La misión oficial a China encabezada por el presidente, Yamandú Orsi, culminó el sábado pasado con más de 30 acuerdos firmados en distintas áreas, una declaración conjunta y reuniones entre privados para profundizar o iniciar lazos comerciales. Tras su regreso a Uruguay, el canciller, Mario Lubetkin, recibió a la diaria para conversar sobre los hitos de la misión y algunos de los temas de la nutrida agenda internacional que la cancillería observa con atención: las últimas acciones del gobierno de Estados Unidos –como la decisión de pausar las visas de inmigración para 75 países, entre ellos Uruguay–, el avance de Israel sobre Cisjordania y la situación en Cuba y Venezuela.

El canciller se refirió también al ingreso formal del acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea al Parlamento: dijo que espera que Uruguay sea el primer país del bloque sudamericano en ratificarlo y pidió a la contraparte europea que sepa “leer” la señal que están dando los cuatro países del Mercosur al jugar una “carrera” para ser los primeros en aprobar el acuerdo. Consultado sobre la candidatura de Michelle Bachelet para la secretaría general de las Naciones Unidas, explicó por qué Uruguay aún no tiene una postura definida, pese a que la consideró “una excelente candidata”.

¿Qué saldo deja para nuestro país el viaje oficial a China?

Yo creo que es positivo. Primero, porque efectivamente sacamos unas cuantas cosas concretas en algunos aspectos de la declaración final, en los 30 acuerdos y en algunos acuerdos dentro de esos 30 que son muy precisos. Si vamos a aspectos inmediatos, yo destacaría la confirmación de la cuota de 300.000 toneladas de carne. Es una cosa bien importante. Nosotros no llegamos a 200.000 toneladas de carne de colocación a China, estamos hablando del 50% más. Y cuando se discuten tantos temas sobre los acuerdos de otros países y ciertas cuotas, nosotros tenemos un horizonte enorme solamente en este acuerdo, que tenía que ser ratificado y fue ratificado. También el tema del ingreso de una forma novedosa de la carne aviar: es el ingreso de un nuevo tipo, con otros mecanismos de garantía, de un tema muy sensible para nosotros que es el de los pollos. El hecho de que prácticamente en los próximos meses ya va a llegar la primera partida a China de caballos deportivos uruguayos; nosotros nunca habíamos colocado caballos deportivos uruguayos. El hecho de que vamos a trabajar en la elaboración de una vacuna conjunta con los amigos chinos en contra de la garrapata, que es un tema para nosotros de enorme sensibilidad. El hecho de que vamos a trabajar hacia la posibilidad de hacer algunos laboratorios técnico-científicos muy precisos. Fueron muchísimos empresarios con nosotros, tuvieron muchas reuniones. Si medimos por el estado de satisfacción del empresario privado en el viaje, evidentemente, se deben de haber concretado muchos acuerdos. Y todo el tema académico, el intercambio de becas para los dos lados... Por lo tanto, ahí hay que ponerle un signo de más.

Hay que darle un signo de más también a la misma delegación uruguaya. Porque cuando decimos que queremos hacer una política de Estado nos imaginamos que Uruguay pueda salir, en este caso acompañando al presidente, con los diferentes componentes de este país. Porque una política de Estado no es el acuerdo entre los partidos políticos solamente. Es, yo creo, el modelo de lo que hicimos en China: 115 empresarios, intendentes del gobierno y de la oposición... Una delegación del gobierno integrada por varios ministerios productivos, cruzando intereses de varios tipos; rectores de universidades, que sin duda jugaron un papel importante. Eso es Uruguay. Y el tratamiento que tuvimos por las autoridades chinas, que tuvo el presidente de la República por parte de las autoridades, como nos decían algunas figuras relevantes de China... Los grados de simpatía creciente que tuvo el presidente uruguayo por dos o tres momentos particularmente bonitos que se dieron allí. Como me explicaron, inclusive, en medios sociales hubo un momento en que el nombre de Orsi llegó casi a ser el número uno. La imagen de Uruguay en este viaje quedó muy fuerte.

Recientemente se conoció que Uruguay quiere ingresar al acuerdo RCEP [Asociación Económica Integral Regional, por sus siglas en inglés]. ¿Por qué es importante este acuerdo y qué tan viable es el ingreso en este período?

