La visita del presidente Yamandú Orsi a China es un hecho que no puede leerse como un viaje presidencial más. Dadas las características del país asiático (población, economía, capacidades, entre tantas otras), su peso en el sistema internacional, su rol clave para el comercio uruguayo, y el actual contexto de tensión y reestructuración del orden internacional, la visita merece especial atención.

El viaje tiene un fuerte simbolismo para ambas partes, debido a que se enmarca en la conmemoración de los 38 años del restablecimiento de relaciones diplomáticas. Al tiempo que da continuidad a una política exterior de Estado sostenida desde 1988, ya que todos los presidentes uruguayos han visitado el país asiático y que, a pesar de sus diferencias, buscaron profundizar el vínculo bajo un criterio pragmático, centrado en intereses concretos más que en afinidades ideológicas. Además, 2026 es un año importante para Uruguay a nivel internacional, ya que asume las presidencias pro tempore del G77 (organización de países en desarrollo de Naciones Unidas), de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) y del Mercosur. Todas ellas tienen importancia en las relaciones con China, lo que aumenta el rol articulador de nuestro país y su capacidad para colocar temas en la agenda de dichos espacios. La oportunidad está dada sobre todo en el Foro China-Celac y en el Mecanismo de Diálogo Mercosur-China.1

A nivel bilateral, se destacan la asociación estratégica firmada en 2016, la adhesión uruguaya a la Franja y la Ruta en 2018 y la elevación de la relación a asociación estratégica integral en 2023. Por otro lado, ambos países han desarrollado un entramado amplio de comisiones que muestran una multidimensionalidad de las relaciones, ya que van de temáticas como el comercio, la agricultura, la fundamental cuestión sanitaria y fitosanitaria, cooperación científica, consultas políticas e incluso un mecanismo específico de cooperación antártica, entre otras.

A estos niveles se suma un tercero, menos visible pero cada vez más activo: el nivel local. Este proceso ha sido impulsado en gran medida por la estrategia multinivel china, pero en Uruguay adquirió mayor dinamismo a partir de la asociación estratégica de 2016. La mayoría de las intendencias han firmado algún tipo de acuerdo con contrapartes chinas. Desde el primer hermanamiento entre Canelones y la provincia de Shanxi en 1992, se contabilizan 24 vigentes y cerca de 50 acuerdos de cooperación amistosa. Aunque estos vínculos suelen priorizar lo cultural, lo educativo o lo deportivo, en algunos casos se observa una correlación con el interés de empresas provinciales chinas en los territorios involucrados.

En otro orden, a nivel comercial China es para Uruguay el primer socio en exportaciones e importaciones de bienes en 2025.2 Dicha centralidad ha llevado a que sucesivos gobiernos uruguayos insistan en un tratado de libre comercio (TLC), lo que ha generado tensiones sobre todo con los socios del Mercosur. Esta tensión no es nueva y revela el dilema estructural de un país inserto en un esquema regional con ritmos y prioridades divergentes. Cabe destacar que, a pesar de los frustrados movimientos al respecto, se han constatado logros importantes en los protocolos de acceso al mercado, un aspecto clave por el perfil de exportaciones de Uruguay.

En cuanto a las inversiones, no se registra un número importante ni significativo en nuestro país. Sin embargo, esto no implica ausencia de interés –de hecho, desde la década de 1990 puede constatarse la disposición china a invertir sin éxito en sectores clave como puertos y trenes–.

Es en este contexto que la visita presidencial puede generar oportunidades concretas más allá de las tradicionales vinculadas al comercio de bienes primarios. Por ejemplo, el rol que puede tener la industria del software o la industria láctea. El sector financiero chino, ausente en Uruguay, es otro terreno a explorar. Y la cooperación educativa y científica sigue siendo un pilar insustituible, desde los vínculos históricos impulsados por el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria hasta la cooperación universitaria y la creación de laboratorios conjuntos, un instrumento que crece aceleradamente en la región.

Más allá de los acuerdos que se firmen, este momento nos permite poner la atención sobre algo clave: China, como Asia en general, no debería quedar reducida a un hito aislado, sino incorporarse a un proceso permanente de vinculación, no sólo estratégico sino proactivo. Se debe comprender la centralidad de este espacio por las próximas décadas. Hacerlo a tiempo es clave para no quedar relegados ante el siglo de Asia, con una mirada parcial del mundo centrada exclusivamente en el Atlántico. Frente a una realidad estructural difícil de modificar, y con la perspectiva de ampliar los márgenes de acción, sólo resta pensar y construir una estrategia colectiva.

Andrés Raggio es secretario general de la Asociación Latinoamericana de Estudios de Asia y África. Candidato a doctor en Relaciones Internacionales por la Universidad del Salvador, Argentina. Miembro del Consejo Uruguayo para las Relaciones Internacionales, Red Iberoamericana de Sinología y miembro del Consejo de la Asociación Internacional Confuciana. E-mail: [email protected]


  1. En el caso del Mecanismo de Diálogo entre el Mercosur y China cabe resaltar que Uruguay ha impulsado desde la presidencia pro tempore un mayor acercamiento desde su primera reunión en 1997 con el gobierno de Julio María Sanguinetti, pasando por Tabaré Vázquez en 2018 (VI) y Luis Lacalle Pou (VII) en 2024. 

  2. Según el informe anual de Uruguay XXI de 2025, este país fue el principal destino de las exportaciones de bienes uruguayos (26%), destacándose por la concentración en bienes con bajo valor agregado (carne, soja y celulosa). Al mismo tiempo, China fue el principal origen de las importaciones (26%), entre las que se destaca la compra de bienes con alto valor agregado (maquinaria y equipos electrónicos, vehículos y partes, y productos químicos).