Los gobiernos de Uruguay y Brasil han lanzado en los últimos días varias iniciativas y acuerdos para posicionarse de forma “soberana y autónoma” frente a la “disputa geopolítica muy intensa” que se presenta en el mundo, aseguró, en diálogo con la diaria, la ministra de Ciencia, Tecnología e Innovación de Brasil, Luciana Barbosa de Oliveira Santos.

“La defensa de la autodeterminación de nuestros pueblos es a través de la ciencia y la tecnología. La ciencia y la tecnología nos dan más autonomía, nos permiten superar nuestras vulnerabilidades y nuestra dependencia. Por lo tanto, superar la dependencia tecnológica es vencer la dependencia como nación. Por eso es tan importante esta agenda para el Sur global y para los países de América Latina y el Caribe”, destacó.

Durante la visita de Barbosa de Oliveira Santos esta semana por Montevideo se acordó la creación del Centro Brasil-Uruguay de Investigación e Innovación en Ciencias de la Vida, que pretende impulsar proyectos de investigación, el intercambio de especialistas y estudiantes y el uso compartido de infraestructura científica. Asimismo, se lanzó el Programa de Cooperación Latinoamericana y Caribeña en Ciencia, Tecnología e Innovación Pepe Mujica y la Intendencia de Montevideo acordó con el gobierno brasileño un memorando de entendimiento para profundizar la cooperación internacional en materia de innovación tecnológica y desarrollo productivo.

La ministra sostuvo que, a partir de todas estas iniciativas, ambos países tienen “muchos instrumentos” para ampliar la cooperación frente a “desafíos comunes”, como el cambio climático, la transición energética, la inteligencia artificial (IA), los data centers y la transformación digital. “También se encuentran los desafíos de innovar en medicamentos y en la producción de vacunas, los retos de la producción alimentaria y de la mejora de la calidad de los alimentos, cómo incluir a toda la población, mejorar la calidad del empleo y fortalecer la economía”, añadió.

Consultada sobre cuáles son los principales bloqueos que enfrenta América Latina y más concretamente Uruguay y Brasil, la ministra consideró que hay “grandes retos estructurales” y destacó que uno de ellos es la “desindustrialización precoz” que ha afectado a la región, “convirtiendo nuestras economías en grandes exportadoras de materias primas, pero dependientes de tecnología externa”.

“Sin una base industrial fuerte y moderna, la innovación no encuentra el terreno necesario para transformarse en riqueza y empleos calificados. El segundo punto es el valle de la muerte del financiamiento: contamos con excelentes universidades e investigadores, pero nos falta una integración más fluida entre el conocimiento académico y el sector productivo. Superar esto exige un Estado inductor, que utilice el poder de compra gubernamental y el fomento directo para garantizar que la ciencia se convierta en innovación real en nuestras calles”, afirmó.

Asimismo, dijo que a pesar de que, “históricamente, América Latina ha tenido una actitud “reactiva” a los problemas en vez de anticipar los desafíos del futuro, actualmente la región vive un “cambio de paradigma”.

“Programas como el Pepe Mujica, que lanzamos durante esta misión oficial en Uruguay, demuestran que estamos empezando a anticipar los desafíos. Al invertir juntos en nanotecnología, salud y transición energética, dejamos de simplemente apagar incendios, como ocurrió en la pandemia, para construir la resiliencia necesaria ante las próximas crisis climáticas y sanitarias”.

¿Qué mensaje pretenden dar Uruguay y Brasil con la firma de este Centro Brasil-Uruguay de Investigación e Innovación en Ciencias de la Vida y qué problema de futuro buscan resolver?

El Centro Brasil-Uruguay está enfocado en las ciencias de la vida, es decir, en investigación, innovación y desarrollo en el área de la salud. Pero puede ampliar su alcance, su área de conocimiento, porque vamos a unir dos centros importantes: el Centro Nacional de Investigación en Energía y Materiales de Brasil y el Instituto de Investigaciones Biológicas Clemente Estable de Uruguay. Con esto vamos a poder organizar simposios, intercambios para investigadores y desarrollar una cooperación entre ambas instituciones.