El presidente lo mencionó en su discurso en el almuerzo con la Unión de Exportadores. Él lo que dice, palabras más, palabras menos, es “seguir mirando el horizonte” y que, sin duda, el RCEP es parte de ese horizonte. ¿Por qué es parte de ese horizonte? Porque es la consecuencia natural del proceso que estamos viviendo. ¿Quiénes son los miembros del RCEP? Brunéi, Camboya, Laos, Malasia, Myanmar, Filipinas, Singapur, Tailandia, China, Japón, Australia, Corea del Sur, Nueva Zelanda. Si tú hacés un comparativo entre los países del Acuerdo Transpacífico –que aceptaron que iniciemos el proceso de no rechazo para entonces iniciar el proceso–, están estos países más los latinoamericanos, que en este partido no están, sin China. Nosotros firmamos un acuerdo con los países de la Asean [Asociación de Naciones de Asia Sudoriental] cuando fui a Kuala Lumpur para pasar a una nueva fase en el ámbito de cooperación. Tenemos la relación que tenemos con las autoridades chinas, vino el secretario de Relaciones Exteriores de Japón hace poquito e invitó al presidente Orsi a visitar Japón, ya con las nuevas autoridades y la primera ministra que acaba de ganar las elecciones. ¿Y qué es lo que ellos nos plantean? Una mejora en el ámbito comercial. Con Corea del Sur tenemos un diálogo fluido; con Australia y Nueva Zelanda tenemos diálogo, incluso está planteado que, de una u otra forma, los dos países del Pacífico vengan, y probablemente ya en los próximos días o semanas el ministro de Relaciones Exteriores de Nueva Zelanda venga a Uruguay. Entonces, en ese cuadro la lógica es seguir hacia adelante.

Por lo que venís diciendo, no se ha dado un paso formal para solicitar el ingreso.

Se va a dar, en algún momento se va a dar.

El martes ingresó el acuerdo Mercosur-Unión Europea al Parlamento. ¿Qué expectativas tenés sobre su tratamiento?

Lo que escuché de los parlamentarios. Primera cosa, primera señal bien importante: que no solamente se lo entregué a la presidenta en funciones del Parlamento, sino que había representantes del Frente Amplio, del Partido Colorado y del Partido Nacional. Eso emblemáticamente es una señal muy precisa, no era que casualmente estaban en esa oficina. Eso es muy importante. Lo que nos decían los legisladores es que iban a ir muy rápido. Ahora está en manos de ellos. Ojalá así sea. Hablamos ayer de que ojalá Uruguay sea el primero en confirmar, pero en verdad yo lo que destaco es lo interesante de que los cuatro países del Mercosur están en una carrera para ver quién va a ser el primero. Porque cuando tú tenés la contraparte que da señales muy contradictorias, que de este lado, con todo lo que nosotros representamos, sigamos adelante con el mismo camino es una señal importante y es la que queremos dar. Nosotros somos muy serios –no estamos diciendo, por favor, que los europeos no son serios–, pero nosotros somos muy serios cuando tomamos una decisión y estamos completamente convencidos los cuatro países. Y no se puede decir que es porque los cuatro países tenemos una línea u otra política... Yo creo que nunca como ahora está claro que están todos los colores y todas las visiones políticas y percepciones ideológicas en la representación de los cuatro países. Y en eso estamos con una visión absolutamente común. Ahí se me activa el deseo de que nuestros amigos europeos sepan leer qué es lo que nosotros estamos haciendo. No es que somos burócratas. No tenemos nada de burocracia. Es una señal política que los cuatro países activen rápidamente sus parlamentos. Entonces, yo creo que nuestros amigos europeos tienen que entender cuán importante es para nosotros, y ojalá entiendan cuán importante es para ellos. No es en una dirección, es en las dos direcciones.

¿Te parece una buena idea que el Mercosur lo aplique de forma provisional mientras lo sigue analizando la Justicia europea, como han propuesto algunos países europeos?

No es un problema nuestro, es un problema de ellos. Lo nuestro es si estamos en condiciones de interactuar. Si ellos deciden, como efectivamente son señales que estamos recibiendo por aquí y por allá, actuar en forma provisoria, o sea, saltar el período de lo que el tribunal lleva –18, 24 meses, quizá menos–, yo creo que sería beneficioso para todos y también para los amigos europeos, porque imaginate el escenario de que nosotros tengamos antes de fines de marzo [el acuerdo] ratificado en los cuatro parlamentos; sería algo que nunca existió en la historia de los cuatro países. Y nuestros amigos europeos dicen: “No, pero esto para agosto del 27...”, ¿qué va a hacer el Mercosur? Nosotros vamos a seguir con todas las dinámicas, porque el mundo comercial va con una aceleración extraordinaria. Nosotros no podemos detenernos, por el bien de nuestros países, y tendremos que activarlo todo lo que tengamos que activarlo.

El viaje a China se dio en un contexto geopolítico particular. ¿Dirías que estamos viviendo un momento histórico de inestabilidad global?

