Con más de 25 años de negociaciones a cuestas, hoy en Asunción se firmará el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea (UE). La sede será el Gran Teatro José Asunción Flores del Banco Central de Paraguay, el mismo lugar donde en marzo de 1991 se conformó el bloque sudamericano. Allí estarán el presidente uruguayo, Yamandú Orsi, y el canciller de la República, Mario Lubetkin.
Las firmas que se estamparán en el caluroso mediodía de la capital paraguaya representan mucho tiempo y también muchas controversias que se sucedido de ambos lados del Atlántico. En la actualidad y en Uruguay, más allá de ciertos reparos, los actores más representativos del arco político y de la sociedad civil parecen coincidir en que se trata de un movimiento a priori positivo, principalmente por el cambio que tiene lugar en materia arancelaria.
Si vamos a los últimos datos, Uruguay XXI indica que en 2025 la UE fue el tercer destino de las exportaciones uruguayas de bienes. Las ventas al bloque alcanzaron unos 1.835 millones de dólares, lo que implicó un crecimiento del 2% con respecto a 2024. Esta cifra, sin embargo, se dio en un contexto de descenso del 8% de los volúmenes enviados.
En cuanto a productos exportados a la UE, el principal fue la celulosa, que representó ingresos por unos 687 millones de dólares. Sin embargo, esto significó una baja interanual cercana al 29% en divisas y de alrededor de 18% en toneladas. En segundo lugar, y en su caso en un marco de crecimiento, apareció la carne bovina. Permitió un ingreso al país de 596 millones de dólares, con un crecimiento de 60% frente a 2024 en valor y de 42% en volumen.
(archivo, octubre de 2025)
Foto: Rodrigo Viera Amaral
Por último, el tercer puesto lo ocupó el arroz, que alcanzó una cifra total de exportaciones de 105 millones de dólares, cayendo 20% en valor y 4% en volumen. Otras colocaciones destacadas del pasado año en la UE fueron subproductos cárnicos, la madera y los productos de lana y tejidos.
Por otra parte, Uruguay importó desde la UE 1.559 millones de dólares, lo que representó alrededor de 14% del total. Los principales productos que llegaron desde el bloque europeo fueron maquinaria y equipos electrónicos (432 millones de dólares), productos químicos (354 millones) y vehículos y partes (251 millones).
La oportunidad en conocimiento y servicios
En Uruguay, las semanas previas a la firma del acuerdo se centraron en evaluar los beneficios y problemas que traería para los distintos sectores productivos. Mayoritariamente lo que se ponía sobre la mesa tenía que ver con los bienes y con el impacto de los cambios arancelarios. Sin embargo, el presidente de la Cámara de Comercio y Servicios (CCyS), Julio César Lestido, recordó a la diaria que este cambio para el país “no es solamente lo comercial”. Según el empresario, la apertura comercial y la competencia darán lugar a la circulación de productos de “mejor calidad”, dado que los actores uruguayos deberán atenerse a una UE que “es muy exigente” en materia de controles.
“Como empresa, me va a permitir que también eleve mi nivel de calidad”, comentó Lestido, refiriéndose también a las posibilidades que se abren en el “intercambio de conocimientos”. Las nuevas reglas y los nuevos conocimientos, para el presidente de la CCyS, le “abren puertas” al país, dado que va a estar ofreciendo productos que “son mejores”. El empresario remarcó también la importancia de no dejar a los servicios fuera de la evaluación del potencial del acuerdo; destacó que es “un campo muy amplio” y en el que Uruguay ya tiene “muy buena calidad”.
En esa área, en la que aparecen, por ejemplo, las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), valoró la posibilidad de “intercambio de conocimiento” a partir de una relación que será “mucho más fluida”. También en esta área se refirió al potencial de la “inversión” europea, algo que Lestido espera que se intensifique para todas las áreas luego de este acuerdo.
Amílcar Perea, presidente de Cámara Uruguaya de Tecnologías de la Información (CUTI), dijo a la diaria que el ministro de Economía y Finanzas, Gabriel Oddone, ha transmitido que “hay oportunidades para el sector tecnológico”.
Por lo pronto, Perea reconoció que ve este acuerdo como una oportunidad para acompañar la necesidad del sector de “diversificar el mercado”. En la actualidad, 80% de las exportaciones de servicios van a Estados Unidos y 10% a Reino Unido. En cuanto al 10% restante, entre los cinco principales mercados que reciben servicios de TIC uruguayos aparecen Alemania y España como únicos representantes de la UE.
El empresario dijo que “se puede expandir” la llegada en TIC a la UE. Afirmó que ya hay diálogo con Uruguay XXI y el Ministerio de Relaciones Exteriores, a los efectos de desarrollar “una misión exploratoria” en países como España y Portugal, para “tantear las oportunidades de apertura de mercados”.