También firmamos otro memorando de entendimiento entre parques tecnológicos de Brasil y el Parque Tecnológico Industrial y Científico del Cerro con la Intendencia de Montevideo. Los parques tecnológicos son fundamentales para conectar lo que se produce en la universidad con la industria y el sector privado. De ese modo se utiliza la investigación y el desarrollo de las universidades para traducirlos en productos y servicios. Eso es innovación: soluciones para la vida cotidiana de las personas. Los parques son un ambiente de innovación muy importante para formar jóvenes, estimular el emprendedurismo, mejorar la calidad de vida y fomentar el proceso de industrialización de nuestros países.

¿Cree que este tipo de iniciativas son una forma de defender la soberanía digital y tecnológica de nuestros países?

Sí. Hoy vivimos en un mundo con una disputa geopolítica muy intensa y la manera de posicionarnos de forma soberana y autónoma, defendiendo la autodeterminación de nuestros pueblos, es a través de la ciencia y la tecnología.

La ciencia y la tecnología nos dan más autonomía, nos permiten superar nuestras vulnerabilidades y nuestra dependencia. Por lo tanto, superar la dependencia tecnológica es superar la dependencia como nación. Por eso es tan importante esta agenda para el Sur global y para los países de América Latina y el Caribe.

Por eso también lanzamos una nueva iniciativa de cooperación regional llamada Programa de Cooperación Latinoamericana y Caribeña de Ciencia y Tecnología Pepe Mujica. Pepe Mujica me visitó en 2023 en el Ministerio de Ciencia y Tecnología y buscó precisamente asegurar que pudiéramos tener una cooperación entre la Asociación de Universidades del Grupo Montevideo, que engloba a facultades de América Latina y el Caribe, con nuestro Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico.

Estamos destinando una convocatoria de 50 millones de reales para realizar investigaciones en red sobre diversos desafíos: seguridad alimentaria, transición energética, cambio climático. Con esto retomamos un acuerdo que existía en 2010 y que no había vuelto a implementarse. Es un gran hito: después de 16 años fortalecemos la red de investigación en América Latina y el Caribe y también el Programa de Cooperación en Ciencia y Tecnología, una iniciativa sudamericana de apoyo a actividades.

Además, me reuní con la ministra de Industria, Energía y Minería [Fernanda Cardona] y analizamos la posibilidad de constituir un parque binacional entre Rivera y Livramento, una zona de frontera con Brasil, para desarrollar proyectos comunes, presentarlos a convocatorias y consolidar un futuro parque binacional.

A partir de estos memorandos, considero que tenemos muchos instrumentos para ampliar la cooperación frente a desafíos comunes.

¿Cómo evalúa la situación de Uruguay en ciencia, tecnología e innovación?

Creo que las universidades uruguayas y también la economía tienen todas las condiciones para dialogar con el desarrollo de investigación e innovación que tiene Brasil. Todo esto nos beneficia mutuamente.

No obstante, tenemos desafíos comunes y soy optimista en que podamos avanzar más allá de lo que ya lo hemos hecho, para dar un salto en la calidad de vida, que en última instancia es el propósito de la ciencia: mejorar la vida de las personas.

¿Cuáles son los desafíos comunes entre ambos países?

Son los desafíos contemporáneos: el cambio climático, la transición energética, el dominio de tecnologías disruptivas como la IA, los data centers, cómo capacitarnos frente a la transformación digital.

También se encuentran los desafíos de innovar en medicamentos y en la producción de vacunas, los retos de la producción alimentaria y de la mejora de la calidad de los alimentos, cómo incluir a toda la población, mejorar la calidad del empleo y fortalecer la economía.

¿Cómo se puede evitar que la IA amplíe las brechas sociales que ya existen en América Latina?

La IA atraviesa varias cadenas productivas. Es una herramienta transversal porque se basa en la ciencia de datos. Puede optimizar diagnósticos de enfermedades, mejorar el desempeño escolar al identificar con mayor precisión las causas de la deserción y las dificultades específicas de cada estudiante.

Al cruzar datos, se mejoran los servicios públicos, se integran las políticas públicas y se logra una mayor eficiencia para la ciudadanía. Por eso las soluciones en IA pueden ser utilizadas para el servicio público, para la industria y para el análisis de datos meteorológicos frente a eventos extremos. Su papel debe ser hacer más precisas las políticas públicas y las acciones del Estado.

