición multicolor durante los próximos cinco años? Obviamente es pronto y falta que corra mucha agua por abajo del puente, pero como ya hay gente pensando, vale la pena explicitarlo: ¿qué escenario deja este resultado de cara a las elecciones de 2024?

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  1. En el artículo “El balotaje y la pecera”, publicado en la diaria el 1º de noviembre, se puede encontrar esta intuición sostenida en base a análisis de los comportamientos electorales de los dos balotajes anteriores entre el FA y el PN. 

  2. Al momento de escribir este artículo no está cerrado el escrutinio departamental, pero más allá de pequeños movimientos en los números, las conclusiones no variarán. 

  3. Una explicación detallada puede encontrarse en el trabajo “La bandera y el colibrí”, escrito en conjunto con Manuel Flores, Lucía Selios y Santiago Soto, publicado en el libro sobre las elecciones de 2014 del Instituto de Ciencia Política. 

  4. En la edición del martes se presentaron estimaciones similares a partir de muestras realizadas por el equipo de estadísticos que trabaja con la diaria, con conclusiones similares: mayor captación de CA que del PC. Otro resultado que se puede obtener, pero que entiendo menos robusto y por eso lo dejo a pie de página, es que más de la mitad de los votantes de los otros partidos se volcaron por Martínez. 

  5. Ver el trabajo Izquierda y derecha: formas de definirlas, el caso latinoamericano y sus implicaciones, de Luis Eduardo González y Rosario Queirolo.