A mí me gusta decir “momento histórico” en positivo, no me gusta cuando hay tantas incertidumbres, tantas dudas... En un mundo de incertidumbres nosotros tenemos que buscar los escenarios de certidumbre que nos ayuden a tener mayor serenidad para nuestro país, y eso pasa por las estabilidades económicas, políticas, sociales, por lo tanto, lo comercial, por lo tanto, los escenarios de innovación, desarrollo tecnológico y científico. Por eso destaco también esa parte de la visita a China; es algo que nunca lo habíamos planteado con esta dimensión, con todos los acuerdos interacadémicos o interinstitucionales en esa dirección. Por supuesto que estamos con muchísimas preguntas y pocas respuestas. Eso ocurre en todo el mundo. Y quien diga lo contrario creo que no está diciendo la verdad. Por eso tenemos que avanzar paso a paso, con el máximo de nuestras potencialidades, para no quedar como un actor pasivo en este mundo en transformación dramática. Yo creo que Uruguay no es un actor pasivo. Yo creo que Uruguay, en su dimensión, es un actor activo. Y eso es bien importante, porque no estaba dicho tampoco en este año de gestión del presidente Orsi que nos solicitaran que tomáramos la presidencia de la Celac [Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños] o que nos solicitaran que tomáramos la presidencia del G77, ambas por consenso. Lograr un consenso de algo hoy, en este mundo polarizado, está bien difícil. A mediados del año sumamos la presidencia del Mercosur. Yo digo que este país y este presidente tienen la actitud de ayudar en lo que podamos ayudar para ayudarnos nosotros mismos. No es que nosotros estemos diciendo “vamos a ayudar al mundo”. No, estamos diciendo que debemos asumir responsabilidades para que podamos estar mejor en un mundo que tiene muchas preguntas y pocas respuestas, y que nadie solo puede afrontarlo. Por lo tanto, para nosotros, todos estos juegos de articulaciones, de integración subregional, de integración regional, de diálogo con el sur emergente, que es de un poder extraordinario, y de diálogo bilateral o multilateral con los grandes actores –desde Estados Unidos hasta la Unión Europea– son todos aspectos clave, y no solamente no menospreciamos ninguno, sino que hemos tratado de acelerar el diálogo con todos. El dato de la realidad es que Uruguay está con un prestigio muy alto; esa tradición uruguaya de tener capacidad de diálogo, de tener capacidad de equilibrio, de ser creíble, de tener una visión de sostenibilidad y de no estar enfrentado a nadie. Y eso no es porque somos neutros; nosotros no somos neutros, pero sí tenemos esta forma de actuar que si históricamente valió en la política de Estado, hoy tiene mucho más valor, en función de que los procesos de polarización están en una dimensión tremenda.

El canciller Mario Lubetkin.

El canciller Mario Lubetkin.

Foto: Alessandro Maradei

¿Está en la carpeta del gobierno una misión similar a la que se hizo a China a Estados Unidos?

Está en los planes del presidente, porque lo que él señaló es que quiere viajar en sus viajes bilaterales con empresarios y naturalmente con actores sociales, sindicatos, actores educativos, etcétera. Entonces, desde ese punto de vista, pensamos en Estados Unidos, pensamos en Japón, que invitaron al presidente, pensamos en India, cuyo primer ministro [Narendra] Modi lo invitó. Pensamos en los países del Golfo, de los cuales hemos recibido invitaciones... Simplemente que si es por las invitaciones que recibió, el presidente viviría más afuera que adentro. El presidente es el presidente de Uruguay y tiene que estar concentrado aquí. Iremos manejando estas visitas con este concepto; que vaya Uruguay como tal y que se estimule por todos los caminos posibles toda la parte económico-comercial.

“Amigos de Estados Unidos”

¿Qué explicaciones tiene el gobierno estadounidense sobre por qué se suspendieron las visas de inmigración para Uruguay?

La palabra no es suspensión, es colocar en pausa... No es exactamente lo mismo. No tenemos explicación.

¿No han recibido una respuesta?

No. Naturalmente, trabajamos intensamente con la Embajada de Estados Unidos aquí, nuestra embajada en Washington interactúa muy fuertemente con el Departamento de Estado, y además personalmente he tenido varias reuniones; en el momento que sucedía eso estaba reunido con el embajador de Estados Unidos en las Naciones Unidas... Pensamos que va a ser pasajero; yo soy optimista. Simplemente expreso nuestro desagrado por estar en una lista de ese tipo, pero si la analizás en profundidad, en esa lista de 75 países hay unos cuantos que trabajan muy estrechamente con Estados Unidos, por lo tanto, los códigos son bastante incomprensibles.