Más allá de la apertura de mercados, Perea entiende que algo que “es beneficioso para todas las partes” es la posibilidad de recibir inversiones en el campo de los servicios a partir del acuerdo. “No te estoy hablando sólo de tecnología de información, creo que la biotecnología, el área audiovisual y la industria del conocimiento tienen la oportunidad de recibir inversión europea muy importante”, comentó el empresario.
“Ese es el rol de Uruguay. Nosotros somos un hub y siempre pedimos que cuando nos miren, nos miren con nuestra capacidad de generar soluciones y negocios hacia las Américas; esa es la postura correcta cuando se dan estas cosas”, analizó sobre la posibilidad de que el país se ubique como un centro de recepción de inversiones en materia de servicios, en particular los que tienen que ver con las TIC.
El potencial en inversiones
El potencial en materia de inversiones también es reconocido por los expertos. Según explicó a la diaria el especialista en negocios internacionales Gonzalo Oleggini, en el escenario actual, “la mayoría de las inversiones que Uruguay recibe vienen de Europa y básicamente de la UE”. Marcos Soto, decano de la Escuela de Negocios de la Universidad Católica del Uruguay (UCU), coincidió en esta visión y enfatizó que “gran parte de los niveles de desarrollo de la región han sido impulsados a lo largo de la historia por inversiones y por proyectos que llegan principalmente desde el continente europeo”.
Oleggini dejó claro que “las inversiones son tan importantes como el comercio exterior” en el escenario actual del país. Planteó, en ese sentido, la posibilidad que se abre de que se instalen empresas e inviertan con el objetivo de producir para el Mercosur y ahora también para la UE. “A esas empresas les estás dando doble salida de venta que antes”, señaló.
En este marco, Soto también dijo que las “dificultades” que pueden enfrentar algunos sectores productivos nacionales podrán ser amortiguadas no sólo por el “desgravado más lento” que prevé el acuerdo, sino también por “inversiones” que logren “transformar en realidad” las oportunidades que surgen. “En la medida en que haya oportunidades de mercado y de negocio, debería haber oportunidades de inversión que logren transformar actividades o despertar verticales productivas que hoy no tenemos”, explicó.
El experto de la UCU dejó claro que Uruguay está “bien posicionado” en el Mercosur para recibir inversiones porque cuenta con “un conjunto de estabilidades muy potentes”, entre ellas el tener “el menor riesgo país de toda la región”. “Uruguay es un país que respeta las reglas de juego, es un país que tiene un sistema tributario muy simple; para el inversor europeo que pueda llegar a interesarse en hacer sus primeros negocios en la región, aparece como un buen botón de la muestra”, concluyó.
El desafío de aprovechar
“Tenemos que poder ofrecer, ser más efectivos, más productivos, más eficientes para un mercado que se nos va a abrir, que es un mercado muy importante; todos tenemos que prepararnos para enfrentar esto”, afirmó Lestido. “Se dice ‘se te van a dar las oportunidades’; ahora, si no me adapto, no voy a estar acorde a las circunstancias para poder aprovechar lo mejor que pueda este acuerdo”, agregó en la misma línea.
Oleggini coincidió en que, una vez firmado el acuerdo, “el peso” de que funcione también “recae en el sector empresarial”. “Muchas veces las oportunidades comerciales no se han aprovechado; es el caso de México”, puntualizó. “No tenemos la capacidad para producir los bienes en las condiciones que muchos de los socios comerciales nos requieren”, adelantó en referencia a la UE.
El analista recordó que el país ha tenido en los últimos años como principales productos exportables la carne y la celulosa, por lo que son “muy pocos” los productos para “poner en una góndola en un supermercado europeo”. Recordó, además, que “los requerimientos para ingresar al mercado europeo con alimentos procesados son altísimos” y, más allá de los aranceles que existían, esa es una razón por la que en la actualidad no se vende.
Para superar esas dificultades, Oleggini señaló la importancia de la “innovación y la mejora tecnológica”, además de la “inteligencia comercial”. Explicó que esto último tiene que ver con el desarrollo de “un análisis” de los acuerdos “para buscar oportunidades comerciales”.
“Tenemos un acostumbramiento de 30 años en el Mercosur, de cazar en el zoológico, y ahora hay que salir a cazar animales afuera, entonces es más difícil, eso a muchas empresas les va a generar una gimnasia obligatoria de competir, porque si no compartís desaparecés”, analizó Oleggini sobre la necesidad de adaptación.
La política comercial después del acuerdo
“No es lo mismo que vaya y me presente como integrante del Mercosur, a que venga y diga ‘soy de Uruguay, parte de Mercosur, que tiene un acuerdo de libre comercio con la UE’”, comentó Lestido, valorando la “tarjeta de presentación” a otros mercados que puede significar este acuerdo. “Empezás a jugar en otro nivel. Estás dando la posibilidad de que ingresen a negocios y que, por tu intermedio, puedan entrar en un mercado de 700 millones de habitantes”, agregó.
