¿Fue la situación económica, de seguridad? ¿Fue la fórmula presidencial, el perfil del candidato? ¿Hubo deficiencias en la movilización partidaria, falta de entusiasmo, carencias a la hora de proponer nuevos rumbos? ¿Fue el bono demográfico, que favoreció al Frente Amplio (FA)? Todas estas preguntas rondaron el proceso de autocrítica del Partido Nacional, que tuvo su última instancia regional el sábado pasado en Maldonado. Y sobre todas estas interrogantes arroja datos e hipótesis un libro publicado recientemente por el Departamento de Ciencia Política (DCP) de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República y la Fundación de Cultura Universitaria, que analiza el ciclo electoral del año pasado.

Elecciones y comportamiento electoral en una democracia de partidos. Ciclo electoral 2024 en Uruguay fue editado por los politólogos Diego Luján y Daniela Vairo y contiene 11 artículos de distintos académicos; algunos de ellos ponen el foco en los factores que llevaron al triunfo del FA en noviembre de 2024, con distintas miradas y explicaciones posibles. La pregunta que atraviesa las reflexiones es por qué, pese a indicadores económicos positivos –incremento del empleo y baja de la inflación, entre otros– y a la alta popularidad del entonces presidente Luis Lacalle Pou, el oficialismo no logró ser reelecto.

El foco en las personas

Valeria Ripoll es “una buena tipa, con inquietudes sociales”, “para mí no pesó nada” en la derrota del Partido Nacional, opinó el exintendente de Maldonado Enrique Antía en la actividad de autocrítica del sábado. Otros referentes nacionalistas, como el senador Sebastián da Silva, opinaron tras la derrota electoral que su elección como compañera de fórmula de Álvaro Delgado fue “un error de trazo grueso”. En cambio, no se puso tanto la lupa en el propio candidato; eso es lo que hacen algunos de los artículos del libro del DCP.

Por ejemplo, el de los editores del libro, Luján y Vairo, titulado “Elecciones 2024 en Uruguay: revisando el comportamiento electoral en una democracia de partidos”, menciona, entre otros factores que incidieron en el voto, las características personales del candidato del FA y hoy presidente de la República, Yamandú Orsi, y las de Delgado. Las encuestas de opinión pública no sólo arrojaban mayor simpatía hacia Orsi, sino que también Orsi era considerado por la población “más competente, con una mayor capacidad de liderazgo y, especialmente, más honesto que Delgado”. En tanto, la decisión de designar a Ripoll como compañera de fórmula, “en el mejor escenario, no contribuyó a ampliar la base electoral” de la coalición.

“La incapacidad de la fórmula del PN encabezada por Álvaro Delgado para capitalizar indicadores de aprobación de la gestión presidencial de Lacalle Pou muestra hasta qué punto las personas importan, a veces, más que los partidos y otros agentes colectivos”, sostienen los autores.

En el artículo “La segunda vuelta de la elección presidencial en Uruguay 2024: la campaña y su desenlace”, los politólogos Adolfo Garcé y Jaime Yaffé argumentan que la victoria del FA en el balotaje se debió a la combinación de un conjunto de factores que van desde el resultado de la primera vuelta (que determinó una composición del Parlamento en la que el FA tiene mayoría en una de las cámaras y la Coalición Republicana no tiene mayoría en ninguna) y los perfiles de los dos candidatos presidenciales, pasando por los aciertos y errores de ambas campañas, y por comportamientos de referentes locales y militantes en el territorio.

En términos de las candidaturas, sostienen que la de Orsi “terminó siendo más efectiva que la de Delgado” y que “suplió la falta de manejo y experiencia en temas nacionales con empatía y cercanía”. En cambio, “la propuesta de Delgado no generó ilusión por ser demasiado continuista, pero, además, por ser excesivamente moderada”.

El foco en los partidos

El ciclo electoral 2024 constata que los partidos políticos siguen siendo muy importantes en Uruguay a la hora de la definición del voto. “La uruguaya es una democracia de partidos que, pese a mostrar algunos signos de desgaste, se mantiene firme en medio de un clima de época regional y global adverso”, se destaca en la introducción del libro.

