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Rómulo Martínez Chenlo

Diego Lugano, en conferencia de prensa, el martes 5 en Mendoza.  · Foto: Javier Calvelo

Será posible...

Es mediodía. El sol entra a pleno por las ventanas del hotel Intercontinental. Afuera, el centro porteño arde, pero adentro es todo tranquilidad a pesar de la cantidad de periodistas que invaden la planta baja. En el hall, Diego Lugano no larga el termo y el mate. El alguna vez pichón de Paolo Montero lo sucedió y hoy es capitán y referente del equipo. Cuando le recordás que decían que le pesaba el brazalete de capitán, vuelve a sonreír. “Las críticas son parte de la cosa”, responde. Se lo nota sereno, convencido, como disfrutando del momento.
Hinchas de Uruguay cuando arribaban los jugadores de su selección, ayer, en el hotel Intercontinental de Buenos Aires.  · Foto: Javier Calvelo

Una más te pido

Los uruguayos habrán de enfrentar hoy el bravo fútbol peruano, desde siempre rival difícil para los celestes y que en el presente ha mostrado cuán alto es el grado de dificultad dado que contamos con un antecedente inmediato: el 4 de julio en San Juan cuando empataron 1-1 en el debut de ambos en esta Copa América.
Festejo de Uruguay al culminar el partido por cuartos de final de la Copa América frente a Argentina. · Foto: Javier Calvelo

Otro 16 de Julio

La selección uruguaya venció a su par argentina y sigue su camino en la Copa América. El equipo de Tabárez hizo un partido inoxidable. El DT fue terco en soñar, pero mucho más en jugar y asumir la terrible dificultad del partido.
Cristian Rodríguez, Abel Hernández, Fernando Muslera y Sebastián Coates, durante el entrenamiento del sábado en Mendoza. · Foto: Javier Calvelo

Por La Plata, por la clasificación

Esta noche, en el maltratado césped del estadio Único de La Plata, Uruguay debe ganarle a México, seguramente la selección que está un escalón debajo de todos los contendientes de esta Copa América, para seguir adelante. Además de tener que ganar para asegurar su pase a la nueva y determinante instancia, la selección se enfrenta a la situación de no poder alinear a tres de los que están siendo sus habituales titulares: Diego Godín, Edinson Cavani y Martín Cáceres.
Alvaro Pereira de Uruguay festeja su gol ante Chile durante el partido de primera fase del Grupo C de la Copa América  · Foto: Javier Calvelo

Arranco Palito

El empate 1 a1 en un partido tenso y parejo deja a los chilenos casi clasificados a la siguiente fase de la Copa América y a los uruguayos pendientes de lo que ocurra el martes cuando en La Plata enfrenten a México.
Diego Alonso, ayer, luego de que le anularan el gol, en la primera final de la Copa Libertadores ante Santos, en el estadio Centenario. · Foto: Victoria Rodríguez

Ropita limpia y planchadita

Peñarol, con firmeza y sin locura, intentó asfixiar al Santos. Quiso jugar rápido cerca del arco de Rafael, haciendo sentir el calorcito de esa brasa humana que bajaba de las tribunas. No había un vendaval de ataques pero se apreciaba firmeza, personalidad y seguridad.

Ahí hay amor

No sé si al fútbol le corre sangre uruguaya o al uruguayo le corre sangre futbolera, pero entre sueños, pasión, juego y cotidianidad aldeana el pueblo oriental ha tenido un largo y feliz concubinato con el deporte más maravilloso del mundo.

Algo pasa ahí afuera

Pasaron 162 partidos, en las más diversas canchas, con las más variadas indumentarias, con figuras atléticas de innegable proyección, con buzardas prominentes que no renuncian a su hambre de gloria pueblerina, con kilómetros hechos en camiones o en un magicbus, con estadios internacionales como el Atilio Paiva Olivera o canchitas casi vecinales con sus alambrados de hilos hilos. Pasaron ternas de árbitros con uniformes color ratón, desteñidos cuervos que no leyeron la care label que dice "no secar al sol", penales cobrados y travestidos en tiros libres, grescas y cervezas.
Luis Aguiar y Matías Mier, luego del primer gol de Peñarol ante Vélez Sarsfield, anoche, en el partido de vuelta de la semifinal de la Copa Libertadores de América, en el estadio José Amalfitani en Buenos Aires, Argentina. · Foto: EFE, Leo La Valle

Puede

Después de 24 años, Peñarol se clasificó para estar por décima vez en una final de la Copa Libertadores de América.
Fabián Estoyanoff celebra su gol ante Universidad Católica. · Foto: EFE, Ian Salas

¡Peñarol nomá!

El partido fue rarísimo y la conclusión también, porque Peñarol perdió pero festejó como si hubiese sido una de sus más grandes victorias. La derrota 2-1 ante Universidad Católica permitió a los mirasoles conseguir una victoria global de 3-2 y pasar a las semifinales de la Libertadores.

Meta y meta

El camino de la utopía permanente es la meta que no quiero atravesar. Creo que esto ya lo escribí, ya lo planteé y, según parece, ahora más que nunca trataré de seguir intentando desarrollarlo como idea. Tiene que ver con el deporte, sus posibilidades y la competencia, con cómo evaluamos los uruguayos nuestro desarrollo y las sensaciones resultantes de la competencia. Planteado desde un punto de vista medio mesiánico, hasta hace un mes tenía la necesidad de alertar o simplemente de avisar que casi todos necesitamos una reeducación en torno a cómo interpretar los resultados deportivos.