Asoman vientos de cambio en México; de fuerte cambio. En las elecciones presidenciales del 1° de julio “está en juego una recomposición de las élites”, afirma el ministro de la Suprema Corte de Justicia José Ramón Cossío.

Si Andrés Manuel López Obrador (AMLO para todos) es efectivamente electo presidente,está planteado que esa transformación se intente. Las encuestas le dan hoy 48,2% de la intención de voto y 27,5% a quien le sigue, Ricardo Anaya, del tradicional Partido Acción Nacional (PAN), que ya estuvo en el gobierno. Con esas cifras y considerando abstenciones, grado de participación y la posición mucho más reducida de las otras fuerzas (le sigue con 19,5% el oficialista Partido Revolucionario Institucional, PRI), el modelo electoral del diario El País de Madrid le da a AMLO 91% de posibilidades de ser electo.

Cossío, que en entrevista con El País manifestó discrepancias con el candidato López Obrador (renunciará al asumir la nueva administración, el 1° de diciembre), afirma que estas elecciones marcarán inevitablemente “uno de los momentos más definitorios de nuestra historia reciente, porque no es una contienda solamente entre candidatos, entre grupos, sino que lo que estamos discutiendo, a fin de cuentas, es un proceso de recomposición de las élites”. Ese reacomodo es, a su juicio, necesario. “Si las élites que estuvieron en un determinado momento gobernando tuvieran legitimidad moral, política, etcétera, no se presentaría una necesidad de recambio”.

El de López Obrador es un discurso fulminante contra el privilegio, la corrupción y la clase política, algo que viene a satisfacer una necesidad planteada, según el semanario The Economist: “México, como otros países ricos, hoy quiere políticos más drásticos”. Y: “Muchos mexicanos han dejado de creer que cualquiera de los dos partidos políticos que gobernaron México en el último siglo [el PRI, nuevamente en el gobierno con Enrique Peña Nieto, y el hoy opositor PAN] harán algo respecto de los horrores de la violencia”. Agrega: “Hoy están confrontando a un presidente de Estados Unidos que quiere terminar con el libre comercio, deportar a millones de mexicanos, hacer el muro y forzar a los mexicanos a pagar por él. López Obrador propone una robusta respuesta con su propia incorruptibilidad, y al nacionalismo de Trump [le responde] con un ardiente nacionalismo propio”. El semanario, debe recalcarse, es un paradigma del libre comercio, la globalización y el liberalismo cultural a ultranza.

Según AMLO, el PRI “es corrupto y cínico”, y el PAN, “corrupto e hipócrita”. A él lo tildarán de “populista” y se pueden vaticinar abundantes especulaciones sobre si su triunfo en México revierte la tendencia continental –o tal vez mundial– de abandonar los populismos.1 El otro tema que presumiblemente se planteará es si AMLO es efectivamente de izquierda, como él mismo se define, y qué es la izquierda en México.

La Revolución mexicana, iniciada en noviembre de 1910, es el acontecimiento político y social más importante del siglo XX para ese país, y en él nace su izquierda. Es un proceso fuertemente atravesado por el caudillismo, los procesos internacionales de la izquierda (el trotskismo, la Tercera Internacional, el respaldo a las luchas nacionalistas del continente americano, el sufrir la amputación de su territorio por parte de Estados Unidos2). Al día de hoy los mexicanos no se ponen de acuerdo sobre cuándo terminó el período revolucionario, lo cual es elocuente acerca del debate interno en referencia a la propia historia: si en 1917, con la forja de la Constitución, si en 1920, con la presidencia de Adolfo de la Huerta, si en 1924, con la presidencia de Plutarco Calles, si en 1940, según el académico Alan Knight.

El PRI, que gobernó y estructuró el Estado mexicano monopolizando el poder entre 1929 y 2000, vació de contenido a la Revolución mexicana, y en la evidencia generalizada de esto es que debe leerse que hoy tenga el apoyo de menos de un quinto de la población.