¿Qué hipótesis tenés?

Ninguna. Lo que digo son datos: estamos hablando de un centenar de visas sobre 32.000 visas. O sea, nada de lo esencial en la dinámica de la acción entre Uruguay y Estados Unidos se afectó por estar en esa lista; los empresarios siguen moviéndose normalmente, los estudiantes siguen moviéndose normalmente, los turistas siguen moviéndose normalmente, quienes están planificando ir al Mundial del Fútbol –porque ahí se generó un poquito de agitación– tienen toda la serenidad del mundo. ¿Quién se afecta? Esas familias de reencuentro que necesitaban las visas para tener la estabilidad del reencuentro. Ese es el sector afectado, y es una pena. Pero ese no es el funcionamiento país. Y en eso no hay movimiento. No estoy agradado, como dijo también el presidente; no es agradable estar, aunque sea una suspensión y lo estén reanalizando, y que en los próximos días o semanas redefinirán.

El ministro de Economía y Finanzas, Gabriel Oddone, dijo que no está claro si Estados Unidos nos considera en la lista de los “buenos” o de los “malos”.

No se trata de polemizar con ningún ministro, pero yo lo dije en el primer momento y lo repito: nosotros somos amigos de Estados Unidos y no cambia una coma para mí; no cambia en mi propio diálogo o en los diálogos del presidente Orsi.

¿El hecho de no recibir una respuesta, una explicación, no es una forma de desplante?

No la recibió ninguno de los 75. No solo nosotros.

¿Y no es un mensaje político?

No, no, no. Sobre todo, reitero, [porque hay] países que son muy sensibles para Estados Unidos en zonas muy importantes, en Medio Oriente, por ejemplo, que son figuras claves. Reitero, ni ha paralizado nada de lo esencial –a la luz de los números lo digo– ni afecta en nada, salvo en una señal que esperemos que se reacomode como se tiene que reacomodar. Estas cosas a veces exigen un poquito de tiempo, nada más.

¿Se está monitoreando la situación de los uruguayos en Estados Unidos a partir de las políticas que está aplicando el gobierno contra los inmigrantes? ¿Han recibido algún pedido de ayuda en la embajada de allá?

Sí, por supuesto. Hay una fluidez de residentes uruguayos en Estados Unidos, pero también lo más notable es que hay un número interesante de solicitudes de residentes latinoamericanos que están pensando en venirse a vivir aquí.

¿Uruguay ve con preocupación el ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas)?

Observamos, estamos monitoreando todo. Lo estamos monitoreando.

La condena al avance de Israel en Cisjordania

¿Qué opinión te merece la Junta de la Paz para Gaza que propuso Trump?

Como no nos invitaron, no nos pusimos ni a analizarlo. Si nos hubieran invitado, quizás nos poníamos a pensar.

Esta semana el gobierno de Israel dio señales de avanzar sobre Cisjordania. ¿Cómo ves esos movimientos?

Todo lo que sea aumentar la tensión en las zonas más sensibles como el Medio Oriente es malo, eso es muy malo. Nos generó esperanza cuando se detuvieron los ataques de Israel a Gaza. Nosotros teníamos –la comunidad internacional, no nosotros solamente– dos preocupaciones: parar la guerra y pasar a un proceso de distribución de la alimentación. No podemos decir que la guerra se paró, porque sigue habiendo ataques y sigue habiendo muertos. No en la dimensión anterior, pero no tenemos que estar contentos porque haya menos muertos: no tiene que haber muertos. Por lo tanto, todo eso es condenable. En cuanto a la distribución de alimentos, también eso ha mejorado un poco, pero no lo suficiente. Por lo tanto, se está en una transición demasiado frágil, que ojalá siga en un camino positivo, pero si además del tema de Gaza ahora se interactúa y se genera tensión en Cisjordania, eso es malo. Vamos por un mal camino. Eso no lo aceptamos.

¿El gobierno uruguayo podría emitir una declaración de condena sobre este tema?

No, pero lo está diciendo el ministro de Relaciones Exteriores: por ahí no se va. Pero no es que lo dice Uruguay, lo dice la comunidad internacional; lo que hay que hacer es bajar las tensiones y buscar los mecanismos de solución: dos estados, que es un aspecto fundamental en nuestra política exterior. Si no se va por ese camino, para nosotros no se va bien.

¿Se está alejando la solución de los dos estados hoy por hoy?

Lamentablemente, yo creo que sí. Y por eso la comunidad internacional tiene que redoblar su esfuerzo.

“Monitoreando permanentemente” la situación en Venezuela

¿Cómo estás viendo lo que está pasando entre Estados Unidos y Cuba?

