“Queremos asegurar que el hemisferio occidental se mantenga razonablemente estable y lo suficientemente bien gobernado como para prevenir y desalentar la migración masiva”; “queremos garantizar nuestro acceso continuo a ubicaciones estratégicas clave”; “negaremos a competidores extrahemisféricos la posibilidad de desplegar fuerzas u otras capacidades amenazantes, o de poseer o controlar activos estratégicamente vitales en nuestro hemisferio”; “la elección que todos los países deberían enfrentar es si quieren vivir en un mundo liderado por Estados Unidos, de países soberanos y economías libres, o en uno paralelo en el que estén influidos por países del otro lado del mundo”.

Estas son algunas de las ideas incluidas en la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos, que promete hacer cumplir “la doctrina Monroe para restaurar la preeminencia estadounidense” y sintetiza los objetivos del país en el hemisferio, bajo la consigna de “incorporar [aliados] y expandir [su presencia]”. Alineado con su estrategia, el gobierno de Donald Trump concretó el ataque militar contra Venezuela y la captura del presidente Nicolás Maduro y de su esposa, Cilia Flores, y reimpulsó su intención de tomar el control de Groenlandia. Asimismo, dentro de fronteras, recrudeció el accionar del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés), que, en lo que va del año, mató a dos ciudadanos estadounidenses en la ciudad de Minneapolis.

A propósito del ataque militar de Estados Unidos a Venezuela y sus pretensiones con el hemisferio, la diaria consultó a la ministra de Defensa, Sandra Lazo, acerca de si la coyuntura actual influye en el vínculo entre las Fuerzas Armadas uruguayas y las estadounidenses y, en ese marco, en el ingreso de estas últimas para ejercicios de cooperación o instancias de capacitación. Lazo afirmó: “Lo que nosotros entendamos que tiene que caminar –que muchas veces son cosas que tienen que ver con aspectos académicos o técnicos– seguirá andando y analizándose como se analizó siempre”.

“Cuando son algunas cuestiones que merecen, desde el punto de vista parlamentario, tener la anuencia, se mandará –tratando de que sea en tiempo y forma– al Parlamento. Lo demás sigue corriendo como está, porque, que yo sepa, no hemos roto relaciones con ningún país”, dijo la ministra.

El senador del Partido Nacional y exministro de Defensa Javier García también consideró que las operaciones que se realizan con militares de otros países “se atienden caso a caso, se analizan caso a caso”, por tanto, “no hay ningún cambio por vía genérica”. En ese sentido, en diálogo con la diaria, el exministro recordó que el actual gobierno, “por la vía de los hechos”, desistió de participar en 2025 en el ejercicio naval multinacional Unitas, organizado por Estados Unidos, luego de cinco años consecutivos de participación durante el gobierno anterior.

El ingreso de tropas estadounidenses a Uruguay

La presencia de militares extranjeros –normalmente de Estados Unidos– en Uruguay suele generar polémica en el ámbito parlamentario, el poder encargado de aprobar las venias para el ingreso –o la salida– de militares uruguayos y la realización de operaciones o maniobras de fuerzas extranjeras en territorio nacional.

Al comienzo de la actual legislatura, en abril, y a solicitud del gobierno saliente, el Parlamento aprobó el ingreso al país de diez efectivos de las fuerzas especiales de Estados Unidos para participar en un evento conjunto denominado “J-CET”. El Frente Amplio (FA), que en ocasiones anteriores había votado en contra, acompañó la venia por razones de “diplomacia” y para no generar un problema al gobierno entrante, según se argumentó en ese momento.

En setiembre, la polémica giró en torno al ingreso sin autorización parlamentaria de un contingente de marines estadounidenses. Desde el Ministerio de Defensa Nacional se argumentó que se trató de un intercambio de carácter académico, que no incluyó maniobras militares, por lo que se interpretó que no requería la anuencia del Parlamento. Más recientemente, cinco militares de la Guardia Nacional de Connecticut y un integrante del Comando Sur brindaron un ejercicio de simulación de ciberataque en el que participaron funcionarios de entes y ministerios, además de personal militar.

El diputado colorado Maximiliano Campo, integrante de la Comisión de Defensa Nacional, señaló a la diaria que “hay que aprobar el ingreso de tropas”, ya sea “de Estados Unidos, China o Japón”, siempre que “se nos dé una explicación racional” y sea “útil para el país o diplomáticamente correcto”. “No es un tema de ideología”, sostuvo Campo, y marcó que por esa razón no intervino en el debate en torno a la autorización de ingreso de un buque hospital de la Armada china.

