A nivel local, las reacciones fueron inmediatas. “Bolsonarazo”, festejó en X el blanco Sebastián da Silva, en la misma noche del domingo, y se ofreció como nexo para “acercar los intereses nacionales” de Uruguay con el “cada día más probable gobierno de Brasil”. Al día siguiente, el colorado Andrés Ojeda anunció el envío de una carta a Presidencia, solicitando “cautela, prudencia y equidistancia”. La frenteamplista Constanza Moreira, en tanto, reconoció que “las probabilidades de que Lula gane” en el balotaje “son muy inferiores a las posibilidades de que Bolsonaro gane”. “Son tiempos de derechas”, manifestó.
Durante la semana, el candidato del Partido de los Trabajadores, Luiz Inácio Lula da Silva, fue procesando el golpe de haber quedado casi dos puntos porcentuales por debajo del candidato del Partido Liberal y ahora favorito para sucederlo en el gobierno, Flávio Bolsonaro. “Fue la campaña menos organizada en la que he participado desde 1989”, sentenció Lula el miércoles en un acto en Brasilia. Con todo, el mandatario mantuvo el optimismo: “Si hacemos lo que tenemos que hacer, no hay razón para que perdamos la elección frente al retroceso que representa nuestro adversario”.
El adversario, mientras tanto, sumó los respaldos del gobernador de San Pablo y del candidato que el pasado domingo terminó en el tercer puesto con 2,89% de las adhesiones (unos 3,4 millones de votos). El jueves, una primera encuesta de Datafolha proyectó un triunfo suyo el próximo 25 de octubre, 52% a 48%.
Para Ojeda, que cuestionó los “casamientos ideológicos” en materia de política exterior, Uruguay “tiene que seguir en la mejor relación con Brasil” sea cual sea el desenlace electoral. Esto, el embajador uruguayo en Brasil, Rodolfo Nin Novoa, lo dio por sentado. El presidente Yamandú Orsi, por su parte, insistió: “La fuerza política es la fuerza política, el gobierno es el gobierno”.
“Si alguien supone que la derrota de Lula tiene que generar un cambio radical en la política exterior uruguaya, no ha pensado mucho en la política exterior uruguaya”, expresó, por su parte, el historiador y politólogo Gerardo Caetano, en conversación con la diaria.
“Uruguay no nos ha pedido absolutamente nada”
La otra sorpresa de la semana fue la atención que acaparó la visita a Uruguay del vicepresidente de El Salvador, Félix Ulloa. Casi todo el sistema político se hizo un espacio en la agenda para conversar -y fotografiarse- con el representante del gobierno de Nayib Bukele, quien, según una encuesta de Equipos, es el líder internacional que provoca más simpatía en la sociedad uruguaya.
Ulloa se reunió con Ojeda y Julio María Sanguinetti -en la casa del dos veces presidente-, con el presidente del Partido Nacional, Álvaro Delgado, y con el propio Orsi. A este último encuentro también asistieron el canciller, Mario Lubetkin, y el secretario de Presidencia, Alejandro Sánchez.
Ulloa dio varias ruedas de prensa, todas ellas marcadas por la recordada entrevista de Orsi con Búsqueda, en noviembre del año pasado, cuando afirmó que el modelo de seguridad de Bukele era un “ejemplo para analizar”.
A la salida de la Torre Ejecutiva, el vicepresidente salvadoreño dijo que el asunto de la seguridad se tocó “a nivel de posibilidades”, pero “no es un tema que esté en la agenda” entre ambos países. Al otro día, en la puerta del domicilio de Sanguinetti en Punta Carretas, Ulloa opinó que Uruguay tiene “la suficiente fortaleza institucional para manejar el problema”. “Hasta la fecha, Uruguay no nos ha pedido absolutamente nada [...] si se nos solicita, con todo gusto estamos dispuestos a colaborar”, expresó.
También pasó esta semana
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