Nosotros cuando lo de Venezuela dijimos que un aumento de las tensiones en el Caribe afecta en primer lugar al Caribe y a todos nosotros. Nosotros tenemos esa definición que hicieron los países de la Celac, que era que América Latina y el Caribe tiene que seguir siendo una región de paz y desnuclearizada. Está claro que aumentar la tensión en el Caribe va en el sentido contrario a eso. Por lo tanto, yo creo que es importante que los países de América Latina y el Caribe reflexionemos sobre dónde estamos, porque desde que se decidió esto han pasado varios años. Creo que el concepto básico es válido y que todos los países de América Latina y el Caribe se suman a esto. Pero hay que entenderlo en la nueva fase, en la cual hoy estabilidad y paz también tienen que ver con lucha contra el terrorismo, con lucha contra el narcotráfico, o sea, tienen otros componentes que se han agregado en este período y que van dentro del mismo concepto. Tener paz y tener estabilidad significa actuar para bajar todas las tensiones. Por suerte, hasta el momento todavía no hay ningún tipo de guerra y todavía podemos decir que nuestra región sigue siendo de paz y desnuclearizada, pero nadie garantiza nada. Ojalá que en el ámbito de la Celac podamos hacer algo en ese tema; creo que nos va a ayudar a todos.

¿La cancillería sigue atendiendo la situación en Venezuela?

Lo estamos monitoreando permanentemente, y ahora que tenemos consulado en Venezuela tenemos mayor acceso a información. Hay mucha confusión para entender hacia dónde se va. Porque si uno mira los códigos y las declaraciones, cuesta entender hacia dónde está yendo Venezuela. Los principios se mantienen tal cual: no reconocimos a [Nicolás] Maduro como presidente en las elecciones, pero al mismo tiempo queremos estabilidad y paz, y al mismo tiempo no queremos que haya mecanismos internacionales que violen la Carta de Naciones Unidas o el derecho internacional, con lo cual se decida que X queda y X sale. Eso tampoco. Eso genera una situación de inestabilidad demasiado grande en el mundo, no resuelve nada. Tiene que haber elecciones, alguien tiene que garantizar a nivel internacional y nacional la limpieza de esas elecciones, y alguien que tenga que ver con el estado –en general, para nosotros, la Corte Electoral– que diga: “Este es el ganador”. Ahí, sin duda, pasaríamos a otra fase completamente diferente.

La candidatura de Bachelet a la ONU

¿Qué opinión tiene Uruguay sobre la candidatura de Michelle Bachelet a la ONU?

Que es una excelente candidata, pero nuestro objetivo es tratar de garantizar que una latinoamericana o un latinoamericano sea el próximo o la próxima secretaria general de las Naciones Unidas. Tenemos que tener candidatos que tengan la perspectiva de acercarse a esa posición. Estamos todavía en un período muy anticipado en ese proceso, estamos hablando con todos, estamos escuchando los diferentes criterios, porque no está dicho que sea un latinoamericano o una latinoamericana. Sería una pena que, fruto de no tener el candidato y poder negociar lo mejor posible, finalmente nos quedemos nuevamente sin uno o una de nuestra región para asumir la responsabilidad más importante. Agrego el hecho de que tampoco podemos pensar que la o el candidato sean dioses que nos salvan la vida. Quien sea elegido o quien logre un escenario de consenso tiene que tener un fuertísimo respaldo de los países, porque la fragilidad del escenario internacional, la fragilidad de Naciones Unidas determina que si no sumamos fuerzas y capacidades, quien elijamos no va a tener mucha capacidad de acción, fruto de que las Naciones Unidas es la síntesis de los países, no es una cuestión que está fuera de la realidad.

¿Y tenés dudas sobre que Bachelet pueda tener ese respaldo?

Todavía estamos en el período inicial. Si es por cruce de opiniones, hay todos los cruces posibles. Además, yo creo que Uruguay también va a ser muy útil en función de que exactamente durante el proceso de elección vamos a estar en función de las tres presidencias [Celac, G77 y Mercosur]. Creo que todo lo que podamos ayudar desde esas tres presidencias va a ser más importante que decir “esta o este es nuestro candidato”; al menos el día de hoy. Veremos el desarrollo. Estos son procesos muy complicados, en los que se cruzan muchos intereses. Pongamos el caso de cuando se eligió al anterior secretario general de las Naciones Unidas: la idea era que fuera una candidata mujer del este europeo. No fue ni mujer ni del este europeo. Tuvimos una persona extraordinaria, pero la situación lo puso en una realidad de muy difícil manejo.