Si se toma la elemental lucha contra la desigualdad social para medir el carácter de izquierda y la necesidad de ella en el panorama político, se encuentra con que México es un país muy desigual, tanto que integra el 25% de los países más desiguales del mundo. Un reciente informe de Oxfam3 señala que la mexicana es la economía ranqueada como la número 14 en poder del mundo, pero de sus 123,5 millones de habitantes (65,2 bajo los 29 años), 45 millones, 11,3%, viven bajo la línea de pobreza. Los cuatro mexicanos más ricos poseen 9,5% del Producto Interno Bruto (PIB) del país. Se trata de Carlos Slim (77.000 millones de dólares), Germán Larrea (13.900 millones de dólares), Alberto Bailléres (10.400 millones de dólares) y Ricardo Salinas (8.000 millones de dólares). En 2002 sólo tenían 2% del PIB. Entre 1996 y 2014, el PIB sólo ha crecido al 1% anual, lo cual es elocuente sobre la fuerte apropiación de la riqueza de los más ricos.

A esto se agrega que la estructura fiscal está orientada a gravar más el consumo que el ingreso, ya sea personal o empresarial. Esto implica, según señala Oxfam, que “hogares pobres pueden terminar pagando más impuestos que los hogares ricos, pese a exenciones en algunos productos”. Agrega que la falta de competitividad económica y el débil marco regulatorio es “escenario ideal para el abuso por parte de empresas con cierto poder monopólico u oligopólico”, ejemplificándolo con el caso de Slim en el sector de las telecomunicaciones.

Señala además altas tasas de desempleo juvenil y de violencia relacionadas con pocas oportunidades de trabajo y de estudio. Mientras el gasto familiar en la educación privada es deducible de impuestos, la educación pública tiene una estructura edilicia deficiente (31% de los locales no tienen agua potable, 13% no tiene baños y 11,2% no tiene conexión eléctrica) y está mal equipada: 61% de los locales no tiene acceso a computadoras y 80% no tiene conexión a internet.

Respecto de la violencia notoriamente imperante en México y su relación con la decadencia del sistema político, Cossío hace, en la entrevista mencionada con El País, una apreciación interesante: “Después de muchos años de hegemonía de un partido político, de una ideología nacionalista simple, pero eficaz, para los propósitos que perseguía, se ha ido mostrando un país más diverso, plural y, desafortunadamente, más enconado. La política hace muchos años se pudo haber servido de la delincuencia. Hoy me parece que la delincuencia está entendiendo que puede servirse de la política. Se mata a personas cuando se sabe que cierto funcionario público o va a ir en contra de uno o va a apoyar a una banda rival”.

El hombre

La candidatura de AMLO ya enfrenta campañas que promueven el temor ante su triunfo. Según The New York Times, los empleados de un gran almacén de lujo del multimillonario Bailléres fueron advertidos del “riesgo de triunfo electoral de un populista”, y lo mismo hizo el magnate minero Germán Larrea. A su vez, López Obrador se reunió con el Consejo Coordinador Empresarial y logró entendimiento sobre puntos en común y diferencias, y “se limaron asperezas”, según El País del 6 de junio.

El candidato tiene una trayectoria que lo avala en el limar diferencias con los empresarios. En los cinco años en que fue el jefe del gobierno del Distrito Federal, a partir de 2000, “se llevó bien con empresarios y desarrolladores”, afirmó Agustín Barrios Gómez, del Consejo Mexicano de Relaciones Exteriores, citado por The Economist. Su gestión se caracterizó por construir caminos para la circulación del transporte colectivo e introdujo una pensión universal para los ciudadanos, con lo que la deuda pública “aumentó un modesto 9%”. De esa gestión emergió con una popularidad de 85%, que lo catalogó como el segundo alcalde más popular del mundo.

Nacido en 1953, Andrés López Obrador tiene su origen en la modesta clase media mexicana. Estudió hasta el nivel preuniversitario en Villahermosa, donde instaló una tienda de ropa y zapatos a la que llamó Novedades Andrés –lo que sería un buen título para el proceso en puerta–. Luego cursó Ciencia Política y Administración en la UNAM, donde se recibió en 1987 con una tesis titulada “Proceso de formación del Estado Nacional en México 1824-1867”.

AMLO ocupó cargos en el gobierno de Tabasco bajo la administración del PRI, incluyendo cinco años en los que vivió con la comunidad indígena de Chontal –que tiene un idioma propio– como funcionario del Instituto Nacional Indígena.

Su carrera política tiene como eje la intención de construir una fuerza de izquierda. Desde un Frente Amplio Progresista, AMLO se integró en 2006 al Partido Revolucionario Democrático, PRD, y desde allí denunciaría “la usurpación” de la bandera revolucionaria por parte del PRI. Presidiría el PRD entre 1996 y 1999.

