La arbitrariedad colonial del gobierno de Estados Unidos cortando el suministro de combustible a Cuba es inhumana y paraliza transporte, agricultura y turismo. Un equipo de Naciones Unidas coordinado por Adela Douhan ya mostró, también en Cuba, que los efectos reales de las sanciones económicas afectan directamente a la población más vulnerable mientras las élites se defienden.
Históricamente el socialismo nació de la Revolución francesa y en el siglo XIX se expandió como un movimiento histórico de justicia, igualdad y libertad que radicalizaba los ideales democráticos de la ciudadanía universal. El socialismo era movimiento, no sistema. Siempre se definió como autogobierno y afirmación de autonomía individual plena contra el dominio total del mercado (la mercantilización total del tiempo de las personas), la autoridad del Estado o la autoridad de las familias y el patriarcado. El sistema Estado Partido cubano fue definido como “socialista” porque adoptó el modelo de estatización total, planificación central y partido único que, tras la victoria de Iósif Stalin, se difundió en el planeta. El Estado Partido englobaba economía, cultura y política enteras dentro de una única esfera, sin admitir ni sociedad civil independiente del Estado ni economía privada.
El sistema era conducido por la vanguardia mundial de la Unión Soviética en competencia global con variantes del capitalismo. Durante los años 1970 y 1980, antes de la glásnost de Mijaíl Gorbachov, fue cada vez más evidente la vetustez del modelo que hizo implosión en comparación con los dinámicos tipos de capitalismos desencadenados por las reformas de Deng Tsiao Ping en China o el Doi Moi (la Renovación) en Vietnam. En Cuba, el agotamiento del sistema tras el fin del subsidio soviético, y pese al subsidio petrolero venezolano, fue también visible y se agudizó tras la muerte de Fidel Castro en 2016.
La legitimidad carismática de Fidel –bíblico David contra Goliat– fue siempre la encarnación de la nación contra la colonia, el dilema que ha desgarrado a Cuba y gran parte de las élites y la sociedad desde 1776 (y algo menos a las propias élites de Washington), pero nunca asumió el dilema democracia/autoritarismo ni la posibilidad de una revolución democrática de izquierdas.
La crisis dramática de Cuba combina factores sistémicos y estructurales con factores de coyuntura, autosabotaje reformista y el efecto específico del agravamiento del embargo.
Democracias y transiciones
Entre analistas y medios internacionales es frecuente una percepción errónea sobre el declive o el fin de la democracia reducida a unos pocos países. Esta visión está asentada en indicadores y mapas como los de la Unidad de Inteligencia de The Economist, pertinentes, y en contradicciones y avances de hibridez de regímenes políticos. Sin embargo, es falsa si pierde de vista que en la perspectiva de los últimos 25 años, la democracia, la alternancia y las elecciones competitivas se han vuelto el horizonte normativo con el cual se comparan la mayoría de los países y población mundial.
Los retrocesos en cunas occidentales de las democracias liberales –europea, estadounidense e israelí– con las victorias de movimientos nacionalistas de ultraderecha y el avance hacia el podio de la economía mundial de una potencia de base civilizatoria como China –que no propone un modelo político a los países– suelen ocultar el hecho de que la democracia ha sido apropiada en el sur del mundo y se ha vuelto el sistema naturalizado para dirimir conflictos y encarar el desarrollo en África, Asia y, pese a todo, la propia América Latina. Solamente en África, durante los últimos tres años, hubo progresos relevantes de elecciones competitivas y justicia independiente.1 Pese al retroceso de la ideología Hindutva, India sigue siendo un gigantesco laboratorio democrático; la democracia avanza en Indonesia, el cuarto país más poblado del mundo; y la izquierda democrática gobierna en Tailandia, Malasia, Corea del Sur y Mongolia.
El trumpismo retrocede en Corea del Sur y Brasil, y sus líderes fueron condenados a prisión como responsables golpistas por poderes judiciales independientes. El desempeño en la elección de medio término de noviembre será decisivo en todo el mundo para sus propios aliados directos, como Viktor Orbán, Javier Milei y Santiago Abascal, o indirectos como Vladimir Putin en Rusia. No hay nada parecido a una victoria global de un tipo de autocracia, sino una fluidez peligrosa de diversos conflictos entre democratización, regresiones autocráticas, “hibridez” y fuerzas conservadoras pro establishment.
¿Qué sabemos de procesos de transición económica, social y política después de Núremberg, la implosión de la URSS o el fin de la Guerra Fría? Primero, que las rupturas democráticas son excepcionales y están asociadas a derrotas militares en guerras, como sucedió con Grecia (Chipre), Portugal (colonias) y Argentina (Malvinas).
Segundo, que la mayoría de los procesos de transición nacieron dentro de los sistemas de poder. En España la transición fue dirigida por el jefe del partido único franquista, Adolfo Suárez, y el monarca heredero de Francisco Franco, Juan Carlos de Borbón. En República Dominicana fue dirigido por el premier de Rafael Trujillo, Joaquín de Balaguer.
Tercero, que los procesos fueron pactados, como en Uruguay, o en Chile, con el propio Augusto Pinochet. Las interacciones con las sociedades civiles fueron decisivas pero complejas.
En el caso de los sistemas de Estado Partido, sabemos que han sido procesos de autodisolución de las estructuras. Las élites comunistas, aún fraccionadas, dirigieron la mayoría del inicio de las transiciones hacia variantes capitalistas y democráticas, incluso permutando el poder burocrático con la apropiación privada de grandes medios de producción.