Sobre la posibilidad de seguir buscando mercados, Soto coincidió en que este acuerdo “no puede ser concebido como una estación o terminal”. Por el contrario, enfatizó que “es un mojón en la inserción internacional”. Recordó también que el acuerdo cuenta con “limitaciones que hacen que se precisen otros instrumentos y otros canales de inserción”.
El especialista de la UCU, planteó que, por lo pronto, la firma de este acuerdo “dinamiza” al Mercosur y parece mostrarlo “distinto”. “Viene procesando cambios, viene procesando una intención de apertura mayor, creo que esto es una muestra”, planteó. Recordó que ya se ha firmado con EFTA [Asociación Europea de Libre Comercio, que nuclea a Islandia, Liechtenstein, Noruega y Suiza] y con Singapur, y agregó que se mantienen latentes otras negociaciones, por ejemplo, con Canadá y Corea del Sur.
“Brasil está empezando a entender que su autosuficiencia no es suficiente, valga la redundancia, y que necesita salir al mundo y colocar sus productos”, comentó Soto. Asimismo, remarcó que Argentina “está en su fase libertaria” y el Mercosur debe “aprovechar” los “beneficios” que eso puede traer. Dejó claro, sin embargo, que esto no debe implicar que el país “abandone” su agenda “más allá” del Mercosur.
Pese a la limitación que puede significar el arancel externo común, Soto considera que “hay un montón de aspectos del intercambio comercial” que se “pueden negociar” dando pasos en la conversación con países como India, Indonesia, Vietnam, Japón y los que conforman el continente africano. “Todas esas zonas del mundo para Uruguay tienen una raíz complementaria desde el punto de vista productivo, y a la vez es claro que Uruguay puede ser un gran proveedor allí”, concluyó.
“Cerrar este acuerdo con la UE vuelve al centro del ring la lógica Mercosur, con lo cual no creo que tenga un efecto de arrastre para negociaciones bilaterales”, explicó Oleggini. Enfatizó que este acuerdo afecta la posibilidad de que Uruguay pueda avanzar con su agenda “más allá” del Mercosur. “Uruguay estaba en un proceso de moverse de una forma bilateral, pero esto lo va a volver a empujar a sus raíces y Brasil también va a tratar de empujar a los países a las raíces de la negociación en grupo”, puntualizó.
Con miras a lo que se viene, Oleggini comentó que “no es buena noticia” para Uruguay este nuevo escenario porque, mientras “necesita apertura”, en el bloque sudamericano “no queda margen para mucho más”. Reconoció, sin embargo, que existen casos como el de Canadá, en los que se produjo “una aceleración” en los últimos tiempos como consecuencia de la actitud proteccionista de Estados Unidos.
“Lo que se dio es un cambio de entorno, y ese cambio terminó empujando a muchos de los países con los que estamos negociando a buscar acelerar. Esto es el efecto Trump, no lo veo como una virtud del Mercosur”, sostuvo Oleggini en referencia a Canadá, pero también a la UE.
La historia detrás del acuerdo
Las negociaciones entre el Mercosur y la UE son la continuación de los lineamientos del Acuerdo Marco de Cooperación firmado entre los dos bloques en 1995 y que se encuentra vigente desde 1999. Allí se incluía la liberalización del comercio de bienes y servicios, en línea con las reglas de la Organización Mundial del Comercio (OMC).
Los objetivos y alcances del acuerdo que se firma hoy fueron definidos en la primera ronda de negociaciones, que se lanzó en el 2000 y se profundizó en 2002. En 2004 se decidió congelar las negociaciones, que luego se retomaron en 2010.
Durante una reunión ministerial en Lisboa en octubre de 2004 se reafirmó la prioridad del Acuerdo de Asociación, pero se reconoció el estancamiento. El relanzamiento, en febrero de 2010, tuvo como punto de partida la declaración conjunta entre la UE y Brasil, luego de la decisión tomada inicialmente por el bloque europeo.
Finalmente, en Bruselas, en 2019, se cerró en principio el Acuerdo de Asociación Estratégica, que volvió a abrirse para cerrarse nuevamente en 2024. En el marco de la LXV Cumbre de Presidentes de los Estados Parte del Mercosur y Estados Asociados, realizada en Montevideo el 6 de diciembre de 2024, se anunció un nuevo cierre.
Las tensiones internas en la UE, en particular relacionadas con las preocupaciones de algunos estados miembros y de los sectores agrícolas, exigieron una salvaguardia adicional que fue agregada de forma unilateral en 2025. De esa forma, el 9 de enero pasado la UE aprobó de forma provisional el acuerdo comercial que firmarán hoy ambos bloques.