El martes, cuando asumió la presidencia argentina, Alberto Fernández anunció sus primeras medidas de gobierno. Una de ellas es la de comenzar negociaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI) para renegociar el pago de la deuda, porque, según dijo en su discurso de asunción, Argentina “tiene la voluntad de pagar, pero carece de la capacidad para hacerlo”.

Si bien el ex presidente Mauricio Macri se comprometió a ordenar los asuntos económicos, los argentinos enfrentan una inflación que no deja de crecer, una economía que se sigue contrayendo y una deuda que casi se duplicó en términos de Producto Interno Bruto (PIB). Por consiguiente, también hubo aumento de tarifas, un precio del dólar que se disparó –pese a los controles impuestos por el anterior Ejecutivo–, una caída de las reservas y un desempleo que aumentó.

“La pobreza actual está en los valores más altos desde 2008”, dijo Fernández en su discurso de asunción. Según los datos oficiales, a fines de 2003 la pobreza en Argentina alcanzaba a 58% de la población. El porcentaje se redujo de forma sostenida desde ese año, en el que asumió Néstor Kirchner, hasta el segundo semestre de 2013, cuando fue de 27,4% –los datos del período 2007-2015, período en el que el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) estuvo intervenido, fueron reconstruidos por el Centro de Estudios Laborales y Sociales de la Universidad Nacional de la Plata–.

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A partir de ese entonces el porcentaje de pobreza tuvo altas y bajas, hasta posicionarse en 35,4% en el primer semestre de 2019, el punto más alto desde el mismo período de 2008.

Fernández aseguró que la lucha contra la pobreza será una de sus prioridades, aunque todavía no anunció cuáles serán los pasos a dar en este sentido.

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El presidente argentino dedicó tres frases de su discurso de asunción al PIB y la deuda: “El PIB de 2019 es el más bajo de la última década”; “es el más bajo desde el año 2009”; “La deuda pública en relación al PIB está en su peor momento desde 2004”.

Según los datos del Banco Mundial, Macri comenzó su gestión después de un año de crecimiento del PIB, pero durante su administración el indicador tuvo altas y bajas. Si se cumple la previsión del FMI de que el PIB caerá 3,1% este año, el ex presidente terminó su gestión con el PIB más bajo desde 2010, tras acumular en todo el período una caída de 5%.

A su vez, el crédito contraído con el FMI hizo que se disparara la relación entre la deuda y el PIB, que ya venía creciendo desde 2011, cuando todavía gobernaba Cristina Fernández. Cuando Macri comenzó su gestión, la deuda equivalía a 44,7% del PIB; en el último trimestre de 2018, ese porcentaje aumentó a 86%, según datos del Ministerio de Hacienda recabados por Chequeado.

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“Bajar la inflación a un dígito” fue una de las promesas de Macri en su campaña antes de llegar a la presidencia en 2015, cuando aseguraba que era sencillo lograrlo. Sin embargo, como dijo Fernández al asumir, la inflación actual argentina “es la más alta de los últimos 28 años”.

La intervención del INDEC entre 2007 y 2015 complejiza la comparación de la serie histórica de la inflación, pero si se toman en cuenta los datos de este organismo, de universidades –privadas y públicas– y del Congreso, el 54,48% alcanzado en agosto de este año es el máximo desde 1991, cuando el dato fue de 84%, y se acerca a duplicar los números de 2015, cuando era de 30%.

De acuerdo con el FMI, Argentina terminará este año con una inflación de 57%, la tercera más alta del mundo, por detrás de Venezuela y Zimbabue.

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Íntimamente ligado a este fenómeno está el de los aumentos de las tarifas: una de las primeras medidas de Macri fue terminar con los subsidios que respaldaban su congelamiento, asumiendo que los precios terminarían por estabilizarse. Sin embargo, eso no sucedió y las tarifas se dispararon de forma descontrolada. En julio de 2018, cuando ya se sabía que buscaría la reelección, Macri reconoció que hubo un aumento de 1.000% de las tarifas de los servicios públicos. En ese entonces el diario Clarín informaba que el aumento de la electricidad había sido el mayor (1.300%), seguido por el gas (527%), el agua (512%) y el transporte público (216%). Las tarifas volvieron a aumentar después, hasta que, cuatro meses antes de las elecciones primarias de agosto, el entonces presidente anunció que congelaba las tarifas, pero sin restablecer los subsidios. El fin del congelamiento está marcado para enero, y distintas previsiones estiman que los aumentos irían de 20% a 50% según el servicio.