Aunque fue aprobado con amplia mayoría, el ingreso del buque hospital Silk Road Ark –que permaneció en el puerto de Montevideo del 20 al 24 de enero por tareas de “reabastecimiento, mantenimiento de equipos médicos y descanso de la tripulación”– despertó acusaciones de “espionaje” en la oposición. Para la diputada frenteamplista Tatiana Antúnez, delegada de la Comisión de Defensa, “la derecha” se manejó con “consignas sumamente obsoletas”, mientras que, “cuando hablamos de fuerzas especiales estadounidenses, le falta ponerse de pie para aplaudir esos ingresos”.

La senadora frenteamplista Constanza Moreira, que integra la Comisión de Asuntos Internacionales, señaló a la diaria que “Uruguay debe tratar de mantener los mayores grados de libertad que pueda” y evitar “tener que elegir” entre China o Estados Unidos. Consideró que la oposición está “muy mal posicionada” sobre el tema, debido a “su adhesión incondicional a Estados Unidos”, así como “su falta de crítica a Israel”, lo que le genera “limitaciones ideológicas enormes para pensar el interés país”.

“Discusiones más profundas” y necesidad de “desacoplarse un poco” de las fuerzas estadounidenses

“No me afecta en nada lo que ha pasado hasta hoy”, afirmó Campo, en relación con el vínculo entre la presencia militar de Estados Unidos en el continente y el ingreso de militares en Uruguay. “Claramente, si hay un movimiento militar para tomar equis islas en el Atlántico sur y, de repente, empiezan a pedirnos de usarnos de base, bueno, es otra discusión; hasta hoy, no ha pasado eso”, matizó.

Sobre las acciones de Estados Unidos en Venezuela, Campo consideró que, además de “que está lejos”, Uruguay no está “jugando un papel” al dejar ingresar tropas o no. Puso como ejemplo el ejercicio de ciberdefensa realizado con la Guardia Nacional de Connecticut, y preguntó: “¿No vamos a dejar entrar a esa gente que viene a enseñar por un conflicto en Venezuela?”. Además, puntualizó que “las relaciones nuestras con Estados Unidos, hasta hoy, siguen siendo buenas, y esperemos que sigan siendo buenas”.

El senador del FA Eduardo Brenta, de la Comisión de Asuntos Internacionales, señaló a la diaria que, “hasta ahora, lo que ha ingresado a Uruguay son acciones de coordinación muy mínimas. “Llevarlo al terreno de si entran ocho o diez militares, me parece que es un tema menor; lo serio es cómo nos paramos con independencia, fundamentalmente en lo económico y en lo político”, consideró. En esa línea, sostuvo que Uruguay “tiene que mantener un nivel de relación acorde” con Estados Unidos, pero “su nivel de relación potente es la región”. “El fortalecimiento del Mercosur y la posibilidad de profundizar el acuerdo de la Unión Europea genera un polo donde Uruguay tiene que fortalecerse, lo cual no quiere decir abandonar las relaciones con Estados Unidos, simplemente tener un margen de maniobra”, agregó.

Para Moreira, es necesario que se genere “un pienso colectivo sobre cómo posicionarse en este mundo complejo”. La senadora sostuvo que la cooperación con las Fuerzas Armadas estadounidenses se debe “repensar”. “Tenemos unas Fuerzas Armadas muy entrenadas por Estados Unidos desde los 60; hay que desacoplarse un poco”, señaló.

Antúnez señaló a la diaria que, teniendo en cuenta los “viejos preceptos” reinstalados por el gobierno de Trump –como “América para los americanos” y la defensa de “América Latina como patio trasero”–, “no podemos hacer una lectura ingenua sobre los ingresos [de militares], pensando a futuro”, lo que implica que, “como fuerza política, nos debemos discusiones cada vez más profundas” en torno a “lo que implica la defensa nacional” y qué es lo que Uruguay necesita “en función de estos ingresos”.

“La principal bandera tiene que ser la de la paz y la del no intervencionismo”, sostuvo Antúnez. Por otro lado, la diputada consideró que la ofensiva antimigratoria de Estados Unidos dentro de su territorio “son acciones que nos deben poner en alerta porque la violencia se viene recrudeciendo”.