Hasta el viernes 2, parecía obvio que este resumen iba a estar centrado en las notas de balance del año que predominaron en nuestras ediciones de la semana, pero en la mañana del sábado, apenas el tercer día de 2026, un grave acto imperialista de Estados Unidos en Venezuela impuso un cambio de prioridades. Las fuerzas armadas estadounidenses bombardearon varias ciudades venezolanas y secuestraron al gobernante de ese país, Nicolás Maduro, junto con su esposa Cilia Flores, para llevarlo a juicio en Nueva York por presuntos actos de narcotráfico y terrorismo. El balance fue desplazado por las perspectivas, que son alarmantes.

El presidente Donald Trump anunció pocas horas después que su gobierno “se hará cargo” de Venezuela “hasta que llegue el momento de hacer una transición”, mientras las compañías petroleras de su país “ganan dinero” con los recursos naturales venezolanos, que “el dominio de Estados Unidos en el hemisferio occidental no volverá a ser cuestionado”, y que “esta operación extremadamente exitosa debe servir de aviso a cualquiera que amenace la soberanía estadounidense”.

El mismo sábado hubo numerosas declaraciones de gobiernos y otras organizaciones sobre este acontecimiento, que fue repudiado por una movilización en Montevideo, pero está claro que lo central es el futuro, ahora que el gobierno estadounidense agregó a su escalada intervencionista mundial un zarpazo en nuestra región que la amenaza sin disimulo.

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