La premisa no es lo que uno llamaría original: un misterioso hacker conocido como el Fantasma es rastreado por una agencia secreta del gobierno de Estados Unidos en Bangkok, Tailandia. Ante la ausencia de operativos en el lugar y con la confirmación de que el hacker está a punto de abordar un avión y volver a desaparecer, no hay más opción que recurrir a Lucas Reyes (Josh Hartnett), un exagente del servicio secreto absolutamente caído en desgracia y a quien esa misma agencia abandonó en Tailandia años atrás. Absolutamente en contra de su voluntad, Reyes aborda el mismo avión para tratar de identificar al Fantasma entre los pasajeros.
Problema uno: Reyes sufre de miedo a volar (de ahí el título de la película, expresión que podría traducirse muy libremente como “al mal trago hay que apurarlo”). Problema dos: al Fantasma lo busca prácticamente medio mundo, por lo que hay una infinidad de asesinos a bordo del mismo avión, todos tratando de encontrarlo/a y eliminarlo/a.
Como decíamos, una trama sencilla y vista varias veces antes –sin remontarse mucho en el tiempo, el paralelismo con Tren bala (David Leitch, 2022) es evidente, aunque no alcanza a ser tan buena como aquella–, pero aquí funciona muy bien, solventada por el carisma de Hartnett y las brutales secuencias de acción que propone el director James Madigan en su debut en el rol, aunque ya cuenta con años y años de experiencia como coordinador de stunts y escenas de combate.
En cuanto a lo primero, es notable la evolución de Hartnett, batallando desde hace ya dos décadas largas por mantenerse en el estrellato. Surgido como joven promesa y una de las figuras ascendentes a fines del siglo pasado, fue parte del elenco de La facultad (Robert Rodríguez, 1998) y uno de los protagonistas de Pearl Harbor (Michael Bay, 2001), luego enganchó una serie de desafortunadas elecciones (o películas que no funcionaron demasiado bien en taquilla) y lentamente fue desapareciendo.
Esto cambió por completo en 2014, cuando protagonizó –junto con Eva Green y Timothy Dalton– la alucinante serie Penny Dreadful, de John Logan, en la que se reinventaban figuras clásicas del horror y la literatura gótica como Drácula o Frankenstein (a Hartnett le tocó ser el Hombre Lobo). El éxito de esta serie y su consagración entre un nutrido grupo de fans le aseguraron al actor continuidad en años posteriores, trabajando con directores como Christopher Nolan, M Night Shyamalan y Guy Ritchie.
Lo segundo que da mucha fuerza a Fight or Flight es que el director orquesta una serie de alucinantes set pieces en espacios cerrados (y hay pocas cosas más cerradas que una lata de atún volando a miles de metros de altura), donde reluce el desempeño físico de Hartnett, así como el de los muchos especialistas que se le amontonan adelante y reciben trompadas de a montones. En cuanto a estos, el mejor es el increíble chileno Marko Zaror, veterano de la saga John Wick, entre decenas de ejemplos, aquí con una aparición breve, lamentablemente.
Con una cuota justa de humor negro, mucho gore y hemoglobina como para pintar las paredes, Fight or Flight no le cambiará la vida a nadie, pero es una hora y media muy entretenida de acción y comedia, con un protagonista particularmente inspirado. Y eso nunca es poca cosa.
Fight of Flight. 101 minutos. En Prime Video.