López Obrador se transformó en figura nacional tras perder las elecciones para gobernador de Tabasco en 1994, como candidato del PRD, una escisión hacia la izquierda del PRI, y en 2012 rompería con el PRD por el apoyo de este a Peña Nieto. Se supo alinear con los maestros en oposición a la reforma educativa promovida por el gobierno nacional, y se destacaba por ser un opositor intransigente a medios para modernizar la economía como el NAFTA, y a abrir el mercado eléctrico a privados, como impulsó Peña Nieto en 2014. “Privatización es sinónimo de robo”, decía en ese momento, y lo reiteró en el libro escrito para esta campaña electoral: 2018: la salida.

El hoy candidato a ganar la presidencia supo apoyara Peña Nieto en enero de 2017, en su intención de visitar a Donald Trump, y luego lo apoyó cuando este canceló la visita ante un tuit insultante del presidente estadounidense. Sus héroes son los ex presidentes Benito Juárez, Francisco Madero y principalmente Lázaro Tata Cárdenas, recordado por nacionalizar campos petrolíferos de Gran Bretaña y Estados Unidos en 1938, nacionalizar la industria del petróleo y hacer una reforma agraria mediante la que expropió grandes superficies que dio a cooperativas de campesinos.

Hoy AMLO es candidato a la presidencia por tercera vez, y a su agrupación la bautizó Morena, por Movimiento Regeneración Nacional. Como su estructura es fundamentalmente él mismo, los fondos electorales públicos que recibe pueden ser utilizados de forma concentrada en la promoción de su figura, que en definitiva es su propuesta. Se presenta acompañado de dos fuerzas, el Partido del Trabajo y el Partido del Encuentro Social, agrupados en una coalición de ambicioso nombre: Juntos Haremos Historia.

Su propuesta política está elaborada en los términos más simples, de modo de tener el mayor alcance posible. Vale la pena observarla con cierto detalle. En su libro 2018: la salida plantea efectivamente una recomposición de las élites, pero jamás en esos términos. En cambio, reitera que “la corrupción es el principal problema de México. Por esta razón, convoco a todos los mexicanos, mujeres y hombres, pobres y ricos, pobladores del campo y de la ciudad, religiosos o librepensadores, a construir un acuerdo nacional y a hacer de la honestidad una forma de vida y de gobierno”.

“Con esta nueva forma de hacer política, y con un recto proceder, no hará falta aumentar impuestos ni seguir incrementando la deuda pública, y estoy seguro de que mejorarán las condiciones de vida y de trabajo”.

“Si triunfamos en el 2018 y llevamos a cabo los cambios que proponemos, a finales del sexenio, es decir, en 2024, habrá un nivel de bienestar y un estado de ánimo completamente distinto al actual. Tendremos una sociedad mejor, no sólo por lo que vamos a construir entre todos y desde abajo en el plano de lo material, sino por haber creado una nueva corriente de pensamiento, por haber consumado una revolución de las conciencias que ayudará a impedir, en el futuro, el predominio del dinero, del engaño y de la corrupción, y la imposición del afán de lucro sobre la dignidad, la verdad, la moral y el amor al prójimo”. Parece una oración.


  1. El populismo, que hoy se usa como imputación denigrante de gobiernos, es en verdad una categoría política que cobra actualidad cuando los partidos políticos estructurados como fuerza orgánica pierden su capacidad de convocatoria, para reemplazarla con, por ejemplo, el diálogo directo entre el líder y la masa; y en ese planteo el pueblo es, en sus necesidades, fuente de toda verdad. Ver al respecto el clásico Diccionario de política, de Bobbio y Matteucci. 

  2. Los hoy estados de California, Nevada, Utah, Nuevo México y Texas, y parte de Arizona, Colorado, Wyoming, Kansas y Oklahoma. El Tratado de Guadalupe-Hidalgo, oficialmente llamado Tratado de Paz, Amistad, Límites y Arreglo Definitivo entre los Estados Unidos Mexicanos y los Estados Unidos de América puso fin a la guerra iniciada con la anexión de Texas por Estados Unidos en 1846 y se firmó en 1848, y por él México cedió más de la mitad de su territorio: 2.378.539,45 de kilómetros cuadrados. 

  3. Confederación internacional formada por 17 organizaciones no gubernamentales nacionales que realizan labores humanitarias en 90 países. Su lema es “trabajar con otros para combatir la pobreza y el sufrimiento”.