El gran desafío es integrar a América Latina y el Caribe en infraestructura computacional. La ciencia de datos requiere una infraestructura capaz de procesar y almacenar grandes volúmenes de información.

Hoy en día, los datos residen en nubes, que terminan siendo propiedad de las grandes empresas tecnológicas, y necesitamos tener nuestras propias nubes soberanas para que la inteligencia producida por nuestras naciones generen datos que nos pertenezcan. Al mismo tiempo, debemos desarrollar soluciones que impacten en la vida cotidiana, porque la IA es transversal y atraviesa desde la agricultura y la industria hasta los servicios públicos.

Cuando habla de soberanía digital y “nubes soberanas”, ¿qué pasos concretos ve posibles en el corto y mediano plazo para que América Latina reduzca su dependencia de las grandes empresas tecnológicas?

La dependencia de las big tech no es sólo económica, es una cuestión de seguridad nacional y soberanía de datos. A corto plazo, la medida más concreta es la cooperación en infraestructura compartida. En Brasil, estamos avanzando con el proyecto Nube Soberana (Nuvem de Governo), y Uruguay, con su avanzado ecosistema tecnológico, es un socio natural para crear redes regionales de datos. A mediano plazo, debemos invertir en centros de procesamiento de alto rendimiento (supercomputadoras) y en el desarrollo de software y algoritmos locales. El objetivo no es el aislamiento, sino tener la capacidad de decidir sobre el destino de nuestros propios datos y asegurar que la infraestructura crítica de nuestros países no dependa de llaves extranjeras.

En un contexto de rápida expansión de la IA, ¿qué marcos éticos y regulatorios considera imprescindibles para evitar que estas tecnologías profundicen las desigualdades existentes en la región?

La IA no puede ser un nuevo mecanismo de colonialismo digital ni profundizar las brechas existentes. Defendemos marcos regulatorios basados en tres pilares. Uno de ellos es la transparencia y explicabilidad: el ciudadano debe saber cómo y por qué se tomó una decisión automatizada.

El segundo es la mitigación de sesgos: necesitamos una IA entrenada con datos que reflejen nuestra diversidad racial, cultural y de género, para evitar que los prejuicios se automaticen.

El último es la soberanía lingüística: el desarrollo de grandes modelos de lenguaje en portugués y español es esencial. Regular no es frenar la innovación, sino garantizar que ocurra bajo el mando de la ética humana y del interés público, protegiendo el trabajo y la dignidad de nuestros pueblos.

Desde su perspectiva, ¿cuáles son hoy los principales bloqueos estructurales que impiden que la innovación se convierta en un motor de desarrollo en nuestros países?

Desde mi perspectiva, enfrentamos dos grandes desafíos estructurales. El primero es la desindustrialización precoz que ha afectado a nuestra región, convirtiendo nuestras economías en grandes exportadoras de materias primas, pero dependientes de tecnología externa. Sin una base industrial fuerte y moderna, la innovación no encuentra el terreno necesario para transformarse en riqueza y empleos calificados. El segundo punto es el valle de la muerte del financiamiento: contamos con excelentes universidades e investigadores, pero nos falta una integración más fluida entre el conocimiento académico y el sector productivo. Superar esto exige un Estado inductor, que utilice el poder de compra gubernamental y el fomento directo para garantizar que la ciencia se convierta en innovación real en nuestras calles.

¿Los estados de la región están preparados para anticipar los desafíos del futuro o siguen reaccionando cuando los problemas ya están instalados?

Históricamente, América Latina ha sido reactiva debido a la falta de presupuestos estables para la ciencia y la tecnología. Sin embargo, estamos viviendo un cambio de paradigma. En Brasil, hemos recuperado la totalidad de los recursos del Fondo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico y hemos lanzado estrategias con visión hacia 2030 y 2035. Programas como el Pepe Mujica, que lanzamos durante esta misión oficial en Uruguay, demuestran que estamos empezando a anticipar los desafíos. Al invertir juntos en nanotecnología, salud y transición energética, dejamos de simplemente apagar incendios, como ocurrió en la pandemia, para construir la resiliencia necesaria ante las próximas crisis climáticas y sanitarias.