Los lentes partidarios condicionan la manera en la que evaluamos fenómenos como la situación económica, la seguridad o el incremento de las personas en situación de calle, advierte el artículo “Determinantes del voto en Uruguay: identificación partidaria, economía y nuevas agendas en las elecciones de 2024”, de Rosario Queirolo y Román Sugo. El objetivo de los autores fue analizar los factores más asociados a la decisión de voto en octubre de 2024.

En primer lugar, la percepción sobre la economía de la población permaneció en niveles bajos durante el gobierno de Lacalle Pou. Pese a que los indicadores macroeconómicos presentaban señales positivas para el oficialismo, como se mencionó, “la recuperación económica pospandemia fue desigual y los quintiles de ingresos con menores ingresos no experimentaron recuperación salarial”, indican Queirolo y Sugo.

Los resultados de uno de los modelos puestos a prueba por los autores “se alinean con los enfoques que conciben el voto como una decisión racional basada en evaluaciones sobre el desempeño económico del gobierno”. “Las personas que califican la economía como ‘mala o muy mala’ presentan una propensión significativamente mayor a votar por el FA, en comparación a quienes la consideran ‘muy buena o buena’. Incluso quienes expresan una evaluación intermedia (‘ni buena ni mala’) tienden a mostrar una mayor inclinación hacia el FA”, apuntan.

Sin embargo, a continuación, advierten que las evaluaciones sobre la situación económica pueden estar influenciadas por las preferencias político-partidarias de los propios votantes. Al incorporar una variable que capta la cercanía partidaria y controlar por este factor, se observa que “el efecto de las percepciones económicas sobre la intención de voto al FA se reduce, aunque se mantiene significativo para quienes califican la situación económica como ‘mala o muy mala’. Esto sugiere que, si bien el malestar económico continúa asociado al apoyo al FA, parte de esa relación se explica por la identificación política con el FA”, sostienen los autores.

Por otro lado, concluyen que la simpatía personal por Orsi también es un factor que incide. Quienes expresan simpatía hacia Orsi presentan una probabilidad casi ocho veces mayor de votar por el FA.

“De manera coherente con la evidencia previa, la mayor propensión a votar por el FA se observa entre quienes manifiestan una mayor cercanía partidaria y una autoidentificación ideológica más orientada a la izquierda. En conjunto, estos resultados reafirman la centralidad de los alineamientos identitarios y afectivos en la competencia electoral uruguaya contemporánea”, concluyen.

Detallan que los resultados del estudio muestran que los factores que explicaron en mayor medida el voto en 2024 fueron las cercanías partidarias, la autoidentificación ideológica (orientación hacia la izquierda) y la simpatía hacia Orsi. En cambio, otras variables como la percepción de la economía actual o la aprobación presidencial no tuvieron peso significativo. “Esto indica que, en presencia de alineamientos partidarios y orientación ideológica, el peso de factores coyunturales y sociodemográficos se reduce notablemente”, afirman Queirolo y Sugo.

Esto explica, en su opinión, cómo a pesar de “los indicadores económicos positivos y la alta aprobación del presidente Lacalle Pou, los cuales otorgaban un escenario positivo para la reelección del gobierno, los y las uruguayas no votaron de acuerdo con la teoría del voto económico, y el Frente Amplio ganó la elección”.

La cercanía partidaria no sólo explica el voto, sino, como se mencionó, las propias evaluaciones sobre los fenómenos económicos y sociales. Los autores señalan que “cada vez es más la evidencia de que las propias evaluaciones de la economía están influidas por las identificaciones partidarias”, y que “los lentes partidarios también influyen en la visibilización de situaciones de pobreza y delincuencia”.

Por tanto, concluyen, y se trata de una conclusión significativa de cara al próximo ciclo electoral, que “en un sistema de partidos políticos estable como el uruguayo, con el electorado dividido en bloques casi del mismo tamaño, uno situado a la centroderecha y el otro a la centroizquierda, la activación de identificaciones partidarias es crucial para la competencia electoral”.

