“La casa era de mi abuela Chela. Ella siempre vivió en este barrio. Cuando fui a abrir algo ahí, un día estaba con mi madre haciendo chocolates y me dice: ¿se habrá imaginado tu abuela que ibas a terminar usando esta cocina para esto? Ahí me di cuenta cómo le tenía que poner”, resume Nuria Ferro. Ella se ocupa del área de dulces y de panificados de La tienda de Chela, mientras su socia, Luciana Lopes Da Silva, surte el buffet y la propuesta principal.

Aunque en un primer momento funcionó como cafetería, hace dos años que abren sólo los fines de semana para ofrecer brunch; dentro de poco piensan extender el horario y quizás, más adelante, sumen los jueves y viernes.

Sobre una estructura base de servicio, los platos concretos va cambiando cada fin de semana. Si el primer contacto con el mostrador abruma por variado, apenas curiosear, las propias cocineras detallan las opciones del día. “Para el buffet de ensaladas, juego, dependiendo de lo que encuentro en el mercado. Me gusta que cada una tenga su personalidad y ahí intervienen las especias, los granos, los frutos secos. Lo pienso para que produzca cosas. La matriz es vegetariana, pero con productos cotidianos podés sorprender”, asegura Luciana. Los que no dejan de figurar son los hummus, los quesos, los porotos pallares con chimichurri, la tarta de carne y alguna vez hubo un muy bien aceptado tostón de rabo con pickles.

Luciana Lopes. Foto: Ernesto Ryan.
Luciana Lopes. Foto: Ernesto Ryan.

Luciana dice que el especial del fin de semana surge de su “qué ganas de...”, de acuerdo al clima o a la carne que quiera incluir, y así ha sacado cazuela de pescado, curry de cordero con granos, pastel de ossobuco braseado con puré de boniatos o “un guiso de lentejas que es de todos los días pero que con ciertos detalles deja de ser el de tu casa”.

A veces, tratando de volver a recetas que se han ido dejando de hacer, se destapa, por ejemplo, con una mazamorra: “Es parecida al locro, no lleva ese zapallo molido y demás, pero es con maíz roto, panceta, chorizo colorado, pata de chancho, orejas. Lo que pasa es que hay público que viene por algo más contundente que las ensaladas, pero a su vez a su familia o a su pareja le gusta más la onda del buffet y se complementa. Por ahí viene que la mayoría de los principales que sugiero son carnívoros y la gente, copada; algunos hasta se llevaron mazamorra para tener en la semana, un cliente compró para su madre”.

Sopa hay siempre, pero cambian las versiones, generalmente vegetarianas y sin lácteos: de lentejas y hongos, de cabutiá y zanahoria, de puerros y papa, de remolacha. En ese paso, como en los demás, es prudente revisar la mesa de panes, que tiene crackers, focaccia, escones de dos tipos, pan de queso y pan de campo, entre otros.

Es improbable que alguien no quede satisfecho antes del remate dulce. Igualmente con la heladera de postres se van los ojos como hacia miniaturas coleccionables: “La idea es que vos puedas probar un poco de todo y hay unos más golosos que otros, porque en un punto es una cocina tan sana que los postres en general pensamos que no lo son. Entonces, por lo menos, tratamos de considerar al que no come harinas, no come azúcar o es vegano, que siempre haya algo para ellos”.

Foto: Ernesto Ryan.
Foto: Ernesto Ryan.

Los que puedan acometer con libertad la zona dulce, sepan que el tres chocolates fue un postre recurrente muy apreciado, lugar que ahora ocupan los rogel, los coquitos y los brownies, que, como la plavlova, tienen que estar o la gente los reclama. Los otros dependen un poco de la imaginación de la pastelera, que procura tener variedad, pensando en los clientes que van seguido. Se puede llegar a encontrar alfajor de gofio, biscotti, y ahora la naranja está deliciosa para hacer crême brûlée de ese sabor, comenta la que sabe.

No figuran en los papeles las preparaciones típicas del brunch, como huevos revueltos, y si bien el buffet es buena parte del plan, como señala Nuria, La tienda de Chela tampoco es un tenedor libre. Prevenidos los estrictos de las definiciones, lo cierto es que la propuesta funciona: “Estoy en el momento en el que la gente se sirve y veo que se asombra de los sabores que encuentra”, cuenta Nuria, encantada.

La tienda de Chela, en 14 de Julio 1357 y Manuel Haedo. Abre de 11.00 a 17.00 los sábados y domingos. Hay tres tipos de tickets: el de $ 580 incluye una pasada por el mostrador de salados y otra por la vitrina de dulces, agua saborizada, jugo de naranja, café, té o cortado, más la panera; el siguiente cuesta $ 680 y suma un plato principal y una copa de vino; y el de $ 450 comprende únicamente el principal y la copa. Por reservas, llamar al 2623 1349. Unas 20 personas pueden almorzar adentro y si el día está lindo, en el frente entran unos diez más. También se puede comprar al peso para llevar.