Es fácil ver que Guido Manini Ríos tiene un plan. Probablemente lo ajusta, periódicamente, con sus colaboradores más cercanos en Cabildo Abierto (CA), mayoritariamente militares en situación de retiro pero muy activos, varios de ellos con antecedentes en organismos de inteligencia e inclinación hacia el tipo de operaciones que en esos ambientes se llaman “psicopolíticas”.

No parece ser un plan muy complejo, aunque implique recorrer un largo trecho entre la realidad actual y metas ambiciosas. CA logró apenas 11,04% de los votos en las elecciones de octubre de 2019, y tuvo un desempeño mucho peor en las departamentales del año pasado.

Su intención de adquirir protagonismo en las políticas sociales se ha visto complicada por los recortes del gasto público. Quiere que Irene Moreira se destaque en el Ministerio de Vivienda, pero no le agrada la perspectiva de mejorar la situación en los asentamientos con recursos sustraídos al Instituto Nacional de Colonización, porque también se propone consolidar y aumentar su ascendencia en el medio rural.

El elenco de legisladores y dirigentes de CA deja bastante que desear. Una excepción imprevista es el ministro de Salud Pública, Daniel Salinas, cuyo desempeño ante la pandemia de covid-19 le ha valido popularidad y prestigio, pero varias figuras menores no parecen percibir la diferencia entre las instituciones republicanas y las redes sociales.

Esta semana, por ejemplo, la diputada Inés Monzillo arremetió en modo barrabrava contra el mes de la diversidad, el Partido Nacional y la vicepresidenta Beatriz Argimón. Antes, varios integrantes de CA que habían sido promovidos a cargos en el Estado cayeron envueltos en llamas.

Para ganar poder, el partido de Manini tiene que hacerse notar, aunque no de esa manera. En el Parlamento, le recuerda al país con creciente frecuencia que es una parte indispensable de la coalición de gobierno, frena iniciativas de Presidencia y va marcando su perfil con miras a 2024.

Esta semana Manini dio un paso más con su visita al general Hamilton Mourão, vicepresidente de Brasil. El conductor de CA hizo público que habían conversado sobre la delicada situación de Uruguay en el Mercosur, tras el anuncio de negociaciones bilaterales con China, y de la postura del gobierno brasileño ante esa iniciativa. Se permitió anunciar también que hablará con el presidente Luis Lacalle Pou y el canciller Francisco Bustillo para sugerirles cómo llevar adelante “una buena negociación”.

No es la primera vez que Manini soslaya la lealtad institucional por intereses propios. Basta con recordar su manejo de los tribunales de honor, cuando era comandante en jefe del Ejército e hizo cuanto pudo para trasladarles culpas al exministro Jorge Menéndez, al presidente Tabaré Vázquez y a varios generales. Lacalle Pou supo con quién se aliaba en 2019 y no tiene derecho a quejarse.

Tampoco podrá quejarse la izquierda si alienta expectativas injustificables sobre Manini. La última vez que parte de ella fue víctima de una operación psicopolítica y se encandiló con presuntos militares progresistas, en 1973, el costo fue muy alto.