Se trata de una interpretación en línea, por ejemplo, con lo manifestado por el actual intendente de Maldonado, el nacionalista Miguel Abella. En diálogo con la diaria, el referente departamental llamó a que el PN se pregunte por qué recuperó 300.000 votos en la elección departamental y le fue mal en la nacional, y mencionó la cercanía y la movilización partidaria como elementos fundamentales.

Yaffé y Garcé afirman en su artículo que la militancia frenteamplista “volvió a jugar un papel clave” en esta elección, “estimulada y organizada con antelación por la presidencia del FA desde que la asumió Fernando Pereira en 2022”. “Mientras tanto, los referentes locales de los partidos de la CR no siempre estuvieron tan activos como durante las fases anteriores del proceso electoral. A ello hay que sumar que la inclusión de Ripoll en la fórmula presidencial generó un problema adicional en la medida en que su designación desconcertó y desmotivó, al menos inicialmente, a una parte importante de la militancia nacionalista”.

En la misma línea que Queirolo y Sugo, en el artículo de Luján y Vairo se destaca que uno de los rasgos de continuidad que arrojó el pasado ciclo electoral es que “los partidos muestran, por ahora, una notable capacidad de resiliencia”. “Pese a los importantes desafíos que enfrentan los partidos en el mundo, en Uruguay siguen gozando de niveles aceptables de identificación ciudadana y de confianza que convierten al país en una excepción regional”, resaltan.

Foto del artículo 'Las elecciones de 2024 mostraron que los partidos continúan fuertes, pero hay mayor personalización y cambios en el voto joven'

El foco en la sociedad

El primer artículo del libro del DCP apunta a factores estructurales que pudieron haber incidido en el triunfo del FA. En “¿Crónicas de una coalición distributiva imposible? Claves estructurales de la derrota electoral de la Coalición Republicana”, de Fabricio Carneiro y Fernando Filgueira, se observa el fenómeno del voto con relación a las “tensiones distributivas”. Teniendo presente que un gobierno no puede beneficiar a todo el mundo, y que en el caso de Uruguay los gobiernos llegan al poder de la mano de coaliciones sociales heterogéneas, es clave cómo se resuelven las pujas distributivas.

Los autores afirman que a lo largo de 2023 “quedó claro que la recuperación económica fue altamente desigual”. “La crisis económica argentina, con una fuerte devaluación frente al peso uruguayo, impactó negativamente en la competitividad de pequeños y medianos empresarios en las zonas fronterizas y en el turismo, sectores que ya venían golpeados por la pandemia. La falta de respuesta del gobierno a estas problemáticas contribuyó a acentuar la desigualdad en la recuperación salarial y en los ingresos de los hogares. Los sectores de menores ingresos no experimentaron recuperación salarial ni mejora en sus ingresos durante todo el período”, señalan.

Un punto similar, pero en clave de crítica al gobierno de Lacalle Pou, fue mencionado por la comisión departamental del PN en Florida, que en un documento dirigido al directorio nacionalista advirtió que “los salarios más sumergidos no experimentaron mejoras significativas en todo el período” y, como consecuencia, “se deterioró la percepción de bienestar en el ‘bolsillo’ del trabajador”.

Carneiro y Filgueira apuntan que la coalición de gobierno “llegó a la segunda vuelta electoral de noviembre de 2024 con serias dificultades para responder a las demandas sociales pospandemia”. “El enlentecimiento del crecimiento económico, el impacto de una prolongada sequía y una distribución del ingreso regresiva, favorable a los sectores más altos, afectaron negativamente el desempeño electoral de la fórmula Delgado-Ripoll, percibida como expresión de continuidad”, indican.

