El año 1999 llegaba a su fin y no había redes sociales que manipularan nuestro estado de ánimo para que pasáramos más tiempo en ellas. Así que los dos grandes temas de conversación eran la fecha real del cambio de siglo (1° de enero de 2001) y la debacle de la especie humana debido a las computadoras. Este segundo tema ha vuelto con fuerza gracias a la inteligencia artificial generativa.

En aquel entonces el enemigo no era un algoritmo consumidor de agua potable que generaba el contenido menos original del universo, sino los programas informáticos más antiguos que, para ahorrar memoria, abreviaban los años a solamente dos cifras. Entonces, 1965 se convertía en 65 y 1987 se convertía en 87. Ahora, ¿qué sucedería el 1° de enero de 2000? Para los expertos, muchas computadoras interpretarían el 00 como 1900 y numerosos procesos digitales dejarían de funcionar o lo harían de mala manera. Y no es lo mismo si afecta un microondas que un ascensor, el cálculo de tasas de interés de un banco o el mantenimiento de una planta nuclear.

Como en tantas ocasiones, que no haya sucedido algo peor no quiere decir que el problema no hubiese existido (hola, antivacunas). Se gastaron miles de millones de dólares alrededor del mundo para corregir los programas y se evitaron tragedias. En el medio quedaron un montón de personas que acumularon alimentos enlatados en sus búnkeres subterráneos; seguramente los consumieron en 2020 y ojalá hayan comprado suficiente papel higiénico.

Llegamos hasta nuestros días. Bueno, técnicamente hasta 2024, pero el estreno en plataformas de esta película es mucho más reciente. Se sumó al catálogo de HBO Max (cuando leas esto ya puede tener otro nombre) la comedia Apocalipsis Y2K, que presenta una versión disparatada de lo ocurrido en la medianoche del 31 de diciembre de 1999.

Para entender el disparate hay que hablar de Kyle Mooney. El director y coguionista de 41 años tuvo una extensa carrera en Saturday Night Live, además de apariciones recordadas en series como Hello Ladies o Arrested Development, donde interpretó a Murphy Brown Fünke. Sin embargo, esta historia se parece más a la que coescribió y protagonizó en 2017: Brigsby Bear (disponible para alquiler digital) contaba la historia de un niño criado en un búnker subterráneo que solamente mira el programa infantil del osito del título. Cuando la policía arresta a sus supuestos padres y lo libera descubre que fue la única persona del mundo en haber visto el mencionado programa y se obsesiona con continuarlo.

Esta fijación de Mooney por los objetos de la infancia llegaría a un punto culminante en 2021 con el estreno en Netflix de Saturday Morning All Star Hits! (o S.M.A.S.H.!). Durante ocho episodios se parodiaba a los programas para niños de los años 1990, con dos gemelos conductores (Skip y Treybor, interpretados por Mooney) que con un lenguaje “radical” y una estética colorinchuda presentaban segmentos animados que parodiaban series reales como Denver, el último dinosaurio o los Thundercats.

Sin embargo, la serie rápidamente se movía del simple homenaje visto a través de un vidrio esmerilado e introducía un caso policial y hasta una tensión insostenible entre los conductores. Es un producto que refleja aquel momento en el que Netflix tomaba riesgos con su billetera infinita y que a la distancia se extraña tanto. Y que deja a Mooney en ese lugar de “creador al que voy a prestar atención la próxima vez que haga algo, cualquier cosa”.

Party like it’s 1999

Ahora sí, Apocalipsis Y2K. Una comedia que desde el comienzo nos responde la ancestral pregunta de “¿Se podrá representar a los 90 en cine y televisión como se representó tantas veces a los 80?”. La respuesta es que sí, pero que no será tan divertido. Porque después de la década de los sintetizadores y las calzas fucsia hasta las axilas, los noventa tienen mucha menos gracia. Es posible imaginarlos tan sólo con el sonido de un módem conectándose a internet a través del teléfono, pero Mooney y los suyos hacen un lindo collage de noventerismos en los primeros minutos.

Al mejor estilo de Superbad (o Súper cool), tenemos a dos jovencitos que no pertenecen al escalafón más popular de la sociedad liceal, pero que de todas maneras tienen acceso al fiestón que se organiza para el 31 de diciembre de 1999. Eli (Jaeden Martell) anda sin muchas esperanzas detrás de su compañera Laura (Rachel Zegler), mientras que Danny (Julian Dennison) es el ladero optimista y canchero capaz de interpretar una versión maravillosa de “Thong Song” de Sisqo, incluso siendo un ñoño.

La acción dura 92 minutos, así que no habrá mucho tiempo de normalidad antes de que todo se vaya por la borda. En la casa en la que se desarrolla el fiestón están presentes todas las tribus urbanas del momento, y si bien sus gustos musicales y sus elecciones de vestimenta no podrían ser más diferentes, tienen algo en común: la facilidad para morir cuando se rebelen las máquinas.

Sí, en esta versión del Y2K los esfuerzos de los expertos no fueron suficientes, como evidencia la traducción al español del título (en inglés es simplemente Y2K). Pero lo original de la propuesta es que las máquinas asesinas forman ridículos artefactos hechos de electrodomésticos y otros ingenios mecánicos, que están más cerca del robot gigante de “Intergalactic” de los Beastie Boys o los de Flight of the Conchords que a cualquier villano de la saga Terminator.

Esto no los vuelve menos letales, sino todo lo contrario, como atestiguarán (post mortem) los adolescentes atacados con cintas de VHS y otros objetos contundentes. Estos efectos especiales caseros alejan a la historia de cualquier oportunidad de miedo real, en lo que rápidamente se transforma en una carrera contra el tiempo de un pequeño grupo de sobrevivientes. Con su cuota de historia de amor, pero también de locura y mucha muerte.

Toda la trama es relativamente sencilla, y parece pensada para mover a los personajes de sitio y enfrentarlos con nuevos robots artesanales. La risa no falla (inserte aquí el obligatorio “los resultados pueden variar”), más cuando el propio Mooney aparece en el papel de empleado stoner de videoclub, y sobre el cierre hay una aparición famosa que es mucho más que un cameo y que será muy bienvenida por aquellos que, como mínimo, estaban vivos en aquella época.

Apocalipsis Y2K es un entretenimiento con menos oscuridad que las otras creaciones de Mooney mencionadas en el arranque del texto, pero que continúa con su obsesión sigloventista. Eso sí, no caigan en la trampa de que todo tiempo pasado fue mejor, en especial si no experimentaron en carne propia la insurrección de los electrodomésticos.

Apocalipsis Y2K. 92 minutos. En HBO Max.