El fin de semana pasado, Estados Unidos e Israel bombardearon Irán y el país asiático respondió. Desde entonces, el conflicto se extendió a toda la región y está afectando al planeta entero.

Lo que ya se convirtió en una guerra ha cobrado miles de víctimas. El asesinato de más de 150 niñas iraníes mientras estaban en clase permanecerá como un símbolo de los crímenes que se están llevando a cabo en la zona. En Líbano, en tanto, medio millón de personas son obligadas a abandonar sus hogares ante la ofensiva israelí sobre Beirut.

No se conocen todavía los motivos explícitos de Estados Unidos para bombardear Irán –ni hablar de los implícitos–, ya que las explicaciones de sus autoridades varían día a día: algunos hablan de detener el programa nuclear iraní, otros de acelerar el cambio de gobierno en Teherán –se mató al líder religioso y político de Irán–; otros, de una maniobra forzada por decisiones de Israel.

La opinión pública estadounidense, por su parte, es mayoritariamente contraria a un conflicto que no solo contradice las promesas electorales antibelicistas de Trump en 2016 y en 2024, sino que además no fue debidamente explicado a una ciudadanía que, entre otras cosas, no tolera las bajas de militares compatriotas.

No son mayoría los países que denuncian la ruptura del derecho internacional que supuso el ataque de Estados Unidos e Israel; en nuestra región, se destaca la posición de Brasil y México. En Europa, primaron la condena a la respuesta iraní y la disposición a no contrariar a Donald Trump; en ese contexto, se despega la actitud del gobierno de España, que declaró su oposición a la guerra y se niega a prestar sus bases militares a las fuerzas atacantes, a pesar de las amenazas económicas de Estados Unidos.

El oro nuestro

Mientras en todas partes sube el precio de los combustibles como consecuencia del bloqueo iraní a la salida de petróleo del golfo Pérsico, en nuestro país comienza la búsqueda de petróleo en la plataforma marítima, y se volvió a activar la protesta ambientalista.

La buena noticia es que el nuevo sistema de transporte de la zona metropolitana, confirmado por el presidente Orsi en su discurso ante el Legislativo, será 100% eléctrico. No se sabe todavía si habrá un túnel para ómnibus bajo 18 de Julio –que en mi opinión tendría todas las desventajas y casi ninguna de las ventajas de instalar un tren subterráneo–, pero la discusión pública sobre la reforma del transporte gana volumen.

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