Finalmente, concluyen que el hecho de que el FA tenga “mayor cohesión interna y madurez institucional” y que sea una coalición que articula “sectores vulnerables con clases medias integradas, en lugar de vincularlos con sectores medio-altos y altos” como en el caso de la Coalición Republicana, lo hace “más viable electoralmente”. “En los últimos 20 años, el FA ha mostrado una ventaja estructural sostenida frente a la centroderecha en términos de retención y consolidación de apoyo electoral. En otras palabras, los pisos electorales de ambas coaliciones son asimétricos, con el FA habitualmente más cercano al umbral de votos requerido por las reglas electorales, especialmente en instancias de balotaje”, añaden, si bien mencionan algunos desafíos para el FA, como el hecho de integrar en mayor medida a su coalición a los sectores informales, por ejemplo.

Luces amarillas para el FA: jóvenes se inclinaron por Delgado y erosión de la marca partidaria

Luján y Vairo, además de mencionar líneas de continuidad en el ciclo electoral 2024, marcan algunos cambios, por ejemplo, la forma de vinculación con la ciudadanía de los políticos, que “empiezan a adaptar sus discursos e imágenes a nuevas herramientas para la persuasión y movilización electoral”, así como algunas diferencias en el comportamiento de los votantes más jóvenes.

Estas diferencias prenden luces amarillas para el FA de cara a los próximos ciclos electorales. El análisis de Luján y Vairo arroja que, entre aquellos nacidos antes del 2000 (mayores de 24 años), casi 52% votó a Orsi en el balotaje, y apenas el 35% a Delgado. En cambio, entre los menores de 25 años, “esas proporciones se alteran drásticamente”: mientras un 49% votó por Delgado, apenas un 38% lo hizo por Orsi.

“Esto sugiere hasta qué punto las pautas de socialización política pueden haber ido cambiando con el paso de las generaciones, así como la relativa fortaleza del PN para captar a las nuevas generaciones de votantes y el relativo envejecimiento de las generaciones más volcadas al FA”, indican Vairo y Luján.

Entre los jóvenes también se observa una mayor personalización de la política: predomina el voto basado en el candidato (fue la razón principal del voto, con el 36,2%, mientras el partido político fue la principal razón para el 31,9%). En cambio, entre el resto de los votantes la razón principal del voto fue el partido político (38,4% frente a 33% del candidato). “Estos resultados van en línea con el avance del personalismo y sugieren un desgaste en una función básica de los partidos políticos como es estructurar las preferencias electorales de los ciudadanos”, señalan los autores.

Además, afirman que los datos sugieren “una cierta erosión de la marca partidaria Frente Amplio”, ya que mientras en 2019 “una amplia mayoría de los votantes señalaban al partido como la principal razón del voto por Martínez”, en 2024 fueron los votantes de Delgado quienes expresaron “mayoritariamente al partido como principal razón de voto, con una magnitud del 48,4% apenas mayor que en el caso de Orsi (47,6%)”. “Esto sugiere dos derivaciones: por un lado, el candidato del FA tenía más atractivo que el que suponían algunos análisis previos a las elecciones, que lo presentaban como un candidato sin encanto personal; y, por otro lado, que el PN aprovechó de buena forma los cinco años encabezando el gobierno de coalición para fomentar la construcción partidaria, en particular de militancia y estructura y el valor de la etiqueta del partido”, sostienen Vairo y Luján.

“Un claro sesgo de género”

Un último aspecto a mencionar del pasado ciclo electoral, que muestra que, en algunos puntos, Uruguay no es una excepción a nivel regional y global: el artículo de Carneiro y Filgueira apunta que en la votación de 2024 “se observa un claro sesgo de género: las mujeres tienen mayor probabilidad de apoyar la fórmula de izquierda en ambas regiones (Montevideo e interior), con una diferencia aún más pronunciada en Montevideo”. “Este patrón refleja un fenómeno global de feminización del voto progresista y masculinización del voto a la derecha, particularmente visible en el ascenso de partidos populistas de derecha. Se trata de un realineamiento respecto al sesgo de género tradicional observado a mediados del siglo XX, cuando las mujeres tendían a adoptar posiciones más conservadoras que los hombres”, afirman los autores.

Elecciones y comportamiento electoral en una democracia de partidos. Ciclo electoral 2024 en Uruguay. 258 páginas. Fundación de Cultura Universitaria, 2025.