Un Frente Amplio fuerte es un Frente que, por ejemplo y sin negar puntos comunes, acepta la convivencia de visiones muy distintas de la realidad de Cuba y sus desafíos para el conjunto de la izquierda.
¿Cuál fue el papel de la presión internacional? En la URSS, la competencia fue un factor clave; en Alemania y en la antigua Checoslovaquia también lo fue. En varios países la sociedad civil tuvo un papel decisivo en la disolución de los sistemas. Desde Solidarnosc en Polonia hasta los comités civiles en la propia República Democrática Alemana y en toda Europa del Este. La revuelta armada contra el matrimonio Ceauşescu, en cambio, no fue una revolución de la base contra la élite, sino de la élite comunista del Partido Comunista Rumano contra el matrimonio aislado.
La apertura de Barack Obama y las reformas económicas a medio camino con un desarrollo incipiente de la economía privada de pequeñas y medianas empresas crearon una transición empantanada y sin política democrática en Cuba. De acuerdo a diversas fuentes serias, el centro de la discusión entre Washington y La Habana serían reformas estructurales de privatización y apertura de la economía cubana a las empresas de Estados Unidos. Pese a las declaraciones sobre “rendición castrista”, hasta ahora Marco Rubio ganó sin disparar muchos tiros ni misiles en Venezuela y su estrategia se orienta a reducir los riesgos de una iraquización y, en América Latina, de prevenir crisis migratorias masivas como las que podrían desatarse en una crisis violenta del sistema cubano.
Pero la novedad cubana de los últimos años es la aparición de una nueva sociedad civil independiente del Estado, con vertientes asociadas al gobierno de Estados Unidos, otras de derechos humanos, y un variado arco de expresiones de una nueva izquierda social con reclamos democráticos.
Delegación y ayuda
¿Cómo se ubica el Frente Amplio en la crisis cubana? Fernando Pereira es un gran presidente del Frente y un líder político de primerísimo nivel en todos los roles que ha desempeñado o desempeña. Pero él, como la dirección del Frente, ha comprado la noción politológica extrema de que el Frente Amplio es un partido. En la academia esa discusión refería a las leyes de lemas uruguayas, moderadas con las reformas electorales de 1996, pero vigentes en el aspecto esencial y único en todos los regímenes electorales del planeta de sumar bajo el mismo techo a listas de distintos partidos (algo imposible en el resto del mundo). Contra la idea de “partidos coalición” postulada por estudiosos como Luis Eduardo González y César Aguiar –con todo lo que ello supone para comprender la complejidad para asumir definiciones claras en políticas públicas o empujes reformadores–, en la academia uruguaya ganó una idea “línea Romeo Pérez-Carlos Pareja”, que concibe los lemas como verdaderos partidos.
En el caso del Frente Amplio, este salto semántico ha tenido efectos prácticos complejos. En la política internacional siempre se aceptó que no era posible ni deseable la unidad cuando existían visiones del mundo diferentes y, por tanto, visiones de la democracia, la nación y las sociedades deseables diferentes, que el Frente jamás buscaría disciplinar. Esta aceptación de una pluralidad irreductible y felizmente irreductible es la que verdaderamente hizo posible al Frente en plena Guerra Fría, cuando se unieron los democratacristianos de Juan Pablo Terra a un lado del Muro de Berlín con los comunistas de Rodney Arismendi al otro lado. La compulsión actual de unidad sobre temas de fondo es destructiva de la esencia del Frente y obliga a falsas disciplinas de falsas unidades a todo el mundo, provocando incomodidades incontables. El pluralismo permitió sobrellevar con toda comodidad la caída del comunismo de la URSS y Europa del Este. A la hora de la verdad, este falso consenso es un verdadero problema con Cuba.
Un Frente Amplio fuerte es un Frente que, por ejemplo y sin negar puntos comunes, acepta la convivencia de visiones muy distintas de la realidad de Cuba y sus desafíos para el conjunto de la izquierda. Pero eso no es lo que sucede cuando se termina en la obligación de consensos falsos y anodinos en nombre de una “unidad de partido”.
Cuba es una realidad en proceso dentro de todas las fuerzas de izquierda, que también cambiaron –y en Uruguay, en la relación con la democracia o el proyecto de desarrollo–, porque tampoco la Revolución cubana ni el mundo en que tuvo lugar ni los cambios de modelos de desarrollo fueron idénticos en 70 años.
Por supuesto que hay que enviar ayuda humanitaria urgente a Cuba, en lo posible gestionada por organizaciones independientes de Naciones Unidas. Pero ¿queremos apoyar en serio salidas de las crisis y la fortaleza de la independencia nacional de Cuba aproximando el fin del embargo? Los mensajes y diálogos importan. En materia política, una delegación de la izquierda uruguaya madura y en serio visitando Cuba debería entrevistarse con amistad y fraternidad tanto con todos los representantes del sistema cubano de poder y el Partido Comunista de Cuba (PCC) como con personalidades y organizaciones independientes de la sociedad civil –sean o no simpatizantes del Frente Amplio de Uruguay– que piden libertad. Toda la solidaridad contra el embargo y el autoritarismo según lo pida el pueblo organizado en libertad.
Eduardo de León es sociólogo.
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En Senegal, Botsuana, Ghana, Zambia, Gambia, Sudáfrica y Namibia se consolidaron alternancias y tribunales constitucionales que fueron decisivos, mientras que Cabo Verde, Seychelles y Mauricio tienen los mejores puntajes mundiales de la democracia. ↩