Pasan diez minutos de la hora acordada y lo vemos bajar del ómnibus de Cutcsa caminando rápido. Cuando llega, mirando al piso pide disculpas por la tardanza y explica que se lo tomó para el otro lado. Una funcionaria de la Asociación Uruguaya de Fútbol le ofrece un café, pero él le explica que ella no tiene por qué prepararle el café, así que se lo hace él mismo. Cuando está pronto, lo tira. No encuentra los lentes, da vueltas. Los tenía puestos. Empezamos con la entrevista.
Primero y principal, destacar la realización de lo que es esta conferencia y formular, en definitiva, dos preguntas en una: ¿Uruguay ganó un punto o perdió dos? ¿Y por qué?
En primer lugar, me gustaría pedirles que utilicen, en lo posible, verbos conjugados, no en infinitivo. En segundo lugar, dado que no ha culminado ningún encuentro recientemente, que las Eliminatorias se disputaron hace meses y que la Copa del Mundo todavía no comenzó, usted comprenderá que me veo imposibilitado de responder esa pregunta sin caer en una falacia. ¿Usted sabe lo que es una falacia?
Yo tener cierta idea, pero no estar del todo seguro.
Bueno, vaya y averigüe. Para algo es periodista.
Periodista no estar feliz. Periodista tener ganas de llorar.
No se preocupe, es normal. Está estudiado por los etólogos.
Cuesta entender la idiosincrasia del periodista nuestro, que a veces va a fondo.
¿Cuál es la pregunta?
Preguntarte, Marcelo, si el fútbol es uno solo.
Cuesta, sí, cuesta mucho.
¿En algún momento se le pasó por la cabeza la idea de renunciar?
Me parece una pregunta profundamente ofensiva, pero como me la formuló expresándose como un ser humano común y corriente, se la voy a contestar de la manera más educada que me es posible. Lo que se me pasa por la cabeza es problema mío y de nadie más.
¿A usted le parece que esa es una respuesta educada?
Era un chiste. Perdón si no se entendió. En general, me cuesta bastante el relacionamiento interpersonal. Lo hablaría con mi psicólogo, pero ya no me atiende el teléfono.